Ciencia
Los humanos ibéricos tejieron redes sociales de miles de kilómetros en la última edad de hielo
- Cazadores-recolectores del centro peninsular mantuvieron amplios contactos en Europa occidental hace más de 19.000 años
- Según un estudio liderado por las universidades de Barcelona y de Alcalá
El texto se ha copiado correctamente en el portapapeles
Los cazadores-recolectores que vivían en el interior de la península ibérica durante el Último Máximo Glaciar (hace entre 26.000 y 19.000 años), en pleno Paleolítico superior, formaron parte de redes sociales a gran escala, capaces de conectar miles de kilómetros cuadrados por amplios territorios de Europa occidental.
Esa es la conclusión principal de un estudio realizado por científicos de varias instituciones europeas y liderado por investigadores de las universidades de Alcalá y de Barcelona.
El estudio, publicado en la revista ‘Science Advances’, documenta contactos a muy larga distancia, de hasta 600 a 700 kilómetros, entre el centro de la península ibérica y el suroeste de Francia.
La investigación se basa en el análisis arqueopetrológico y geoquímico de herramientas de piedra tallada del período solutrense recuperadas en el yacimiento de Peña Capón (Muriel, Tamajón, Guadalajara).
Los resultados muestran que algunos de estos objetos se fabricaron con sílex procedente de afloramientos geológicos del suroeste francés, lo que constituye la mayor distancia confirmada en el Paleolítico europeo entre el origen de una materia prima lítica y el lugar donde fue abandonada.
LARGA DISTANCIA
Las sociedades de cazadores-recolectores se organizaban tradicionalmente en redes sociales complejas que permitían el intercambio de información, bienes y personas, generando así un mecanismo adaptativo que aseguraba la supervivencia de los grupos.
Aunque este tipo de comportamientos se conoce desde hace décadas gracias a la etnografía y a la arqueología, las evidencias directas y cuantificables de interacciones a muy larga distancia durante el Paleolítico son escasas.
Hasta ahora, la mayoría de los desplazamientos documentados de materias primas líticas no superaban los 200 o 300 kilómetros, y las redes sociales amplias se inferían de forma indirecta a partir de estilos artísticos, objetos simbólicos o rasgos culturales compartidos.
El nuevo estudio aporta, por primera vez, una prueba geoquímica directa de contactos sostenidos a una escala superior a 600 kilómetros.
No es asumible interpretar que los grupos humanos que se asentaron en Peña Capón recorrieron estas distancias solo para aprovisionarse de sílex para la talla, por lo que los investigadores proponen que las rocas ‘viajaron’ por diversos intercambios a través de redes sociales con una amplitud desconocida hasta ahora.
REDES ESTABLES Y COMPLEJAS
El estudio demuestra que estas conexiones no fueron contactos puntuales, sino parte de redes sociales complejas y estables, mantenidas durante varios milenios, asegurando así la supervivencia de los grupos humanos durante algunas de las fases climáticas más frías de la última glaciación.
Además de las materias primas procedentes del suroeste francés, los niveles solutrenses de Peña Capón contienen sílex y jaspes de las cuencas del Tajo, el Duero y el Ebro, algunos de ellos con orígenes también a distancias que exceden el ámbito regional.
La presencia conjunta de todas estas rocas en los mismos niveles arqueológicos indica que Peña Capón y su territorio circundante pudieron funcionar como zona de agregación estacional, integrada plenamente en las grandes redes sociales del suroeste europeo durante varios milenios.
Los investigadores estiman que la extensión mínima del territorio que sostuvo estas redes alcanzó cerca de 89.000 kilómetros cuadrados durante el Solutrense medio.
Una superficie de este tamaño no podría explicarse mediante los patrones de movilidad anual de los grupos humanos, pues supera ampliamente los territorios de cualquier sociedad cazadora-recolectora conocida, tanto a escala arqueológica como etnográfica.
Por tanto, solo puede explicarse a partir de la existencia de amplias redes sociales que permitían el intercambio de información y bienes entre distintos grupos interconectados a distintas escalas geográficas.
VALOR SIMBÓLICO
Los autores interpretan que los objetos con origen en el suroeste francés, que representan una parte muy escasa de los conjuntos industriales documentados en Peña Capón, no viajaron por su valor funcional.
En primer lugar, porque los grupos humanos conocían y explotaron materias primas de mayor calidad con orígenes mucho más cercanos. Y, en segundo lugar, porque el objeto más característico, una ‘preforma’ de punta de proyectil foliácea, no fue tallada en el yacimiento, sino que muy probablemente fue transportada tal cual desde el lugar en el que se configuró, tal como indica el análisis de huellas de uso.
Esto sugiere que algunos utensilios de piedra pudieron circular, a través de diversos procesos de intercambio entre grupos interconectados, como bienes con un componente simbólico.
Esos bienes habrían sido utilizados para reforzar alianzas sociales, mantener contactos intergrupales y reducir riesgos entre grupos ampliamente dispersos, en un contexto ambiental extremadamente duro como el del Último Máximo Glaciar.
“Se trata de una investigación en la que hemos trabajado siete años, fruto de la colaboración de un amplio equipo de investigadores de distintas instituciones españolas, portuguesas y francesas”, destaca Manuel Alcaraz Castaño, profesor de la Universidad de Alcalá.
(SERVIMEDIA)
22 Ene 2026
MGR/nbc


