Salud
La industrialización cambió el horario del sueño más que su duración
- Según un estudio
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El sueño desde la industrialización ha cambiado más en los horarios que en la duración, según una nueva revisión narrativa de dos décadas revisada por pares que reúne trabajo antropológico de campo, historia de archivo y genómica comparada.
La investigación aparece publicada este martes en la revista ‘Brain Medicine’ con autores que trabajan en Arabia Saudí, Bahréin, Canadá, Estados Unidos, India o Reino Unido.
Esa revisión, dirigida por Seithikurippu R. Pandi-Perumal, de la Universidad Chandigarh (India), apunta que las personas que viven sin luz eléctrica en tres sociedades de cazadores-recolectores distintos, repartidas en dos continentes, duermen entre 6,4 y 7,1 horas por noche, no más que el promedio industrializado.
A mediados del siglo XIX se impuso una aritmética pulcra del día: ocho horas de trabajo, ocho horas de descanso, ocho horas de sueño. Dominó la sociedad y nunca fue estudiada de forma sistemática.
Un intento temprano de medición fue una encuesta realizada en 1913 en la Universidad Stanford (Estados Unidos) que a veces se cita como prueba de que antaño se dormían nueve horas, pero se basó en encuestas a niños de 8 a 17 años y no a adultos.
QUÉ CAMBIÓ Y QUÉ NO
La revisión narrativa se centra en tres poblaciones de cazadores-recolectores: los hadza de Tanzania, los san de Namibia y los tsimane de Bolivia. Su sueño permanece consolidado y sigue de cerca el ciclo local de luz y oscuridad. La revisión no encuentra evidencia consistente de patrones segmentados o bifásicos en estos grupos.
Lo que la industrialización sí cambió se reduce, según la síntesis, a cuatro cosas: el sueño se desplazó hacia horarios más tardíos, la regularidad de un día a otro se desdibujó, el arrastre por la luz natural se debilitó y los trastornos del sueño diagnosticables se hicieron más frecuentes. El total de horas, la única métrica que domina por igual la conversación pública y los formularios de consulta clínica, fue lo que menos se movió.
En ‘Al anochecer: la noche en tiempos pasados’, el historiador Roger Ekirch recurrió a documentos judiciales, cartas y fuentes literarias para sostener que los europeos preindustriales dormían en dos bloques separados por una o dos horas de vigilia, intervalo dedicado a la oración, la contemplación, el sexo o las tareas domésticas.
'PRIMER SUEÑO'
Los autores de la revisión narrativa no solo no la descartan, sino que la complican. Una reconsideración reciente de esas mismas fuentes primarias sostiene que la expresión ‘primer sueño’ tuvo varios sentidos en la escritura de la primera modernidad y no denotaba necesariamente una arquitectura fija en dos partes.
Podía significar el primer tramo ininterrumpido, el tramo más profundo o el sueño tomado durante la primera mitad de un turno de noche. Un estudio doctoral sobre las disposiciones domésticas romanas halló escaso respaldo literario o arqueológico para un sueño segmentado estandarizado en aquella cultura.
Y el apoyo experimental más citado, un estudio de fotoperiodo en el que voluntarios pasaron 14 horas de oscuridad forzada en habitaciones sin ventanas y con la actividad prohibida, describe condiciones que la revisión caracteriza como muy distintas de una velada preindustrial alumbrada por una vela y un fuego.
La conclusión es que sueño preindustrial no era uniformemente segmentado y el consolidado contemporáneo no es una única imposición moderna sobre una única norma ancestral. Cada patrón, escriben los autores, refleja la ecología local de luz, clima, trabajo y vida social bajo la cual ocurre.
Por otro lado, la revisión narrativa aborda la pregunta de si siete a ocho horas de sueño confieren beneficios para la salud también si se aplican en dos tramos, pero la literatura científica no sentencia si el sueño dividido con horarios confiables rinde igual que el consolidado.
(SERVIMEDIA)
25 Ago 2026
MGR/pai


