Microbiología marina
Descubierto en Cádiz un ecosistema microbiano que actúa como filtro natural que frena las emisiones de metano
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Un hallazgo internacional con la participación del Museo Nacional de Ciencias Naturales describió una comunidad microbiana "extremadamente simple", formada por solo siete microorganismos, capaz de consumir el metano en el subsuelo marino antes de que ascienda hacia el océano y luego a la atmósfera, actuando como un filtro natural, "tan pequeño como eficiente", frente a uno de los gases con mayor impacto en el calentamiento global.
Así lo comunicó este miércoles el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que indicó que este ecosistema, identificado en una zona volcánica submarina del golfo de Cádiz, funciona como "una barrera biológica que intercepta el metano en profundidad y lo transforma antes de que pueda liberarse al océano y, posteriormente, a la atmósfera".
Se trata de una comunidad mínima, pero altamente especializada, cuya capacidad para actuar como “sumidero” natural abre nuevas vías de investigación sobre el papel de los microorganismos en la regulación del clima y como mecanismo para reducir la liberación de este gas de efecto invernadero. Este biofilm fue identificado a 9,6 metros de profundidad, en el volcán de fango Ginsburg. La relevancia de este hallazgo, en el que participan el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC), el Instituto de Ciencias del Mar (ICM), ambos del CSIC, el Instituto Max Planck de Microbiología Marina y la Universidad de Bremen, es "crucial ya que el efecto invernadero que produce el metano es casi 30 veces mayor que el del CO2".
El estudio fue liderado por el MNCN-CSIC y permitió caracterizar con precisión esta comunidad microbiana única, "compuesta por un número muy reducido de especies que cooperan entre sí para llevar a cabo la oxidación del metano en condiciones extremas del subsuelo marino". Los resultados fueron publicados en 'Isme Communications', revista científica internacional de la Universidad de Oxford (Inglaterra), lo que refuerza su relevancia en el ámbito de la microbiología marina y el estudio del cambio climático.
En la zona de estudio, hay una fractura del sedimento rellena de una biopelícula marrón oscuro formado por solo siete tipos distintos de microorganismos. Más del 60% de la comunidad microbiana está formada por una arquea que se alimenta de metano. “Habitualmente los ecosistemas microbianos son extremadamente diversos y complejos, por eso resulta sorprendente encontrar uno tan mínimo y a la vez tan activo en el subsuelo marino”, explicó el investigador del MNCN Rafael Laso‑Pérez. “Nuestros hallazgos indican que esta biopelícula funciona como una trinchera microbiana que intercepta el metano antes de que alcance el océano”, añadió.
VISIBLE AL OJO HUMANO
“Lo extraordinario en este caso es que formen una biopelícula visible al ojo humano, algo que se ha descubierto en contadas ocasiones. Además, hemos podido describir una nueva bacteria, Seep‑SRB1c, que probablemente actúa como pareja metabólica de ANME‑1b. La arquea oxida el metano antes de que emerja al subsuelo marino produciendo un intercambio metabólico con la bacteria que utiliza el sulfato para respirar", precisó Laso‑Pérez.
Los investigadores recalcaron que este tipo de ecosistemas desempeña un papel clave en el control de las emisiones de metano, un gas con un potencial de calentamiento global muy superior al del dióxido de carbono (CO2) a corto plazo. Comprender cómo funcionan estas comunidades microbianas "permite avanzar en el diseño de estrategias basadas en procesos naturales para mitigar el impacto de este gas".
“Estamos ante un sistema extraordinariamente eficiente pese a su simplicidad”, subrayaron los expertos, quienes destacaron que la interacción entre estos siete microorganismos permite llevar a cabo un proceso biogeoquímico complejo que, hasta ahora, se asociaba a comunidades mucho más diversas. Esta cooperación metabólica convierte al ecosistema en "un modelo clave para estudiar la eliminación natural de metano en el medio marino".
EFICIENTE RED ECOLÓGICA
“Estas biopelículas son auténticas factorías de reciclaje. Cada compuesto liberado en la descomposición del metano es aprovechado por otros microorganismos, creando una red ecológica muy eficiente a partir de muy pocos integrantes”, explicó Cleopatra Collado, del MNC. La cercanía entre organismos puede originar procesos evolutivos como intercambios horizontales de genes. “Esto abre una nueva vía para entender cómo se organizan estas comunidades y cuáles son sus procesos evolutivos” añadió Pedro Romero-Tena, también del MNCN.
Además, el trabajo aporta nuevas evidencias sobre la capacidad de los microorganismos para adaptarse a entornos extremos y desempeñar funciones esenciales en los ciclos globales de los elementos. Los autores apuntaron que estos hallazgos podrían contribuir a desarrollar soluciones innovadoras basadas en la naturaleza para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.
“Comprender estos sistemas es fundamental si queremos aprovechar su potencial en la lucha contra el cambio climático”. “El trabajo pone de manifiesto el potencial que tiene la investigación de los márgenes de los volcanes de fango como zonas de especial interés para el estudio de ecosistemas microbianos y su papel en los ciclos del metano", un gas con enorme capacidad de acelerar el cambo climático, explicó Gunter Wegner, del Instituto Max Planck. Hasta ahora se asumía que la mayor actividad microbiana ocurría en sus cumbres, pero este estudio demuestra que las fracturas periféricas, donde confluyen fluidos ricos en metano y aguas cargadas de sulfato, albergan comunidades de microbios 'devoradores de metano' muy activas.
(SERVIMEDIA)
22 Abr 2026
EDU/clc


