Botánica
Descubren cómo las plantas deciden ahorrar agua o activar su defensa extrema frente a sequías
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Un equipo del Instituto de Química Física Blas Cabrera (IQF-CSIC) ha desvelado cómo las plantas “deciden” ajustar su respuesta ante la falta de agua, activando mecanismos de defensa más o menos intensos en función del nivel de sequía gracias a un sistema molecular que actúa como un interruptor regulador.
El estudio, que contó con la participación del Instituto de Biología Molecular y Celular de Plantas (IBMCP, CSIC-UPV), identificó el mecanismo molecular que permite a las plantas ajustar su sensibilidad y respuesta a la falta de agua. Se trata del ‘código molecular’ mínimo que permite a las plantas percibir la hormona del estrés hídrico, el ácido abscísico (ABA), y modular su respuesta frente a la escasez de agua.
Este mecanismo funciona como un interruptor que determina si debe activarse o no la respuesta de defensa, pero también como un regulador de precisión. De este modo, las plantas pueden ajustar la intensidad de su reacción, desde una respuesta leve orientada al ahorro de agua hasta una activación inmediata de mecanismos de supervivencia en situaciones de sequía extrema.
El investigador del IQF-CSIC y responsable del estudio, Armando Albert, explicó que el trabajo desvela "cómo las plantas han ajustado evolutivamente su capacidad para percibir esta hormona”, lo que les permite adaptarse a condiciones ambientales cambiantes. Las plantas se han adaptado a entornos cambiantes durante más de 450 millones de años, desde su transición desde el medio acuático a la vida terrestre. A lo largo de este proceso evolutivo, desarrollaron sofisticados mecanismos para hacer frente a la escasez de agua, uno de los principales factores que limita la supervivencia vegetal y la productividad agrícola.
CULTIVOS VULNERABLES
Posteriormente, este proceso natural fue modulado por el ser humano con el inicio de la agricultura, hace unos 10.000 años, cuando las especies cultivadas fueron seleccionadas por su mayor rendimiento. Sin embargo, esta selección introdujo un compromiso fundamental: “Una mayor productividad suele ir asociada a un mayor consumo de agua, lo que hace que los cultivos sean más vulnerables a la sequía”, aclaró Albert.
Los científicos destacan que este avance permite comprender mejor cómo funcionan los receptores que detectan el ABA, una hormona clave en la regulación del equilibrio hídrico de las plantas. Estos receptores actúan como sensores capaces de traducir la señal química en una respuesta fisiológica adaptada al entorno.
Además, el hallazgo tiene implicaciones relevantes en un contexto de cambio climático, donde los episodios de sequía son cada vez más frecuentes e intensos. Entender estos mecanismos abre la puerta al desarrollo de cultivos más resistentes a la falta de agua, con potencial impacto en la agricultura y la seguridad alimentaria.
(SERVIMEDIA)
14 Abr 2026
EDU/gja


