Sismología
Canarias mantiene bajo vigilancia las emisiones de CO2 en La Palma y Tenerife, pero sin señales de aceleración eruptiva
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La vigilancia volcánica en Canarias mantiene el foco en las "emisiones difusas de dióxido de carbono" en La Palma y Tenerife, dos islas con situaciones distintas pero sometidas a seguimiento instrumental continuo. En La Palma, el semáforo volcánico del Pevolca continúa en amarillo, lo que implica atención a las comunicaciones de Protección Civil, mientras que en Tenerife permanece en verde, con actividad normal, según los últimos informes gráficos de Involcán.
Ambos documentos técnicos incluyen entre los parámetros de seguimiento el flujo difuso de CO2, la energía sísmica liberada y los desplazamientos verticales del terreno. El CO2 se mantiene como una de las señales geoquímicas más relevantes en la vigilancia post-eruptiva de La Palma, especialmente por su capacidad para acumularse en zonas bajas, espacios cerrados o mal ventilados sin que sea perceptible a simple vista.
El Gobierno de Canarias ya advirtió, en el marco del Plan Especial de Protección Civil y Atención de Emergencias por Riesgo Volcánico (Pevolca), de que "las emanaciones difusas de CO2 pueden representar un peligro para las personas cuando se registran valores altos en zonas poco ventiladas o a menos de un metro del suelo, por el riesgo de acumulación de dióxido de carbono y descenso del oxígeno".
En el caso de La Palma, el seguimiento se concentra desde hace años en el entorno de Puerto Naos y La Bombilla, donde la presencia de gases tóxicos condicionó la habitabilidad y los accesos tras la erupción de Tajogaite. No obstante, los últimos informes mantienen la lectura de prudencia: La Palma sigue en amarillo, pero no hay elementos que apunten por sí solos a una aceleración eruptiva, sino "a la persistencia de parámetros geoquímicos que aún requieren vigilancia después de la erupción de 2021".
NORMALIDAD EN TENERIFE
En Tenerife, la lectura es distinta. La isla permanece en verde, por lo que la población puede desarrollar sus actividades con normalidad, pero el seguimiento del CO2 se interpreta dentro de un proceso de fondo del sistema volcánico-hidrotermal. Es decir, no se trata de una emergencia abierta, sino de "una señal que debe observarse junto a otros indicadores, como la sismicidad, la deformación del terreno o la evolución de los gases".
El dato clave es que el CO2, por sí solo, no equivale a una erupción próxima. Su importancia radica en que permite detectar cambios en la desgasificación del sistema volcánico, pero una señal preocupante exigiría una evolución conjunta con otros parámetros, especialmente un aumento sostenido de la sismicidad, deformaciones significativas del terreno o cambios bruscos en la composición de los gases, según los científicos de Involcan.
En el aspecto sismo-volcáNico y según la relación de últimos terremotos del Instituto Geográfico Nacional consultada este lunes por Servimedia, durante el fin de semana se registraron varios sismos de baja magnitud en Canarias. El pasado sábado constan dos terremotos en la zona denominada Atlántico-Canarias, en el fondo submarino, de magnitud 2,2 y 1,9 mbLg. Ayer domingo se registraron otros cuatro eventos menores: uno de magnitud 1,1 al sureste de Granadilla de Abona, correspondiente al complejo Teide-Pico Viejo (Tenerife), otro de 0,6 al sur de La Guancha, uno de 2,0 en el Atlántico-Canarias y otro de 0,8 al noroeste de Vilaflor de Chasna.
Aunque alguno llegó a magnitud 2, no se registraron avisos de temblores sentidos por la población.
El seguimiento científico de la actividad volcánica en Tenerife cuenta además con comunicaciones recientes presentadas en la Asamblea General de la European Geosciences Union, celebrada en Viena, que abundan en la evolución del sistema volcánico de la isla desde 2016. Una de ellas, firmada por investigadores vinculados a Involcán, analiza la vigilancia a largo plazo de las emisiones difusas anómalas de CO2 y H2S en el cráter del Teide.
El trabajo apunta a un aumento sostenido de las emisiones desde 2016, una tendencia que se mantiene hasta la actualidad. Según esta comunicación científica, desde 2021 ya no se observan valores bajos de emisión, mientras que en septiembre de 2023 se alcanzó el máximo de la serie, con 1.257 toneladas diarias de CO2.
La comunicación también destaca que el sulfuro de hidrógeno presenta un comportamiento casi sincrónico con el dióxido de carbono y que el aumento de estos gases coincide con un incremento de la sismicidad, especialmente desde 2016. Los autores interpretan esta evolución como una señal relevante para el seguimiento del proceso de ‘unrest’ volcánico, aunque "no como un indicador aislado de erupción inminente".
En la misma reunión científica se presentó otra comunicación sobre la sismicidad de Tenerife, firmada por Rubén García-Hernández, Luca D’Auria y otros investigadores de Involcan e ITER, centrada en la variabilidad del denominado parámetro b, una herramienta utilizada para analizar la distribución de magnitudes de los terremotos y el estado de esfuerzos del sistema volcánico.
CONTEXTO TECTÓNICO VOLCÁNICO EN EVOLUCIÓN
Este segundo trabajo parte de que Tenerife es una isla volcánica activa en la que la sismicidad baja o moderada ofrece una de las principales ventanas para observar la evolución del sistema hidrotermal y volcánico. Según sus autores, desde 2016 se aprecian cambios pequeños pero persistentes en la tasa y en la distribución espacial de los terremotos locales, en un contexto volcánico-tectónico en evolución.
Estas comunicaciones refuerzan la idea de que Tenerife mantiene señales científicas de actividad de fondo que "justifican una vigilancia estrecha, especialmente por la evolución conjunta de gases y sismicidad desde 2016". No obstante, los trabajos se sitúan en el ámbito del seguimiento científico y no describen, por sí solos, un escenario de erupción próxima.
(SERVIMEDIA)
08 Jun 2026
EDU/clc


