Vivienda
Los interioristas subrayan que la crisis de la vivienda convierte su labor en una herramienta de supervivencia
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Las dificultades para cambiar de vivienda y la necesidad de compatibilizar diferentes necesidades en un mismo espacio convierten el diseño de interiores en una herramienta de supervivencia, según subrayan los interioristas de Idequo.
"Cambiar de casa se ha convertido para muchos españoles en una misión casi imposible. La subida de precios, la falta de oferta, el encarecimiento de las hipotecas y la presión del alquiler están provocando un cambio de mentalidad: si no puedes mudarte, transformas la vivienda que ya tienes. Pero esa transformación no siempre parte de casas amplias, luminosas y fáciles de reformar. Cada vez más personas viven en pisos pequeños, oscuros, mal distribuidos o pensados para una forma de vida que ya no existe", explican.
En ese contexto, el interiorismo ha dejado de estar asociado únicamente a la estética, el lujo o las revistas de decoración y se ha convertido, en muchos casos, "en una herramienta práctica para ganar calidad de vida: redistribuir espacios, aprovechar la luz, crear zonas de trabajo, multiplicar el almacenamiento o hacer que pocos metros cuadrados resulten más habitables".
“El hogar ha cambiado completamente en los últimos años. Hoy buscamos espacios más flexibles, funcionales y emocionales, y eso está transformando también el papel del interiorista”, explican desde Idequo, antigua Escuela Madrileña de Decoración.
Sin embargo, los expertos advierten de que el diseño de interiores puede ayudar mucho, pero no puede hacerlo todo. Hay viviendas en las que el problema no es decorativo, sino habitacional. “El interiorismo no consiste en poner una casa bonita para una foto. En muchos casos se ha convertido en una herramienta para ganar calidad de vida dentro de viviendas que no han sido pensadas para las necesidades actuales. Pero también hay que decirlo con claridad: hay pisos en los que el problema no es estético. Es de espacio, de luz…”, explican.
SALÓN Y OFICINA
La forma de habitar la casa ha cambiado de manera profunda en los últimos años, especialmente tras la pandemia. El teletrabajo, la falta de metros y la necesidad de pasar más tiempo en casa han hecho que muchos hogares tengan que cumplir demasiadas funciones a la vez. El salón ya no es solo el salón: puede ser oficina, comedor, zona de estudio, espacio de ocio y, en algunos casos, incluso dormitorio ocasional.
Esta acumulación de usos ha convertido la distribución en uno de los grandes retos de la vivienda actual. "En pisos pequeños o mal planteados, cada decisión cuenta: una puerta abatible puede inutilizar media habitación, una mala iluminación puede empequeñecer el espacio y un mueble demasiado profundo puede bloquear el paso".
“No se trata de llenar la casa de soluciones bonitas, sino de entender cómo vive la persona. No necesita lo mismo quien teletrabaja a diario que quien solo duerme en casa; ni una pareja que cocina todos los días que alguien que apenas usa la cocina. La decoración llega después. Primero hay que resolver la vida”, señalan.
En viviendas pequeñas, oscuras o mal distribuidas, las soluciones más eficaces no siempre son las más espectaculares. La primera clave es ordenar funciones: decidir qué necesita realmente la persona que vive allí y eliminar aquello que entorpece el uso cotidiano del espacio. A partir de ahí, se puede trabajar con muebles versátiles, piezas plegables, almacenaje vertical, puertas correderas, iluminación por capas o separaciones visuales que permitan diferenciar ambientes sin levantar tabiques.
La luz es otro elemento fundamental. En pisos interiores o con poca iluminación natural, no basta con colocar una lámpara de techo. Combinar luz general, ambiental y puntual ayuda a evitar sombras duras, ampliar visualmente el espacio y crear diferentes escenas dentro de una misma habitación.
También resulta clave reducir el ruido visual. En una casa pequeña, el exceso de objetos, colores, texturas o muebles puede generar sensación de agobio. Por eso, los expertos recomiendan apostar por almacenamiento cerrado, piezas proporcionadas, una paleta coherente y una distribución que facilite la circulación.
Pero no todo es una intervención estética. Hay problemas estructurales, humedades, falta de ventilación, ausencia de luz natural o estancias que no reúnen condiciones adecuadas, que no se pueden “maquillar”. “Un buen interiorista no tapa problemas: los nombra. Identifica qué se puede resolver y qué no, y tiene la honestidad de decirlo. Hay viviendas que mejoran enormemente con la intervención adecuada. Y hay otras en las que el diagnóstico tiene que ser claro: aquí el problema no es de decoración”, explican.
Este nuevo escenario también está transformando el perfil del interiorista. Ya no se le exige únicamente sensibilidad estética, sino capacidad de análisis, conocimiento técnico, manejo de herramientas digitales, comprensión del mercado inmobiliario y empatía hacia formas de vida muy distintas.
Los responsables de Idequo aseguran que observan este cambio en el perfil de quienes se acercan al sector. "En las aulas del centro conviven diseñadores con arquitectos, estilistas con agentes inmobiliarios, profesionales del marketing con personas del retail o de sectores completamente distintos. Lo que tienen en común no es el origen, sino el destino: un sector que ha ganado utilidad, relevancia y salidas profesionales reales".
(SERVIMEDIA)
26 Jul 2026
CLC/fcm


