Teide

Un estudio del CSIC sitúa a Tenerife como laboratorio para anticipar riesgos volcánicos, sísmicos e hidrológicos

- Recopila más de 500 años de episodios naturales en la isla y advierte de que los riesgos deben analizarse como fenómenos que pueden interactuar entre sí

MADRID
SERVIMEDIA

Tenerife reúne una combinación de amenazas volcánicas, sísmicas, hidrológicas y geológicas que la convierten en un territorio clave para anticipar mejor los riesgos naturales en islas densamente pobladas, según un estudio del CSIC que reconstruye más de 500 años de erupciones, terremotos, inundaciones, tsunamis y desprendimientos para mejorar la prevención, la planificación y la gestión de emergencias.

Tenerife no solo es una isla volcánica activa, sino un territorio expuesto a una combinación compleja de amenazas naturales que obliga a mirar más allá de cada fenómeno por separado. Un estudio publicado en la revista científica 'Earth System Science Data' presenta un conjunto de datos multiamenaza que reconstruye más de 500 años de episodios volcánicos, sísmicos, hidrológicos y geológicos en la isla, con el objetivo de mejorar la prevención, la planificación y la gestión del riesgo.

El trabajo, firmado por Marta López-Saavedra, Joan Martí y Marc Martínez-Sepúlveda, del Institute of Environmental Assessment and Water Research (IDAEA-CSIC), plantea Tenerife como caso de estudio para desarrollar una metodología aplicable a otros territorios sometidos a riesgos naturales múltiples. La idea de fondo es clara: en islas volcánicas densamente pobladas, la gestión de emergencias no puede depender solo de modelos reactivos, sino de sistemas capaces de anticipar escenarios complejos a partir de registros históricos, datos instrumentales y análisis territorial.

El artículo recuerda que Tenerife está expuesta a peligros volcánicos como coladas de lava, caída de cenizas, explosiones, corrientes piroclásticas, terremotos y emisiones de gases. A ellos se suman otros riesgos naturales, como inundaciones, avenidas en barrancos, desprendimientos, deslizamientos, temporales, incendios forestales, calima, sequías y tsunamis. Esa combinación convierte a la isla en un territorio especialmente útil para analizar cómo se superponen los peligros y cómo un fenómeno puede agravar los efectos de otro.

El conjunto de datos elaborado por los investigadores cubre el periodo comprendido entre 1494 y 2020 e incluye erupciones volcánicas, terremotos, inundaciones, tsunamis, deslizamientos y desprendimientos. Para construirlo, el equipo recurrió a catálogos históricos, registros del Instituto Geográfico Nacional (IGN), bases de datos geológicas, documentos técnicos, estudios científicos y archivos sobre emergencias naturales ocurridas en la isla. El objetivo no era solo reunir episodios, sino "crear una base común que permita comparar frecuencia, impacto, localización y respuesta institucional ante distintos tipos de amenazas".

LAS ÚLTIMAS ERUPCIONES

En el apartado volcánico, el estudio señala que Tenerife ha registrado desde época histórica seis erupciones, aunque dos de ellas pueden considerarse parte de un mismo episodio eruptivo, por lo que el balance queda en cinco eventos diferenciados. Entre ellas figuran Siete Fuentes-Fasnia-Arafo, Garachico, Chahorra y Chinyero, erupciones que ilustran la actividad volcánica histórica de la isla desde el siglo XVIII hasta comienzos del siglo XX.

Los autores subrayaron que estas erupciones no generaron un único tipo de peligro, sino una cadena de fenómenos asociados: actividad sísmica, explosiones, caída de cenizas, proyecciones piroclásticas, coladas de lava y movimientos de ladera. Esta es una de las claves del estudio: "una erupción no debe entenderse solo como la salida de lava, sino como un proceso capaz de desencadenar impactos múltiples sobre la población, las infraestructuras, el territorio y la actividad económica".

En materia sísmica, el trabajo recoge 96 eventos con magnitud superior a 3,5 mbLg entre 1494 y 2020, umbral seleccionado porque estos terremotos liberan suficiente energía como para ser percibidos por la población, causar daños o actuar como posibles precursores de actividad volcánica. De ellos, 13 fueron considerados de origen volcánico por su asociación con erupciones previas o procesos eruptivos.

La investigación no se limita al riesgo volcánico. De hecho, una de sus conclusiones más relevantes es que los peligros más frecuentes y dañinos para la población de Tenerife no siempre son los más espectaculares. El artículo señala que los incendios forestales y las lluvias torrenciales figuran entre los riesgos de mayor impacto potencial para la isla, seguidos por inundaciones, erupciones volcánicas, vientos fuertes y episodios de calima. Además, el estudio documenta 104 inundaciones y cinco tsunamis en el periodo analizado.

PELIGROS SECUNDARIOS POR EL CAMBIO CLIMÁTICO

El artículo introduce además una advertencia relevante en un contexto de cambio climático. Aunque el calentamiento global no modifica directamente la frecuencia o magnitud de erupciones volcánicas y terremotos, sí puede agravar peligros secundarios. Por ejemplo, la desertificación, la pérdida de vegetación o la erosión del suelo pueden aumentar la inestabilidad de laderas y hacer que determinados territorios sean más vulnerables ante lluvias intensas, movimientos sísmicos o episodios de actividad volcánica.

Para los autores, uno de los grandes problemas de la gestión del riesgo es que los planes suelen estar organizados por amenazas separadas: un plan para volcanes, otro para inundaciones, otro para incendios, otro para fenómenos meteorológicos adversos. Sin embargo, la realidad del territorio puede ser más compleja. Una crisis volcánica puede coincidir con problemas de movilidad, desprendimientos, incendios, contaminación atmosférica o evacuaciones en zonas vulnerables. Por eso, el estudio defiende una "mirada multiamenaza", capaz de integrar información histórica y técnica en una misma base de decisión.

La conclusión principal es que Tenerife necesita "una planificación del riesgo cada vez más integrada", no solo porque sea una isla volcánica activa, sino porque combina peligros geológicos, hidrológicos, meteorológicos y costeros en un territorio limitado, poblado y con fuerte presión turística. En ese contexto, el estudio del CSIC convierte el pasado de la isla en una base de datos útil para anticipar mejor el futuro.

(SERVIMEDIA)
14 Jun 2026
EDU/clc