Historia

El ganado contribuyó a propagar una peste en la Edad de Bronce

- Según el análisis de una cepa en restos de una oveja de hace 5.000 años

MADRID
SERVIMEDIA

Un equipo internacional de investigadores ha encontrado la primera evidencia de una infección por peste de la Edad de Bronce en un huésped no humano tras analizar una cepa en restos de una oveja que vivió hace unos 5.000 años.

Así se explica en un estudio realizado por 12 investigadores pertenecientes a instituciones de Alemania, Corea del Sur, Estados Unidos o Rusia y publicado en la revista ‘Cell’.

En la Edad Media, una plaga mató a un tercio de la población europea. Las pulgas portaban la bacteria ‘Yersinia pestis’ y transmitieron la peste negra de las ratas infectadas a millones de personas.

Otra cepa anterior de ‘Yersinia pestis’ surgió hace 5.000 años, en la Edad del Bronce. Contagió a personas de toda Eurasia durante cerca de dos milenios y luego desapareció. A diferencia de la bacteria de la peste medieval, esta cepa anterior no podía transmitirse por pulgas. Cómo la peste circuló durante tanto tiempo en una zona tan extensa ha sido un misterio desde hace tiempo.

Ahora, un equipo internacional de investigadores ha encontrado la primera evidencia de una infección por peste de la Edad de Bronce en un huésped no humano.

Los científicos descubrieron ADN de ‘Yersinia pestis’ en una oveja domesticada de hace unos 4.000 años procedente de Arkaim, un asentamiento fortificado ubicado en los Urales meridionales de la actual Rusia, cerca de la frontera con Kazajistán. Este descubrimiento proporciona una pista sobre cómo la peste de la Edad de Bronce se propagó tan ampliamente.

UN DESCUBRIMIENTO AFORTUNADO

El arqueólogo Taylor Hermes, de la Universidad de Arkansas (Estados Unidos), codirigió un amplio estudio en curso sobre el ADN del ganado antiguo.

Mediante el análisis genético en huesos y dientes de animales, él y sus colaboradores están investigando cómo el ganado vacuno, caprino y ovino domesticado se extendió desde el Creciente Fértil (un área que abarcaba el Levante mediterráneo y Mesopotamia) por toda Eurasia y dio origen a sociedades e imperios nómadas.

“Cuando analizamos el ADN del ganado en muestras antiguas, obtenemos una compleja mezcla genética de contaminación. Esto representa un gran obstáculo para obtener una señal sólida del animal, pero también nos brinda la oportunidad de buscar patógenos que infectaron a los rebaños y a sus cuidadores”, apunta Hermes.

Una investigación de ese tipo es altamente técnica y requiere mucho tiempo. El ADN del huésped debe filtrarse del resto de la muestra. Los organismos que vivieron en el terreno circundante donde se enterraron los huesos y dientes dejan su propio sello genético.

Además, Los propios investigadores contaminan las muestras con ADN de su saliva y células cutáneas. Los fragmentos genéticos recuperados suelen tener solo 50 pares de bases. En comparación, una cadena completa de ADN humano tiene más de 3.000 millones de pares de bases.

Los restos animales rara vez se conservan tan bien como los humanos, que suelen enterrarse con sumo cuidado. El calor de la cocción de los animales y las sobras, depositadas en montones de basura y expuestas a la intemperie, degradan el material genético.

Mientras analizaban muestras de ganado excavadas en Arkaim en las décadas de 1980 y 1990, Hermes y sus colegas se dieron cuenta de que un hueso de oveja contenía ADN de ‘Yersinia pestis’.

“Fue una señal de alarma para mi equipo. Era la primera vez que recuperábamos el genoma de ‘Yersinia pestis’ en una muestra no humana”, indica Hermes, antes de añadir: “Estábamos especialmente entusiasmados porque Arkaim está vinculado a la cultura Sintashta, conocida por su antigua equitación, sus impresionantes armas de bronce y su importante flujo genético hacia Asia Central”.

SIGUIENTE PREGUNTA

Los científicos han encontrado numerosos ejemplos de cepas idénticas de peste de la Edad de Bronce en humanos a miles de kilómetros de distancia. ¿Cómo se propagó la enfermedad tan ampliamente?

“Tenía que ser algo más que el desplazamiento de personas. Nuestras ovejas de la peste nos dieron un gran avance. Ahora lo vemos como una dinámica entre las personas, el ganado y un ‘reservorio natural’ aún no identificado, que podrían ser los roedores de las praderas de la estepa euroasiática o las aves migratorias”, según Hermes.

Un reservorio natural es un animal que porta la bacteria, pero no se enferma a causa de ella. En la Edad Media, las ratas eran el reservorio y las pulgas el vector de la ‘Yersinia pestis’. Hoy en día, los murciélagos suelen ser el reservorio natural de patógenos como el ébola y el virus de Marburgo.

La Edad del Bronce marcó el momento en que los habitantes de la cultura Sintashta comenzaron a mantener rebaños más grandes de ganado, además de practicar la equitación con destreza por primera vez.

La plaga de la Edad del Bronce probablemente fue resultado de ese contacto más estrecho con los animales y de su frecuente traslado a zonas expuestas al embalse. Aunque ocurrió hace miles de años, Hermes cree que la antigua plaga ofrece lecciones para la actualidad.

“Cuando invadimos entornos naturales con nuevas necesidades económicas, las consecuencias pueden ser mortales. Debemos valorar el delicado funcionamiento interno de los ecosistemas que perturbamos y procurar preservar su equilibrio. Es importante tener un mayor respeto por las fuerzas de la naturaleza”, concluye Hermes.

(SERVIMEDIA)
26 Dic 2025
MGR/clc