Medio ambiente
Los mares de España se calientan un 67% más rápido que la media mundial
- Récords este verano en el Mediterráneo, con 33 grados, y el Cantábrico, con más de 25
- “Cada nuevo récord confirma que la crisis climática ya está aquí”, destaca Greenpeace
El texto se ha copiado correctamente en el portapapeles
Las aguas que rodean la Península Ibérica se calientan un 67% más rápido que la media mundial, a un ritmo de 0,25 grados por década, y este verano ya se han batido nuevos récords con los primeros 33 grados en el Mediterráneo y más de 25 grados en el Cantábrico.
Con esos datos, Greenpeace reclamó este martes a las administraciones públicas “una respuesta urgente y ambiciosa” que pase por reducir “de forma drástica” las emisiones de gases de efecto invernadero, “acelerar” el abandono de los combustibles fósiles y reforzar la protección y restauración de los ecosistemas marinos.
"Los mares se están calentando mucho más rápido de lo que pueden adaptarse sus ecosistemas. Cada nuevo récord confirma que la crisis climática ya está aquí y que retrasar la acción solo hará que los impactos sean cada vez más graves para la biodiversidad y para las personas", apuntó Elvira Jiménez, responsable de Adaptación al Cambio Climático de Greenpeace.
La temperatura global de los océanos batió el pasado julio el récord histórico de calor por segundo mes consecutivo, según el servicio europeo Copernicus.
Las costas españolas no se escapan de ese calentamiento, ya que, según datos de Puertos del Estado recogidos por Servimedia, la boya de la isla Dragonera (al oeste de Mallorca) marcó 33,02 grados el pasado 5 de agosto, lo que supone no solo la temperatura más alta jamás registrada en ese lugar -cuya toma de datos comenzó en 2006-, sino en cualquier punto del Mediterráneo español.
Además, la boya de Bilbao-Vizcaya registró el pasado 20 de julio una temperatura de 25,24 grados, la más alta nunca registrada en el Cantábrico español.
“SITUACIÓN SIN PRECEDENTES”
La actual ola de calor marina que sufre el Mediterráneo ha sido clasificada en categoría 4 (extrema) por la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés), de Estados Unidos.
Además, el 100% de las aguas del Mediterráneo han estado en situación de ola de calor marina en algún momento del año 2022, con temperaturas por encima de la media de forma casi continuada desde 2023.
"Estamos llevando al Mediterráneo a una situación sin precedentes. Cada décima de grado que gana el mar supone más energía disponible para alimentar fenómenos meteorológicos extremos y un mayor impacto sobre los ecosistemas marinos", indicó Jiménez.
“Estos nuevos récords no son un fenómeno aislado ni una simple anomalía meteorológica, sino una consecuencia directa del aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero y del progresivo calentamiento de los océanos”, según Greenpeace.
Esta organización recordó que los océanos absorben más del 90% del exceso de calor generado por el cambio climático, amortiguando el aumento de la temperatura del aire. Sin ese papel regulador, las temperaturas en tierra serían aún más extremas, pero ese ‘escudo’ está llegando a sus límites.
CONSECUENCIA EN EL CLIMA
El calentamiento del mar tiene consecuencias directas sobre el clima. Un agua más cálida evapora más humedad hacia la atmósfera y proporciona combustible adicional a tormentas y episodios de lluvias torrenciales, que pueden ser más intensos y destructivos.
Además, el cambio en la densidad del agua y la pérdida de gradientes de temperatura alteran las corrientes oceánicas, fundamentales para distribuir el calor por el planeta, contribuyendo a una mayor inestabilidad climática. Los ecosistemas marinos son, además, grandes sumideros de carbono, capaces de absorber un 30% del dióxido de carbono en la atmósfera, según Greenpeace.
El aumento de la temperatura del agua también acelera la subida del nivel del mar por expansión térmica, agravando la erosión del litoral y el riesgo de inundaciones costeras. Numerosas playas españolas muestran signos de retroceso y pérdida de arena por la combinación entre los impactos del cambio climático y la presión urbanística sobre la costa.
CONSECUENCIAS EN LA BIODIVERSIDAD
Las consecuencias del calentamiento no se limitan al clima. La biodiversidad marina también acusa un deterioro acelerado. Las especies adaptadas a aguas templadas encuentran cada vez más dificultades para sobrevivir y migran a aguas más frías o, en el caso de especies que no tienen capacidad para desplazarse, sufren impactos sobre sus ciclos vitales e incluso mortandades.
Con mayor temperatura del agua, especies propias de mares más cálidos colonizan nuevos espacios, dando lugar a un fenómeno de tropicalización, como el que experimenta el Mediterráneo. A ello se suma la reducción del oxígeno disponible en agua más caliente, lo que incrementa el estrés sobre los ecosistemas.
Como consecuencia, muchas especies comerciales se desplazan hacia latitudes más frías, alterando la actividad pesquera e impactando especialmente en las pesquerías artesanales que dependen de los caladeros cercanos.
Además, ello aumenta la presencia de especies invasoras que desplazan a la fauna autóctona y organismos especialmente vulnerables y que conforman además el hábitat vital para otras especies, como los corales, o las praderas de posidonia oceánica, pueden superar sus límites de tolerancia térmica y sufrir episodios masivos de mortalidad.
La degradación de estos ecosistemas marinos supone también una amenaza para miles de personas que dependen de ellos para su sustento, desde el sector pesquero hasta las comunidades costeras, cuya economía está ligada a la salud del mar.
(SERVIMEDIA)
11 Ago 2026
MGR/pai


