Clima
El Atlántico transportó agua cálida de los trópicos al norte en la última edad de hielo
- Sus corrientes se mantuvieron hace entre 19.000 y 23.000 años, según un estudio
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El poderoso sistema de corrientes del océano Atlántico permaneció activo y continúo transportando agua cálida y salada desde los trópicos hasta el norte durante la última edad de hielo, pese a la extensa cubierta helada en gran parte del hemisferio norte.
Esa es la conclusión de una nueva investigación dirigida por científicos de la University College de Londres (Reino Unido) y publicada este miércoles en la revista ‘Nature’.
Los hallazgos muestran que, a pesar de que la Tierra se encontraba en una edad de hielo hace entre 19.000 y 23.000 años, parte del interior del océano conocida como Aguas Profundas del Atlántico Norte (APN) era solo unos 1,8 grados más fría que en la actualidad, lejos de las condiciones cercanas al punto de congelación que se suponían anteriormente.
Además, las APN ocupaban un rango de profundidad similar al actual, extendiéndose entre aproximadamente uno y cuatro kilómetros por debajo de la superficie.
“MOTOR CLIMÁTICO”
Esto contradice la opinión predominante de que en el punto álgido de la última glaciación el Último Máximo Glacial- la circulación atlántica era más débil y las APN eran más frías y se limitaban a profundidades menores.
“Nos sorprendió descubrir que las profundidades del Atlántico se mantuvieron relativamente cálidas y saladas durante uno de los periodos más fríos de la Tierra”, apunta Jack Wharton, de la Facultad de Geografía de la University College de Londres.
Wharton añade: “El sistema de circulación oceánica se mantuvo activo incluso en condiciones extremas, lo cual es crucial para comprender cómo funciona nuestro motor climático”.
“Los mismos modelos climáticos que predijeron correctamente este comportamiento en el pasado también advierten que estas corrientes son vulnerables a debilitarse a medida que el planeta se calienta, lo que podría tener consecuencias drásticas para el clima futuro”, indica.
OCÉANO ANTIGUO
Para reconstruir las condiciones del Atlántico profundo durante el Último Máximo Glacial, hace entre 19.000 y 23.000 años, los investigadores analizaron diminutas conchas fósiles preservadas en el lodo del fondo oceánico.
Estos microfósiles, conocidos como foraminíferos, registran la temperatura y la salinidad del agua marina en la que vivieron. El equipo estudió lodo recolectado en yacimientos costeros de Bahamas, Bermudas, Carolina del Sur e Islandia, a profundidades de entre 1,5 y 5 kilómetros.
Con el análisis de las señales químicas contenidas en estas conchas fósiles, el equipo estimó la temperatura y la salinidad de las profundidades oceánicas durante la vida de los organismos.
Estas aguas también presentaban una huella química distintiva que las vinculaba con las aguas superficiales originarias de los mares subtropicales y nórdicos, lo que indica que el transporte de calor a gran escala a través del océano continuó durante este periodo.
“Los microfósiles recuperados del fondo oceánico muestran que las aguas profundas del Atlántico Norte estaban lejos de congelarse durante la última glaciación. Al examinar ubicaciones a lo largo del Atlántico Norte, podemos demostrar que las aguas superficiales cálidas y saladas continuaron hundiéndose y formando aguas profundas del Atlántico Norte que alcanzaron profundidades similares a las actuales”, según David Thornalley, también de la Facultad de Geografía de la University College de Londres.
CINTA TRANSPORTADORA
Las temperaturas oceánicas más cálidas de la edad de hielo que indican estos microfósiles reflejan lo que los modelos climáticos habían predicho previamente, lo que refuerza su credibilidad.
Sin embargo, también respalda otra predicción de estos modelos: que el cambio climático debilitará las corrientes en el futuro, lo que enfriará significativamente Europa y el norte de África y alterará los patrones climáticos.
Las corrientes oceánicas que recorren el océano Atlántico, conocidas colectivamente como Circulación Meridional Atlántica (CMA), desempeñan un papel fundamental en la regulación del clima terrestre.
La CMA actúa como una cinta transportadora, transportando el calor hacia el norte desde los trópicos y contribuyendo a mantener la temperatura en Europa. A medida que las aguas superficiales se enfrían en el Atlántico Norte, se hunden y regresan hacia el sur a través de las profundidades oceánicas, formando las aguas profundas del Atlántico Norte.
CAMBIO CLIMÁTICO FUTURO
Los modelos climáticos predicen que, a medida que la superficie del Atlántico Norte se calienta, estas aguas se vuelven menos densas y menos capaces de hundirse para formar aguas profundas, lo que reduce la intensidad de la CMA. Sin este mecanismo de transporte, el calor de los trópicos no llegará a Europa ni al norte de África, lo que enfriará drásticamente sus climas.
“Esta investigación nos ayuda a comprender mejor los mecanismos que impulsan la circulación oceánica y mejora nuestra capacidad para predecir el cambio climático futuro”, sentencia Mark Maslin, de la Facultad de Geografía de la University College de Londres.
Maslin subraya: “Muchos de nuestros mejores modelos climáticos indican que es probable que la circulación atlántica se debilite debido al tipo de calentamiento que probablemente enfrentaremos en las próximas décadas; esto tendría un impacto tremendo y desestabilizador en el clima de Europa y el norte de África”.
(SERVIMEDIA)
21 Ene 2026
MGR/clc


