Aragón
Las fiestas de San Roque de Calatayud, ejemplo de tradición, diversión e identidad cultural
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Aragón es una tierra con historia en la que el visitante conecta con las tradiciones y con quienes las sienten y las conservan. Sus más de cien fiestas de Interés Turístico Regional permiten hacerse una idea de la riqueza y de la variedad de estas experiencias, que trasmiten la autenticidad de su identidad cultural.
Cuatro tiene Calatayud, ciudad encrucijada de distintas culturas. La cuarta de Aragón por población. La Semana Santa, San Roque, Las Alfonsadas y el Rosario de Cristal sellan la antigüedad y el valor de lo local frente a la uniformidad de lo global.
El conocido como 'San Roque bilbilitano', que incluso cuando más de media España está de fiestas atrae a miles de visitantes, es una demostración de que religiosidad y diversión son compatibles. También de que una antiquísima celebración puede crecer y adaptarse a los nuevos usos y costumbres sin perder su esencia ni olvidar su origen. Esta es una celebración de la ciudadanía organizada en diez peñas multitudinarias, y en una respetada cofradía, a las que el Ayuntamiento de la localidad y la Iglesia apoyan y acompañan
ORIGEN MEDIEVAL
San Roque - abogado y protector de la peste- no es patrón de este municipio zaragozano. Sin embargo son en su honor las celebraciones más populares. Las más esperadas. Las que levantan pasiones. Las que hace siete décadas experimentaron una profunda transformación, crecieron y se enriquecieron manteniendo su raíz.
La devoción a San Roque en Calatayud, probablemente, tenga su origen en la Edad Media. Hay documentos de 1520 donde queda constancia de que el municipio contaba con una reliquia del santo de Montpellier. En aquel momento nacería la cofradía sin la que no se entienden estos festejos. Entonces se levantaría también una modesta construcción popular que domina la ciudad y a la que se acude en romería la madrugada del 16 de agosto.
Hay referencias escritas de la existencia de esa ermita en el año 1.600. En la actualidad, en los tiempos de la inteligencia artificial, y como se ha hecho a lo largo de siglos, a partir del día 1 del mes agosteño se abre para que los vecinos puedan subir por la mañana o al atardecer. Tocan el campanico y cantan los gozos al santo en un ambiente general de espera nerviosa por lo que empieza el día 13.
VERLO PARA SENTIRLO
Esa tarde la ciudad es otra. La plaza de España -también conocida como del Mercado por la función que tuvo antaño- es una marea de color. Azul, rosa, blanco, negro, morado, amarillo… Podríamos seguir contando hasta diez, porque hay tantos colores como peñas.
Describir esa tarde no es tarea fácil, como tampoco lo es observar sin más. Sin emocionarse, sin abrazarse, sin reírse o incluso sin llorar por esa euforia compartida en medio de la cual también se recuerda a quienes ya no están y que pasaron ese valioso legado.
Con el chupinazo empiezan cuatro días de fiesta en los revivir o descubrir instantes inolvidables. El descenso por la Rúa hacía el paseo Cortes de Aragón con las charangas. Los cofrades bailando al santo identificados con sus 20 varas adornadas. La romería en la madrugada del 16 con la misa bajo el cielo estrellado, o la vuelta de honor en la Colegiata de Santa Maria antes de iniciar la subida. El sorteo y la entrega del santo a quien lo guardará como un miembro más de su hogar durante el año…
Se cuentan otros muchos momentos entrañables, íntimos, colectivos, insuperables, que se han ido fijando en una parrilla festiva con programación en cada una de las peñas. Todas con sus escenarios, abiertas y accesibles en el centro de la ciudad. Relevantes son también los actos de la cofradía y los propios de Interpeñas. Uno de los últimos en incorporarse el “Interpeñas Fest”.
Más de un centenar de actividades en total entre conciertos, almuerzos, comidas, cenas, recenas, festejos en un coso construido hace 150 años y en sólo 126 días. Animación, concursos tan peculiares como el de los Muñecos de Capea, y otros que han expandido una conmemoración milenaria. La pedida de las vaquillas al alcalde es una tradición en la mañana del día grande y después de que los romeros han recompuesto el cuerpo con el chocolate cuando ya es de día. Ese dulce que reparte la cofradía al bajar de la ermita tiene un gran arraigo en toda la comarca.
PASADO RECIENTE Y ENRIQUECEDOR
El pasado más reciente del 'San Roque bilbilitano' hay que buscarlo en los años cincuenta del siglo XX. Es entonces cuando surgen los festejos que conocemos hoy. Fue su promotor un bilbilitano conocido como 'Tato'. Entusiasmado volvió en 1957 de las fiestas de la localidad navarra de Cascante, Eduardo Rubio, y convencido de que en Calatayud podía hacerse algo parecido. Su idea quedo perfectamente delimitada. Imprescindibles eran las charangas, y con la ilusión de aquellos pioneros se creó la Peña Euqor y así las fiestas que conocemos.
La Peña Bilbilitana, la de Los Clotaldos o Jarana fueron surgiendo y desaparecieron. Permanecen La Bota, El Cachirulo, la infantil del Desbarajuste, Euqor, Garnacha, Los que faltaban, Nogara, Rouna, Solera, y La Unión.
En Interpeñas -que se fundaba en 1980- todas están representadas y desde 1982 de entre los miles de peñistas que las formas eligen a quien destaca por su entrega y su trabajo en pro de esta celebración. Es el “Peñista del Año”, que luce una camisa multicolor.
Los festejos que se reinventaron con las peñas se fueron enriqueciendo con el llamado 'Vino de Honor' en la tarde anterior al chupinazo y que supone la apertura y la inauguración de los locales Con el 'Gran Premio de Autos Locos', con desfiles de disfraces, con el 'Campeonato de Patinetes Eléctricos', o con las dulces batallas de merengues.
El fervor y la pasión de los bilbilitanos por sus fiestas se contagian. También la energía que irradian, que todo lo cambia y lo positiva. Quien las conoce vuelve, las cuenta, las hace suyas. La hospitalidad de Calatayud, el ambiente respetuoso que se vive entre la multitud, y las buenas prácticas inclusivas, hacen que nadie se sienta fuera de esta celebración. Más al contrario, se integran como un miembro más de una comunidad que ya cuenta los días para gozar de esta conmemoración.
Como recuerda el Cronista Oficial de la ciudad, investigador y guía turístico, Carlos de la Fuente San Juan, esta Fiesta de Interés Turístico Cultural de Aragón desde 1994 ha dejado también su huella artística en la literatura y la música. En la década de 1950 se compuso la zarzuela 'Subiremos a San Roque', obra del escritor Ángel Marco, que contribuyó a reforzar la presencia de estas fiestas en el ámbito musical. Por otra parte la obra teatral 'La Dolores', mito literario y escénico que dio origen a numerosas adaptaciones, sitúa su escena final en el contexto de estos festejos. Esta ceremonia de cuatro días es historia viva de Calatayud y de Aragón. Una tierra auténtica que no sólo se visita sino que se siente con los ojos bien abiertos y con el corazón dispuesto a sorprenderse.
(SERVIMEDIA)
21 Mar 2026
s/gja





