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El estrés laboral, la epidemia silenciosa

MADRID
SERVIMEDIA

El estrés laboral ha estado siempre presente en el entorno de trabajo, pero en los últimos años ha ido a más, tanto en intensidad como en alcance, impulsado por las nuevas formas de organizar el trabajo y los cambios en las relaciones sociolaborales. Según el informe OSH Pulse 2025 de la Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo (EU-OSHA), el 40% de los trabajadores en España señala su puesto como la principal fuente de estrés, ansiedad o depresión.

Expertos indican que a menudo pasa desapercibido hasta que ya está instalado, y entonces empieza a notarse. Afecta a trabajadores de todos los sectores y, sin hacer demasiado ruido, termina pasando factura. No solo en la salud mental, con trastornos como la ansiedad o la depresión, sino también en el día a día del trabajo: más absentismo, menos rendimiento y una productividad que se resiente. La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula, de hecho, que en el mundo se pierden unos 12.000 millones de días laborables al año por depresión y ansiedad.

Detrás del estrés laboral hay muchos factores. El Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST) apunta algunos bastante claros: la falta de control sobre lo que se hace, la monotonía, los plazos ajustados, trabajar a toda velocidad, la exposición a situaciones de violencia o unas condiciones laborales físicamente peligrosas.

Las transformaciones recientes del mercado laboral también han contribuido a intensificar el estrés laboral. La digitalización, la hiperconectividad, el teletrabajo mal gestionado y la creciente incertidumbre económica han difuminado los límites entre la vida laboral y personal. Como consecuencia, muchas personas encuentran cada vez más difícil desconectar del trabajo y recuperar el equilibrio emocional necesario para mantener una buena calidad de vida.

Uno de los mayores problemas es la normalización del estrés laboral. Con frecuencia, se asume que el estrés en el trabajo es inevitable y que, salvo que derive en un trastorno de salud mental diagnosticable, no merece una atención especial. Como resultado, muchos trabajadores tienden a ignorarlo y a considerarlo una parte inherente de su vida profesional.

A pesar de ello, este planteamiento pasa por alto un aspecto fundamental: una persona pasa al menos ocho horas al día, cinco días a la semana, en su entorno laboral. Esto representan como mínimo la mitad del tiempo del día, cinco días de cada siete. En otras palabras, una proporción muy significativa de la vida cotidiana transcurre bajo condiciones de estrés. Evidentemente, mantener de forma sostenida unas 40 horas semanales de estrés no es saludable, ni para la salud mental ni para la física.

El estrés laboral no aparece de un día para otro, pero sí se cuela poco a poco si no se le presta atención. Y aquí la prevención marca la diferencia. Especialistas en este ámbito consideran que las empresas pueden hacer más de lo que a veces se reconoce: desde organizar mejor las cargas de trabajo hasta mantener una comunicación clara, directa, sin ambigüedades. Parece básico, pero no siempre ocurre. También pesa, mucho, cómo se entiende el descanso: desconectar no debería sentirse como una excepción, sino como parte normal del trabajo. A esto se suman otras piezas que ayudan: apoyo psicológico, formación en gestión emocional y un liderazgo más cercano, más humano.

Del otro lado están los trabajadores. Dormir bien cuando se puede, hacer ejercicio regularmente, llevar una alimentación saludable, pasar tiempo con amigos y familiares, y desconectar de lo digital. Algunos recurren a suplementos naturales y recurren a una selección de productos CBD, aunque no es una solución en sí misma. Y, sobre todo, una cosa sencilla pero clave: detectar las señales a tiempo y buscar ayuda cuando sea necesario.

(SERVIMEDIA)
09 Jun 2026
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