Educación
La ONCE alerta de que la inclusión educativa “va más allá de las aulas” y pide coordinación entre todos los profesionales
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La responsable de Atención Educativa de la ONCE, Ana Llauradó, alertó este jueves de que la inclusión educativa “va más allá de las aulas” y reclamó una mayor coordinación entre los centros educativos, las familias y todos los profesionales que intervienen con el alumnado con discapacidad visual para garantizar su participación en igualdad de condiciones durante toda la experiencia escolar.
Más de 7.000 estudiantes con ceguera o deficiencia visual grave son atendidos actualmente por la ONCE, el 99% de ellos escolarizados en centros ordinarios.
La organización presta apoyo educativo a estos alumnos desde las primeras etapas de atención temprana hasta los estudios universitarios y superiores, mediante equipos multidisciplinares que trabajan junto a los centros y las familias.
Llauradó explicó a Servimedia que la experiencia educativa “va más allá” del aula y de cuestiones como los libros de texto, los materiales o el acceso al currículo, ya que también comprende “el recreo, el comedor, las excursiones, las actividades complementarias y extraescolares” e incluso “los desplazamientos dentro del propio centro”.
En este sentido, advirtió de que todos estos espacios pueden presentar barreras para el alumnado con discapacidad visual “si no se tienen en cuenta sus necesidades”. En los patios, por ejemplo, señaló la importancia de contar con diferentes zonas y propuestas de juego que permitan a cada estudiante elegir qué quiere hacer y participar con sus compañeros, así como disponer de materiales accesibles, como balones sonoros o elementos con alto contraste.
La responsable de Atención Educativa de la ONCE subrayó además que “no siempre es necesario realizar grandes modificaciones”, sino incorporar pequeños ajustes y planificar las actividades teniendo en cuenta la diversidad. “Todas las actividades, si se planifican y se piensan, pueden, con más o menos ajustes, ser disfrutadas por alumnado con discapacidad visual”, afirmó.
EL COMEDOR, UNA OPORTUNIDAD PARA GANAR AUTONOMÍA
El comedor escolar constituye, según Llauradó, otro de “los espacios fundamentales para trabajar la autonomía personal”. Los estudiantes con discapacidad visual pueden aprender allí habilidades cotidianas como cortar los alimentos, servirse agua, mantener unas normas de comportamiento en la mesa o desenvolverse de manera independiente.
Para facilitar estos aprendizajes, consideró especialmente importante “evitar la sobreprotección” y “no hacer por el alumno aquellas tareas que puede realizar por sí mismo”. También puso como ejemplo la utilización de referencias sencillas, como explicar la ubicación de los alimentos mediante la técnica del reloj: indicar que el filete está “a las tres” y la guarnición “a las nueve”.
A su juicio, estos pequeños apoyos permiten que el alumno pueda desarrollar su autonomía sin quedar apartado del resto de sus compañeros. La misma lógica, añadió, debe aplicarse a las actividades complementarias y extraescolares, que deberían incorporar recursos multisensoriales y verbalizar aquello que ocurre cuando sea necesario para que los estudiantes con discapacidad visual puedan “disfrutar de la experiencia”.
Asimismo, Llauradó señaló que una de las principales barreras para la inclusión aparece cuando los profesionales que trabajan con el alumnado “no cuentan con suficiente formación o conocimiento sobre discapacidad visual”. En ocasiones, explicó, determinadas dificultades “no se producen por falta de voluntad”, sino porque “no se conocen las necesidades específicas del estudiante”.
Por ello, defendió que la formación en inclusión debe reforzarse desde la universidad y durante el ejercicio profesional. “La formación que se recibe en la carrera de base es muy genérica”, apuntó, aunque destacó también que muchos docentes continúan formándose por iniciativa propia “cuando se encuentran con un alumno con discapacidad visual”.
En estos casos, la ONCE desempeña una función de orientación y asesoramiento a los equipos docentes para ayudarles a incorporar estrategias y recursos que favorezcan la participación del alumnado en igualdad de condiciones. “Desde la ONCE estamos no para sustituir en ningún caso lo que se hace en los centros educativos, sino para complementar”, explicó Llauradó.
UNA INCLUSIÓN QUE DEPENDE DE TODO EL ENTORNO
La responsable de Atención Educativa de la ONCE insistió en que la responsabilidad de garantizar una educación inclusiva “no puede recaer únicamente en los profesionales especializados de la ONCE”.
Aunque la organización cuenta con más de 400 profesionales dedicados a la atención educativa, entre ellos maestros, técnicos de rehabilitación, instructores de tiflotecnología y braille, trabajadores sociales, psicólogos y otros especialistas, “la inclusión requiere la implicación de todo el entorno del alumno”.
Esto incluye también a profesionales que pueden intervenir fuera del centro educativo, como monitores de actividades deportivas, profesores de academias o responsables de actividades extraescolares. “Todo el mundo debe jugar un papel en todo esto”, resumió.
Por ello, consideró fundamental que al comienzo de cada curso “centros educativos, familias y profesionales establezcan objetivos comunes”, determinen qué competencias debe alcanzar el alumno y creen mecanismos de seguimiento y comunicación periódica. “Si no nos ponemos de acuerdo en los objetivos, difícilmente va a existir esa coordinación”, advirtió.
Durante el curso 2025/2026, la ONCE atendió a más de 7.000 estudiantes con ceguera o deficiencia visual grave, incluidos alumnos con sordoceguera o discapacidades asociadas. De ellos, 1.103 cursaban Educación Infantil; 1.421, Primaria; 1.128, Educación Secundaria Obligatoria; 1.306, Educación Básica Obligatoria; 298, Bachillerato; 526, Formación Profesional; 803, estudios universitarios, y 549, otras enseñanzas.
La atención se desarrolla a través de equipos específicos que trabajan de manera coordinada con las administraciones educativas y los centros escolares. Para Llauradó, esta colaboración es “esencial” para que la inclusión no se limite al acceso al currículo, sino que abarque “todos los espacios, tiempos y experiencias que forman parte de la vida educativa”.
“Hay que tener en cuenta que la inclusión educativa va más allá de las aulas” y trabajar “de forma coordinada con todos los profesionales que intervienen con el alumno en pro de la consecución de los objetivos que se hayan fijado, es decir, ir todos a uno”, concluyó.
(SERVIMEDIA)
03 Sep 2026
RIM/mjg
