Investigación
Un estudio cuestiona que la peste de Mallorca de 1820 fuera un brote clásico de peste bubónica
El texto se ha copiado correctamente en el portapapeles
El estudio 'The 1820 Mallorca Plague Was Not en Classic Bubonic Outbreak ', publicado en la revista científica ‘PNAS’ cuestiona que la epidemia de peste registrada en Mallorca en 1820 fuera un brote clásico de peste bubónica transmitida por pulgas de roedores y apunta a las formas neumónica y septicémica de la enfermedad, junto con la transmisión a través de ectoparásitos humanos.
Tal y como informó la UOC este martes en un comunicado, la investigación realizada por los profesores Joana Pujadas-Mora, de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), y Pere Puig, de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), recogió que durante ese episodio la mortalidad alcanzó el 78% y, según los documentos históricos, los enfermos empeoraban muy rápidamente. Estas características hacen pensar que las formas neumónica y septicémica de la peste tuvieron un peso importante en el brote, en contra de las interpretaciones anteriores, que lo atribuían principalmente a la peste bubónica transmitida por las picaduras de pulgas asociadas a los roedores.
Además, los datos históricos también descartan que las ratas actuaran como reservorio de la enfermedad y apuntan a los ectoparásitos humanos, como las pulgas y los piojos, o al contagio directo entre personas como las vías de propagación más probables en el episodio de 1820.
Según la investigación, el brote de 1820 de Mallorca llegó probablemente procedente de Tánger a través de los tripulantes de un barco, ya infectados, que desembarcaron de forma clandestina en la zona de Son Servera, en el este de la isla. El pueblo no tenía puerto y las mercancías se desembarcaban con pequeñas barcas de remo, lo que hace improbable que las ratas infectadas llegaran al suelo. Lo más probable, según el estudio, es que pulgas infectadas provenientes del barco picaran habitantes de Son Servera, que posteriormente enfermaron.
Otra posibilidad es que la enfermedad llegara a través del estrecho contacto con miembros infectados de la tripulación. A partir de este primer foco, la peste podría haberse extendido rápidamente a través de ectoparásitos humanos, como pulgas o piojos, y también mediante la transmisión directa entre personas de las formas septicémica y neumónica, añadió la Universitat.
Sin embargo, la epidemia no se extendió de forma masiva gracias a las estrictas medidas de aislamiento que se implementaron una vez que el brote fue confirmado, explicó la entidad. Las poblaciones de Artà, Son Servera y Capdepera fueron acordonadas y también posteriormente Manacor. Estas medidas que supusieron una fuerte presencia militar y redujeron el comercio y el movimiento entre pueblos lo que demuestra la conciencia por parte de las autoridades de que la enfermedad era contagiosa.
Aun así, más de 2.400 de los 7.500 habitantes de la zona fallecieron durante este episodio que se conoce como ‘el último gran brote de peste en la Europa del siglo XIX’.
(SERVIMEDIA)
18 Ago 2026
MBM/clc/pai


