Ecología forestal
Los bosques fragmentados pueden albergar más riqueza de plantas especialistas si están bien conectados
- La Complutense cuestiona un dogma ecológico al demostrar que dividir el hábitat no siempre perjudica a las especies vegetales propias de ambientes forestales concretos
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Los bosques fragmentados en varias parcelas pequeñas pueden albergar más riqueza de plantas especialistas si esas manchas forestales están bien conectadas entre sí, según un estudio liderado por la Universidad Complutense de Madrid (UCM), que cuestiona la idea de que la fragmentación del hábitat perjudica siempre a las especies vegetales más especializadas y con menor capacidad de dispersión.
El trabajo, publicado en 'Journal of Ecology', se llevó a cabo en 1.536 parcelas de 97 bosques de frondosas distribuidos por toda Gran Bretaña, con datos de vegetación recogidos entre 2020 y 2022. La investigación contó también con la participación del UK Centre for Ecology & Hydrology (Reino Unido) y la Universidad de Carleton (Canadá).
Según informó la UCM, los resultados muestran que las plantas especialistas pueden responder de forma positiva a la fragmentación a escala de paisaje. Es decir, varios fragmentos forestales pequeños y bien conectados pueden albergar una riqueza de especies comparable o incluso superior a la de una única gran mancha de bosque con una superficie equivalente.
Las plantas especialistas son especies vegetales adaptadas a condiciones ambientales muy concretas, por lo que dependen más de la calidad y la conexión de sus hábitats que aquellas capaces de crecer en ambientes muy distintos.
La investigadora del Departamento de Biodiversidad, Ecología y Evolución de la UCM Cristina Herrero-Jáuregui explicó que “paisajes con varias parcelas pequeñas bien conectadas pueden albergar una riqueza de especialistas comparable o incluso superior a la de paisajes dominados por una única gran mancha forestal de superficie equivalente”, siempre que las distancias entre parcelas sean lo suficientemente cortas para permitir la dispersión.
El estudio no defiende que cualquier fragmentación sea positiva, sino que matiza una premisa clásica de la ecología de la conservación. La clave no estaría solo en la cantidad total de bosque, sino también en cómo se distribuye ese bosque en el territorio, qué distancia existe entre los fragmentos y qué posibilidades reales tienen las especies para moverse entre ellos.
Los autores advirtieron de que las políticas centradas únicamente en aumentar la superficie forestal pueden no ser suficientes para conservar la diversidad de plantas especialistas: "La configuración espacial del hábitat, la conectividad entre parcelas y las características internas de cada fragmento también influyen en la riqueza vegetal".
EFECTO BORDE
El trabajo aborda además el llamado efecto borde, es decir, los cambios que se producen en las zonas de transición entre el bosque y el entorno abierto. Aunque algunas especies muestran menor abundancia cerca de los bordes de las parcelas, los investigadores señalaron que "ese efecto negativo local no puede extrapolarse automáticamente al conjunto del paisaje".
Según el estudio, procesos que actúan a mayor escala, como la heterogeneidad ambiental entre parcelas o la distribución asincrónica del riesgo de extinción, pueden contrarrestar e incluso superar los efectos negativos observados en los bordes. Además, el tamaño de la parcela focal y la variedad microambiental dentro de cada parcela también aumentan la riqueza de especies.
Herrero-Jáuregui añadió que el pH del suelo emerge como el predictor directo más fuerte entre todas las variables analizadas. Para separar los efectos de factores que operan a distintas escalas (paisaje, parcela y microhábitat), el equipo empleó Modelos de Ecuaciones Estructurales con componente espacial.
Los bosques analizados forman parte de un seguimiento histórico iniciado en 1971, lo que aporta un marco temporal excepcional para estudiar cómo responden las comunidades vegetales a los cambios en el paisaje. En cada uno de los 97 bosques se establecieron 16 parcelas de 200 metros cuadrados, hasta sumar las 1.536 unidades de muestreo.
La investigadora de la UCM sostuvo que este trabajo abre “una pregunta incómoda” para la ecología del paisaje: ¿Cuántos modelos de conservación se han construido sobre extrapolaciones de escala que no han sido validadas de forma adecuada?
SETOS, RIBERAS Y PRADOS
El estudio deja abierta, además, una cuestión clave para trasladar los resultados a la gestión ambiental: qué hay entre los parches de bosque. No es lo mismo, según los autores, un paisaje con parcelas pequeñas rodeadas de agricultura intensiva que otro en el que esos fragmentos estén conectados por setos antiguos, riberas arboladas o prados seminaturales.
Por ello, Herrero-Jáuregui concluyó que entender cómo la calidad de "esa matriz que rodea y conecta los fragmentos forestales modula los efectos de la fragmentación será, probablemente, el siguiente gran reto para convertir estos resultados en recomendaciones reales de gestión".
(SERVIMEDIA)
08 Jun 2026
EDU/clc


