Cultura

Marcellesi plantea que el castellano no sea una lengua ‘misótera’ que maltrata a los animales

- El libro ‘Una lengua sin maltrato. De animales y poder’ disecciona cómo el idioma refuerza la jerarquía del ser humano por encima de otros animales

- “El feminismo nos ha enseñado que se puede trabajar en torno al idioma y cambiarlo”, señala el excoportavoz de Equo y eurodiputado de 2016 a 2019

MADRID
SERVIMEDIA

Florent Marcellesi, excoportavoz de Verdes Equo y diputado en el Parlamento Europeo de 2016 a 2019, propone en un nuevo libro que el castellano deje de ser una lengua ‘misótera’ que maltrata a los animales con expresiones inmemoriales que recomienda desterrar.

Marcellesi (Angers, Francia, 1979) tiene a sus espaldas una dilatada trayectoria como activista ecologista vinculado a la política. Fue cabeza de lista de Los Verdes en las elecciones municipales en Bilbao en 2007 y coportavoz de la Coordinadora Verde de 2009 a 2011, y participó en la fundación de Equo como miembro de la Comisión Promotora y luego Comisión Gestora entre 2011 y 2012, así como líder de esa formación en las elecciones al Parlamento Europeo de 2014.

Este polifacético ingeniero de formación y experto en sostenibilidad presenció ‘in situ’ las negociaciones que sellaron el Acuerdo de París en la cumbre del clima celebrada en la capital francesa en 2015, y fue eurodiputado de Equo en el Grupo de los Verdes/Alianza Libre Europea entre 2016 y 2019, donde destacó por situar los derechos de los animales en la agenda política.

Marcellesi abandonó la primera línea política en 2024 y es consultor en transición ecológica y justa. Acaba de publicar el ensayo ‘Una lengua sin maltrato. De animales y poder’ (editorial Icaria), toda una declaración de intenciones sobre una revolución pendiente: la de no despreciar a otros seres vivos mientras se habla.

TRES RAZONES

El autor indica, en una entrevista a Servimedia, que varias razones explican la escritura de un libro cuyo trabajo se ha prolongado durante 10 años. “Primero, cuando era eurodiputado vi el interés de la ciudadanía hacia el bienestar animal. De hecho, una de las primeras inquietudes que veía la Comisión Europea en su momento era el bienestar animal y yo oía expresiones en el día a día político, por ejemplo, ‘poner toda la carne al asador’ o ‘matar a dos pájaros de un tiro’. Yo me decía que es muy difícil que haya bienestar animal si, al mismo tiempo, tratamos a los animales de esa manera”, recuerda.

De esa primera semilla surgió otra razón de ser. “Si tratamos los animales y al resto de la naturaleza de esta manera, es muy complicado dar una respuesta a la crisis ecológica. Mientras consideremos al ser humano en un pedestal, resulta complicado que podamos cuidar algo que pensamos que tenemos que dominar”, explica.

Y una idea más reciente guarda relación con “la batalla cultural que se está dando hoy en día con la ola internacional del odio que usa a los animales para deshumanizar a otros colectivos”.

“Por ejemplo, Trump se refiere a las personas migrantes diciendo que no son humanos, son animales. O en Gaza vemos al ministro israelí de Defensa diciendo que los palestinos no son humanos, son animales y hay que tratarlos en consecuencia, que es un genocidio. Hay un elemento importante cuando se animaliza a otros colectivos humanos para despreciarlos, discriminarlos e incluso eliminarlos”, recalca.

‘MISOTERIA’

Con esa piedra angular, Marcellesi pretende “cambiar el lenguaje para tratar y cuidar mejor a todos los seres vivos, humanos incluidos”. No en vano, sus abuelos eran polacos y se conocieron en un campo de trabajo alemán al final de la II Guerra Mundial.

En su libro, Marcellesi acuña el neologismo ‘misoteria’ (‘odio hacia los animales no humanos’, a partir de los términos del griego antiguo ‘miseo’ -‘odiar’- y ‘therion’ - ‘animal salvaje’-).

“Existe la misoginia, que significa odio a las mujeres. De la misma manera, se puede utilizar la palabra ‘misoteria’, es decir, el odio a los animales que utilizamos sin querer para expresarnos en el día a día porque es una construcción social no siempre consciente para la gran mayoría de las personas locutoras”, apostilla.

Marcellesi abunda: “Durante muchos años, hemos utilizado expresiones machistas a veces sin darnos cuenta y ha hecho falta un trabajo de concienciación para entender que esto era sexista y machista. Lo mismo está pasando ahora mismo con los animales no humanos. Nos hemos dado cuenta de que parte de nuestro lenguaje es ‘misótero’, es decir, que induce violencia u odio hacia los animales”.

“La buena noticia es que esto se puede cambiar. Al igual que lo hemos hecho y hemos cambiado de un lenguaje sexista a no sexista, o lo estamos haciendo, es posible hacerlo de un lenguaje que no sea ‘misótero’, sino más bien que sea ‘filótero’, que es lo contrario: amor a los animales”, reitera.

Para Marcellesi, el castellano es “un idioma riquísimo, muy flexible y permite expresar la realidad de otra forma”. “Hay muchos dichos y expresiones nocivas para los otros seres vivos, pero se pueden expresar de manera distinta. Por ejemplo, antes de decir ‘vivieron felices y comieron perdices’ se puede decir ‘vivieron felices y cuidaron perdices’. En vez de ‘matar dos pájaros de un tiro’, puedo decir ‘cuidar a dos pájaros de una tirita’ y respeto la lírica del dicho. El castellano lo permite, es una cuestión de imaginación social, colectiva y lingüística”, reflexiona.

IDIOMAS OCCIDENTALES

Por otro lado, Marcellesi, que domina el francés (su lengua nativa), el castellano y el inglés, y tiene conocimientos de alemán, italiano, corso, euskera y catalán, destaca que los idiomas occidentales “maltratan o desprecian, en general, a los demás seres vivos”.

“El castellano no es una excepción. En todos esos idiomas llueve sobre mojado, es decir, sobre la visión que tenemos desde ya la Biblia, luego la Edad Media, el cartesianismo… Esto nos ha inculcado que el ser humano está por encima de los demás vivos. De hecho, todos los códigos civiles del siglo XIX, que son parecidos en toda Europa, vienen de los códigos napoleónicos, que consideraban en ese momento a los animales como bienes muebles y esto es común en todas en las legislaciones europeas”, indica.

No obstante, precisa que “la única diferencia” con el castellano se ciñe a la “importancia” de la tauromaquia en España y los países latinoamericanos. “Tenemos muchísimas expresiones y palabras que provienen directamente de la tauromaquia y se utilizan en el castellano del día al día. Son muy evidentes y un locutor o locutora las reconocerá enseguida, como decir que ‘nos va a pillar el toro’, ‘vemos los toros desde la barrera’ o ‘dar una estocada’. Estocada queda clarísimo que viene de este taurino visible, como yo lo llamo”, comenta.

A este respecto, agrega: “También hay muchas expresiones de lo que yo llamo el taurino oculto. Ahí ni siquiera un locutor o locutora se dará cuenta enseguida de que está utilizando expresiones de la tauromaquia. Por ejemplo, cuando decimos que ‘esto se está pasando de castaño oscuro’. ¿Cuánta gente sabe que viene de la tauromaquia? Esto quizás sea el punto diferencial del castellano, pero dentro de un marco común con el resto de idiomas, que tiene tendencia a menospreciar al resto de los animales y a considerarlos como tontos, malos, despreciables o sucios”.

EL FEMINISMO COMO ESPEJO

Para impulsar el cambio en el lenguaje, Marcellesi mira en el espejo del feminismo. “En el libro me apoyo muchísimo en el libro en el feminismo porque nos ha enseñado que se puede trabajar en torno al idioma, cambiarlo y modificar nuestra visión de cómo hablamos para ir hacia un mejor respeto y menos violencia en el lenguaje”, comenta.

“Estamos viendo hoy en día un ‘backlash’ o retroceso tanto ecológico como sobre el feminismo. De la misma manera, tenemos esta batalla en torno a los animales, aunque de forma distinta porque todavía no hemos avanzado tanto como con el feminismo, que ya lleva 20 o 30 años trabajando sobre el lenguaje. Tenemos guías para un castellano no sexista y eso todavía no existe con los animales no humanos”, lamenta.

En este sentido, reivindica “seguir los pasos del feminismo y ver cómo se puede aplicar de la misma manera para los animales no humanos”. “Ahí vemos justamente cómo se interrelacionan justamente la lucha feminista con la lucha animalista. De hecho, a menudo se utiliza animalización de las personas en contra de las mujeres, como bien lo saben, por desgracia, los tribunales que siguen los casos de violencia de género”, manifiesta.

Para Marcellesi, el lenguaje sexista conduce al especista porque “la sociedad considera al sapiens por encima de los no sapiens, por un lado, y, al mismo tiempo, esta sociedad es patriarcal”. “Las dos cosas se juntan y crean un lenguaje donde de forma mayoritaria se animaliza de forma distinta a hombres y mujeres. No es lo mismo decir a una persona que es un zorro o una zorra, no se entiende igual, o que es una perra o un perro viejo”, expone.

MACHISMO Y ESPECISMO

Además, señala que esas expresiones se usan en el día a día sobre todo por “hombres que maltratan a las mujeres y no al revés”. “En la sección de violencia de género de los tribunales ahí ven muchísimo la animalización de las mujeres para despreciarlas por parte de los hombres que las maltratan, como decimos que es una foca, que es una ballena, que es una cotorra. Y luego todas las palabras que se puede utilizar para sexualizarlas, que son ‘más putas que gallinas’, por ejemplo”, argumenta.

“Hay un cruce clarísimo entre el machismo y el especismo, y se refrenda en el lenguaje. Por eso es tan importante vincular ambas luchas del feminismo y del animalismo para crear un idioma que sea, al mismo tiempo, respetable y cuidadoso de cara a la mitad de la población humana, que son mujeres, y también a todo el resto de seres vivos no humanos”, apostilla.

Marcellesi contextualiza que ahora se está en “los inicios de la reflexión sobre el lenguaje en torno a los animales en el castellano y otros idiomas occidentales”, y ese trabajo “puede ir mucho más rápido” imitando la labor de otros movimientos sociales, como el feminismo.

(SERVIMEDIA)
06 Sep 2026
MGR/clc/gja