Mayores
Identifican dos biomarcadores que alertan del riesgo de discapacidad en personas muy mayores
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Una investigación de la Universidad de Keio (Japón) ha identificado dos proteínas presentes en la sangre que podrían ayudar a detectar con años de antelación qué personas mayores de 85 años tienen más riesgo de perder autonomía y desarrollar discapacidad.
El estudio, recién difundido por la universidad japonesa y publicado en la revista 'GeroScience', apunta a la beta-2-microglobulina y la cistatina C como posibles señales tempranas de vulnerabilidad en edades avanzadas. Así, un análisis de sangre podría convertirse en una herramienta para anticipar la pérdida de autonomía en las personas de edad más avanzada, un hallazgo que abre la puerta a "detectar de forma precoz a quienes podrían necesitar medidas preventivas para mantener su independencia".
El estudio, realizado en colaboración con el Instituto Nacional sobre el Envejecimiento de Estados Unidos (NIA-NIH), responde a una de las principales preocupaciones de las sociedades envejecidas: cómo identificar a las personas con mayor riesgo de dependencia antes de que aparezcan las limitaciones funcionales.
Los investigadores analizaron muestras de sangre de 230 personas de entre 85 y 89 años que no presentaban discapacidad al inicio del seguimiento. Tras estudiar 29 proteínas plasmáticas y monitorizar a los participantes durante aproximadamente cuatro años y medio, comprobaron que niveles elevados de beta-2-microglobulina (B2M) y cistatina C se asociaban de forma consistente con una mayor probabilidad de desarrollar discapacidad.
Según los autores, estas proteínas reflejan procesos vinculados al envejecimiento, como la inflamación crónica y el deterioro de la función renal, factores que podrían contribuir al declive físico y funcional de las personas mayores.
RESULTADOS COMPROBADOS
Para comprobar la solidez de los resultados, el equipo validó posteriormente los hallazgos en el estudio italiano InChianti, una de las cohortes más reconocidas sobre envejecimiento en Europa. Allí observaron la misma tendencia: las personas con niveles más altos de estos biomarcadores presentaban un mayor riesgo de discapacidad, especialmente a partir de los 80 años.
La investigación fue liderada por Yusuke Osawa, de la Escuela de Posgrado de Gestión de la Salud de la Universidad de Keio, junto a Yasumichi Arai y Luigi Ferrucci, director científico de la División de Gerontología Traslacional del Instituto Nacional sobre el Envejecimiento de Estados Unidos.
“Dado que la beta-2-microglobulina (B2M) y la cistatina C ya pueden medirse mediante pruebas clínicas habituales, tienen el potencial de convertirse en herramientas prácticas para identificar a las personas mayores que podrían beneficiarse de medidas preventivas”, afirmó el doctor Osawa.
“Nuestros hallazgos sugieren que preservar un envejecimiento saludable requiere prestar atención no solo a las enfermedades, sino también a los procesos biológicos que preceden a la discapacidad”, explicó el profesor Arai. “Identificar antes a las personas con mayor riesgo podría abrir oportunidades para aplicar intervenciones oportunas, como ejercicio físico, apoyo nutricional y rehabilitación, antes de que se produzca un deterioro irreversible", añadió.
Los autores consideraron que "estos biomarcadores podrían complementar en el futuro las evaluaciones médicas convencionales y ayudar a identificar antes a las personas más vulnerables", facilitando intervenciones dirigidas a retrasar la dependencia mediante ejercicio físico, rehabilitación o programas de prevención.
(SERVIMEDIA)
23 Ago 2026
EDU/pai
