Historia
Un libro rescata milagros medievales de los agustinos, como resucitar árboles frutales, curar el ganado y hacer fértil la tierra
- León XIV es el primer papa de la Orden de San Agustín
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Una ramita de cerezo quemada que brota milagrosamente, un pantano enfermo que recupera su fertilidad máxima, la pata rota de un buey que se cura y multiplicar coles son algunos de los milagros medievales olvidados de la Orden de San Agustín que se rescatan en un nuevo libro.
La obra, titulada ‘Los hijos de San Agustín’ y escrita por la historiadora medieval Krisztina Ilko, de la Universidad de Cambridge (Reino Unido), ha visto la luz después de que León XIV se convirtiera el pasado 8 de mayo en el primer papa agustino de la historia.
La investigación, publicada por Oxford University Press, cuestiona importantes suposiciones sobre la Iglesia católica medieval y el Renacimiento temprano, y evoca la olvidada historia primigenia de los agustinos.
“Las hostias sangrantes y las estigmatizaciones son los milagros medievales más conocidos”, afirma Ilko, quien añade: “Los agustinos reciben muy poco crédito por hacer milagrosamente fértil la tierra, curar el ganado y devolver la vida a los árboles frutales”.
DRAGONES
San Jorge, el más famoso cazador cristiano de dragones, aparece en innumerables pinturas como un santo militar que blandía una lanza. Mucho menos conocido es el eremita Guglielmo de Malavalle, del siglo XII y venerado por los agustinos por matar a un dragón con un humilde bastón de madera con forma de horca.
En la Europa medieval, las enfermedades que sufrían el ganado, los cultivos y las personas solían atribuirse a los dragones, y más concretamente a su aliento tóxico, que, según se creía, asfixiaba el campo y a sus habitantes. Esos animales se asociaban especialmente con las zonas pantanosas.
Tras oír una voz celestial, Guglielmo se instaló en Malavalle (‘el valle malo’), en la pantanosa región de la Maremma, en la Toscana. Se creía que el aire tóxico y las terribles tormentas habían dejado el valle árido, tan oscuro y terrible que ni siquiera los cazadores se atrevían a entrar.
Ilko sostiene que Guglielmo era venerado por "derrotar al dragón" porque purificó el aire pútrido y restauró la "fertilidad máxima" del valle.
“Estos logros no fueron simbólicos, Guglielmo prestó un servicio público crucial, ayudó a la gente del campo a sobrevivir en un entorno natural realmente duro”, apunta Ilko.
Guglielmo era, a la vez, un cazador de dragones con horcas y un jardinero divino. Controlar el clima, asegurar una buena cosecha y restaurar la salud del ganado debieron parecer las intervenciones divinas más deseables en la campiña medieval tardía. Eran asuntos de vida o muerte, según el libro.
DESCUBRIMIENTOS MILAGROSOS
Por otro lado, Ilko dedicó una década a investigar, periodo en el que examinó dos docenas de archivos y recorrió más de 60 sitios agustinos, incluyendo algunas de las ruinas más inaccesibles.
Descubrió frescos, manuscritos iluminados, hagiografías y cartas. Algunos de los documentos antiguos que estudió estaban mal datados y atribuidos erróneamente, lo que les negaba aún más protagonismo milagroso.
La colección más antigua de biografías agustinas que Ilko estudió fue escrita por un fraile florentino en la década de 1320 y ha sido ampliamente ignorada hasta ahora porque, según ella, los eruditos consideraban sus milagros demasiado rurales.
Conservado en la Biblioteca Medicea Laurenziana de Florencia (Italia), el manuscrito comienza con la vida de Giovanni de Florencia, quien construyó la ermita agustina de Santa Lucía en Larniano con la ayuda de agricultores locales. Uno de sus mayores milagros fue la curación de la pata rota de un buey.
Otra biografía describe a Jacopo de Rosia ordenando a un manzano poco fiable que diera fruto todos los años, además de multiplicar las coles.
"Cuando la gente piensa en las órdenes religiosas y su importante papel en el Renacimiento, suele dirigir su atención a ciudades como Roma, Florencia y Siena", subraya Ilko.
A los franciscanos y dominicos, en particular, se les atribuye la rápida renovación urbana de Italia a partir del siglo XIII. No mucha gente sabe que los agustinos extrajeron la mayor parte de su poder del campo. Sus milagros eran muy prácticos y agrícolas.
San Francisco de Asís sigue siendo el ‘santo de la naturaleza’ más famoso, conocido por predicar a las aves. En un mundo con mayor conciencia ecológica, los agustinos merecen más atención, según Ilko.
ESTRATEGIA DE SUPERVIVENCIA
Por otro lado, Ilko sostiene que ubicarse en los bosques o junto al mar fue crucial para la supervivencia de los agustinos como grupo religioso.
La Orden de los Ermitaños de San Agustín fue fundada por el papado como orden mendicante mediante la fusión de varios grupos eremíticos del centro de Italia en 1256.
En 1274, la Iglesia Católica Romana advirtió a los agustinos, ya que se habían fundado después de 1215 y no habían existido de forma continua desde la Antigüedad tardía.
El papado no reconfirmó la existencia de la orden hasta 1298. Durante este periodo de 25 años de incertidumbre, los frailes agustinos se esforzaron por demostrar su legitimidad.
A falta de un padre fundador único y carismático, los frailes desarrollaron una convincente historia de origen en la que afirmaban haber sido fundados directamente por san Agustín.
Pero, según Ilko, los agustinos también recurrieron en gran medida a sus bases de poder naturales (bosques, montañas y el mar) para demostrar su antigüedad y autoridad.
“El contacto directo con la naturaleza les otorgó a los frailes legitimidad, poderes espirituales especiales y acceso a valiosos recursos naturales, como madera, cultivos y animales salvajes”, recalca Ilko.
Los agustinos fundaron conventos urbanos, pero seleccionaron cuidadosamente lugares que bordeaban la campiña. En Roma, levantaron el convento de Santa María del Popolo en una de las principales entradas a la ciudad, enmarcado por árboles y jardines a un lado.
Los franciscanos habían rechazado anteriormente el lugar por ser demasiado remoto y difícil ‘sostener el cuerpo’ allí. Ese sitio había sido un lugar siniestro: un antiguo nogal plagado de demonios se alzaba sobre el supuesto lugar de enterramiento del emperador Nerón hasta que el papa Pascual II los mandó talar en 1099.
Además de concienciar a la opinión pública sobre los agustinos, Ilko sostiene que las ruinas de las ermitas agustinas deberían cuidarse mejor y mejorarse el acceso para que más personas puedan visitarlas.
(SERVIMEDIA)
26 Dic 2025
MGR/fcm


