Cáncer de piel

El melanoma silencia una defensa natural de la piel para crecer y propagarse

Madrid
SERVIMEDIA

Investigadores de la Universidad Juntendo de Tokyo (Japón) han descubierto que el melanoma, la forma más agresiva de cáncer de piel, es capaz de neutralizar una defensa natural de la epidermis para favorecer su crecimiento y expansión, un hallazgo que abre "nuevas posibilidades para el desarrollo de terapias dirigidas contra la enfermedad", según el 'paper' recién publicado en la revista científica 'Cell Reports'.

El estudio revela que las células tumorales reducen la producción de la proteína antimicrobiana LL-37 en los queratinocitos situados alrededor del tumor, debilitando así una barrera biológica que ayuda a contener la progresión de la enfermedad.

Los hallazgos describen un mecanismo mediante el cual el melanoma reprograma las células sanas de la piel para crear un entorno más favorable a su supervivencia. Según los autores, este proceso abre una nueva línea de investigación "para desarrollar tratamientos capaces de preservar o potenciar esta defensa natural y reforzar la respuesta del organismo frente al tumor".

El trabajo, firmado por los científicos de la Juntendo Quan Sun1, Ge Peng, Hideoki Ogawa, Ko Okumura1 y François Niyonsaba, describe la relación entre el melanoma y las células de la epidermis como una auténtica "carrera armamentística" biológica. Mientras los queratinocitos producen esa proteína implicada en la inmunidad innata y en la protección natural de la piel, el tumor despliega mecanismos destinados a reducir su presencia en las zonas más próximas a las células cancerosas.

Al analizar muestras humanas, el equipo observó que los queratinocitos situados junto al melanoma presentaban niveles significativamente menores de LL-37 que aquellos localizados en regiones más alejadas de la epidermis. Este hallazgo demuestra que el tumor es capaz de suprimir localmente una de las defensas naturales de la piel.

EXOSOMAS DEL TUMOR

Desde el punto de vista biológico, los investigadores identificaron como responsables de esta supresión a los exosomas liberados por las células del melanoma, pequeñas vesículas que transportan moléculas capaces de modificar el comportamiento de otras células.

Según el trabajo, estos exosomas contienen microARN que alteran diversas rutas de señalización en los queratinocitos y reducen la producción de LL-37. Como consecuencia, el melanoma logra debilitar una barrera defensiva que normalmente contribuye a limitar la progresión del cáncer.

El estudio también demostró que LL-37 no es únicamente un elemento defensivo de la piel frente a infecciones, sino que posee una actividad antitumoral significativa. Los investigadores comprobaron que concentraciones elevadas de esta proteína reducen la viabilidad de las células del melanoma, frenan su capacidad de desplazarse e invadir tejidos y limitan procesos asociados a la formación de metástasis.

FORTALECER LAS INMUNOTERAPIAS

Aunque los resultados todavía no suponen un cambio inmediato en la práctica clínica, sí identifican una posible nueva estrategia terapéutica.

Los autores consideran que impedir que el melanoma reduzca los niveles de LL-37 o incrementar artificialmente la actividad de esta molécula "podría ayudar a frenar el crecimiento tumoral y complementar los tratamientos actuales".

De hecho, recordaron que ensayos previos "ya habían mostrado que la administración intratumoral de LL-37 podía reducir significativamente el crecimiento de melanomas, un resultado que ahora encuentra una explicación biológica más completa". El trabajo también sugiere que esta molécula podría "fortalecer la eficacia de futuras estrategias de inmunoterapia al favorecer un entorno inmunitario más hostil para el cáncer".

Más allá de su acción directa sobre las células tumorales, LL-37 parece desempeñar un papel relevante en la organización de la respuesta inmunitaria.

Los investigadores observaron que la ausencia de esta proteína favorece un microambiente inmunosupresor, mientras que su presencia incrementa poblaciones de células inmunitarias asociadas a la destrucción del tumor. favorece la presencia de macrófagos y neutrófilos con actividad antitumoral y reduce las características inmunológicas que facilitan la supervivencia y expansión del melanoma.

Según los autores, estos hallazgos sitúan a LL-37 como un regulador clave del ecosistema inmunológico que rodea al tumor.

Los autores reconocieron, no obstante, varias limitaciones: gran parte de los experimentos se realizaron con líneas celulares y modelos animales, por lo que será necesario confirmar estos resultados en pacientes.

Asimismo, subrayan que todavía deben esclarecerse algunos mecanismos moleculares implicados en la comunicación entre el melanoma y los queratinocitos, así como determinar la relevancia clínica exacta de esta vía biológica.

Pese a ello, consideran que los resultados aportan una nueva perspectiva sobre la interacción entre el cáncer y la piel. "Nuestros hallazgos amplían la comprensión del nicho tumoral epidérmico" y muestran cómo una molécula tradicionalmente considerada parte de las defensas frente a infecciones puede desempeñar también un papel activo en la lucha contra el cáncer, concluyeron.

(SERVIMEDIA)
01 Sep 2026
EDU/clc