Biodiversidad
La fascinación de los chimpancés por los cristales viene desde hace millones de años
- Según un estudio con investigadores españoles
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Los antepasados de los humanos modernos coleccionaban cristales para los que no tenían ningún uso aparente, sino como fascinación, y ello se remonta a hace seis o siete millones años, según un estudio con chimpancés, que podría ayudar a comprender las raíces de esa atracción.
El estudio, publicado este miércoles en la revista ‘Frontiers in Psychology’, fue realizado por científicos españoles.
Se han encontrado cristales repetidamente en yacimientos arqueológicos junto con restos de Homo. La evidencia muestra que los homínidos han recolectado estas piedras durante 780.000 años. Sin embargo, se sabe que los antepasados humnanos no las usaban como armas, herramientas ni siquiera como joyas.
Científicos españoles investigaron qué características de los cristales podrían haberlos hecho tan fascinantes para los ancestros humanos.
Diseñaron experimentos con chimpancés (una de las dos especies de grandes simios más estrechamente emparentadas con los humanos modernos) para identificar las propiedades físicas de los cristales que podrían haber atraído a los primeros homínidos.
“Demostramos que los chimpancés aculturados pueden distinguir los cristales de otras piedras”, según Juan Manuel García-Ruiz, profesor de investigación Ikerbasque en cristalografía en el Donostia International Physics Center de San Sebastián.
García-Ruiz añader: “Nos sorprendió gratamente la intensidad y la aparente naturalidad de la atracción de los chimpancés por los cristales. Esto sugiere que la sensibilidad a estos objetos podría tener profundas raíces evolutivas”.
MONOLITO
Los humanos modernos divergieron de los chimpancés hace entre seis y siete millones de años, por lo que ambos comparten importantes similitudes genéticas y comportamentales.
Para determinar si la fascinación por los cristales es una de ellas, los investigadores proporcionaron acceso a cristales a dos grupos de chimpancés aculturados (Manuela, Guillermo, Yvan, Yaki y Toti en el primer grupo, y Gombe, Lulú, Pascual y Sandy en el segundo) de la Fundación Rainfer (Madrid).
En el primer experimento, se colocó un gran cristal (el monolito) sobre una plataforma, junto con una roca normal de tamaño similar. Si bien al principio ambos objetos llamaron la atención de los chimpancés, pronto prefirieron el cristal y descartaron la roca.
Una vez retirado de la plataforma, todos los chimpancés inspeccionaron el cristal, rotándolo e inclinándolo para poder verlo desde ángulos específicos. Yvan recogió entonces el cristal y, con decisión, lo llevó a los dormitorios.
El equipo observó que el interés se intensificó al principio de la exposición y disminuyó muy gradualmente con el tiempo. El mismo patrón se observa en los humanos a medida que la novedad de un objeto se desvanece. Cuando los cuidadores intentaron recuperar el cristal del recinto de los chimpancés, tuvieron que intercambiarlo por sus bocadillos favoritos: plátanos y yogur.
PREFERENCIA CLARA
Un segundo experimento demostró que los chimpancés podían identificar y seleccionar cristales de cuarzo más pequeños, de tamaño similar a los recolectados por los homínidos, de una pila de 20 piedras redondas en cuestión de segundos.
Al añadir cristales de pirita y calcita -cuyas formas son diferentes a las de los cristales de cuarzo- a la pila, los chimpancés seguían siendo capaces de distinguir piedras de tipo cristal.
“Los chimpancés comenzaron a estudiar la transparencia de los cristales con extrema curiosidad, sosteniéndolos a la altura de los ojos y mirando a través de ellos”, indica García-Ruiz. Los chimpancés examinaron los cristales repetidamente durante horas.
Sandy, por ejemplo, llevaba guijarros y cristales en la boca hasta una plataforma de madera donde los separaba. “Separó los tres tipos de cristales, que diferían en transparencia, simetría y brillo, de todos los guijarros. Esta capacidad de reconocer los cristales a pesar de sus diferencias nos asombró”, subraya García-Ruiz.
Los chimpancés tampoco suelen usar la boca para transportar objetos, por lo que este comportamiento podría indicar que los ocultaban, algo coherente con el valor que les daban a los cristales.
CRISTALES EN LAS MENTES
El estudio no examinó si algunos chimpancés estaban más interesados o tenían más derecho a poseer cristales que otros, aunque el equipo afirmó que estudios futuros deberían tener en cuenta las personalidades de los chimpancés.
“Hay Don Quijotes y Sanchos: idealistas y pragmáticos. Algunos pueden encontrar fascinante la transparencia de los cristales, mientras que a otros les interesa su olor y si son comestibles”, recalca García-Ruiz.
Las nubes, los árboles, las montañas, los animales y los ríos del mundo natural que rodeaba a los antepasados humanos se definían por su curvatura y ramificación, por lo que pocos objetos presentaban líneas rectas y superficies planas.
Los cristales son los únicos sólidos naturales poliédricos, es decir, los únicos sólidos naturales con muchas superficies planas. Cuando los primeros humanos intentaron comprender su entorno, sus procesos cognitivos podrían haberse visto atraídos por patrones distintos a los que conocían.
“Nuestro trabajo ayuda a explicar nuestra fascinación por los cristales y contribuye a la comprensión de las raíces evolutivas de la estética y la cosmovisión. Ahora sabemos que hemos tenido cristales presentes en nuestra mente durante al menos seis millones de años”, concluye García-Ruiz.
(SERVIMEDIA)
04 Mar 2026
MGR/clc


