Medio ambiente
La ONU declara el inicio de una “era de bancarrota hídrica mundial”
- Un informe muestra la “verdad incómoda” de que “muchas regiones están viviendo por encima de sus posibilidades” sobre el agua
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Un informe de Naciones Unidas declaró este martes el comienzo de una “era de bancarrota hídrica mundial” e invitó a los líderes mundiales a facilitar una “adaptación honesta y basada en la ciencia” de la “nueva realidad” para miles de millones de personas.
Ese informe, titulado ‘Bancarrota hídrica mundial: vivir más allá de nuestros recursos hidrológicos en la era posterior a la crisis’, fue realizado por el Instituto Universitario de las Naciones Unidas para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud (UNU-Inweh), una de las 13 instituciones que conforman la Universidad de las Naciones Unidas (UNU), el brazo académico de la ONU.
El estudio del conocido como ‘Grupo de Expertos de la ONU sobre el Agua’ se difundió en medio del agotamiento crónico de las aguas subterráneas, la sobreasignación de agua, la degradación de la tierra y el suelo, la deforestación y la contaminación, todo ello agravado por el calentamiento global.
“La escasez de agua se está convirtiendo en un factor de fragilidad, desplazamiento y conflicto”, afirma Tshilidzi Marwala, secretaria general adjunta de la ONU, quien agrega: “Gestionarla de manera justa -garantizando la protección de las comunidades vulnerables y el reparto equitativo de las pérdidas inevitables- es ahora fundamental para mantener la paz, la estabilidad y la cohesión social”.
El trabajo sostiene que los términos familiares “estrés hídrico” y “crisis del agua” no reflejan la realidad actual en muchos lugares, esto es, una condición posterior a la crisis marcada por pérdidas irreversibles de capital hídrico natural y una incapacidad para recuperar los niveles históricos.
“Este informe cuenta una verdad incómoda: muchas regiones están viviendo por encima de sus posibilidades hidrológicas y muchos sistemas hídricos críticos ya están en quiebra”, resume Kaveh Madani, director del UNU-Inweh.
“INGRESOS” Y “AHORROS”
Expresado en términos financieros, el informe señala que muchas sociedades no solo han gastado en exceso sus “ingresos” anuales de agua renovable proveniente de ríos, suelos y capas de nieve, sino que también han agotado los “ahorros” a largo plazo en acuíferos, glaciares, humedales y otros reservorios naturales.
Esto ha dado lugar a una lista cada vez mayor de acuíferos compactados, hundimientos de tierras en deltas y ciudades costeras, desaparición de lagos y humedales y una pérdida irreversible de la biodiversidad.
Para Madani, no todas las cuencas ni todos los países están en bancarrota hídrica, pero “suficientes sistemas críticos en todo el mundo han superado estos umbrales”. “Estos sistemas están interconectados a través del comercio, la migración, las retroalimentaciones climáticas y las dependencias geopolíticas, por lo que el panorama global de riesgos ha cambiado radicalmente”, subraya.
El informe de la UNU se basa en un artículo de la revista ‘Water Resources Management’ que define formalmente la bancarrota hídrica como la extracción excesiva y persistente de aguas superficiales y subterráneas en relación con los flujos renovables y los niveles seguros de agotamiento, y la consiguiente pérdida irreversible o prohibitivamente costosa del capital natural relacionado con el agua.
Por el contrario, el “estrés hídrico” refleja una alta presión que sigue siendo reversible y la “crisis del agua” describe crisis agudas que pueden superarse.
Madani subraya como puntos esenciales que no se puede proteger el agua si se permite que el ciclo hidrológico, el clima y el capital natural subyacente que la produce se interrumpan o dañen; que el agua trasciende las fronteras políticas tradicionales; invertir en agua también implica invertir en la mitigación del cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la desertificación, y un renovado énfasis global en el agua podría ayudar a reactivar negociaciones estancadas y revitalizar los procesos internacionales paralizados.
‘PUNTOS CALIENTES’
Como ‘puntos calientes’, el informe destaca, por ejemplo, la región del Medio Oriente y el Norte de África, donde el alto estrés hídrico, la vulnerabilidad climática, la baja productividad agrícola, la desalinización con alto consumo de energía y las tormentas de arena y polvo se cruzan con economías políticas complejas.
Además, en algunas partes del sur de Asia, la agricultura y la urbanización que dependen de las aguas subterráneas han producido descensos crónicos de los niveles freáticos y hundimientos locales.
En el suroeste de Estados Unidos, el río Colorado y sus embalses se han convertido en símbolos de agua prometida en exceso.
NÚMEROS ROJOS
Basándose en conjuntos de datos globales y evidencia científica reciente, el informe presenta un panorama estadístico de las tendencias, la gran mayoría causadas por los seres humanos. Por ejemplo, el 50% de los grandes lagos en todo el mundo han perdido agua desde principios de la década de 1990 (un 25% de la humanidad depende directamente de ellos).
La mitad del agua doméstica mundial ahora se deriva de aguas subterráneas y más de un 40% del agua de riego extraída de los acuíferos se está drenando de forma constante.
Además, el 70% de los principales acuíferos muestran un declive a largo plazo y 410 millones de hectáreas de humedales naturales (casi el tamaño de la UE) han desaparecido en las últimas cinco décadas.
El planeta ha perdido más de un 30% de masa glaciar desde 1970, y se espera que cadenas montañosas enteras de latitudes bajas y medias se queden sin glaciares funcionales por completo dentro de unas décadas.
Docenas de grandes ríos que ahora no llegan al mar durante partes del año y unos 100 millones de hectáreas de tierras de cultivo están dañadas solo por la salinización.
CONSECUENCIAS HUMANAS
En otro orden de cosas, la situación hídrica mundial acarrea consecuencias humanas. Por ejemplo, el 75% de la humanidad vive en países clasificados como con inseguridad hídrica o con inseguridad hídrica crítica.
Unos 2.000 millones de personas residen en terreno hundido, algunas ciudades experimentan unos 25 centímetros de caída anual y 4.000 millones de ciudadanos afrontan una grave escasez de agua al menos un mes al año.
Igualmente, unos 170 millones de hectáreas de tierras de cultivo irrigadas se encuentran con estrés hídrico alto o muy alto, equivalentes a las superficies de Francia, España, Alemania e Italia juntas.
Los servicios ecosistémicos de humedales perdidos están valorados en 5,1 billones de dólares anuales y 3.000 millones de personas viven en áreas donde el almacenamiento total de agua está disminuyendo o es inestable y donde más del 50% de los alimentos mundiales se producen en esas mismas regiones estresadas.
Además, unos 1.800 millones de personas estuvieron condiciones de sequía en 2022-2023 y el coste anual actual de la sequía mundial asciende a 307.000 millones de dólares.
Unos 2.200 millones personas carecen de agua potable gestionada de forma segura, mientras que 3.500 millones no disponen de servicios de saneamiento gestionados de forma segura.
UMBRALES IRREVERSIBLES
Por otro lado, el informe indica que una región puede inundarse un año y aun así estar en bancarrota hídrica si las extracciones a largo plazo superan la reposición de agua. En ese sentido, la bancarrota hídrica no se trata de lo húmedo o seco parezca un lugar, sino de equilibrio, contabilidad y sostenibilidad.
“Al igual que ocurre con el cambio climático global o las pandemias, una declaración de quiebra hídrica mundial no implica un impacto uniforme en todas partes, sino que suficientes sistemas en todas las regiones y niveles de ingresos se han vuelto insolventes y han cruzado umbrales irreversibles para constituir una condición a escala planetaria", explica Madani.
Además, Madani recalca que “la bancarrota hídrica también es global porque sus consecuencias se propagan”, quien apunta que “la agricultura representa la mayor parte del consumo de agua dulce y los sistemas alimentarios están estrechamente interconectados a través del comercio y los precios”.
“Cuando la escasez de agua socava la agricultura en una región, las consecuencias se propagan por los mercados globales, la estabilidad política y la seguridad alimentaria en otras partes. Esto hace que la bancarrota hídrica no sea una serie de crisis locales aisladas, sino un riesgo global compartido que exige un nuevo tipo de respuesta: la gestión de la bancarrota, no la gestión de crisis”, recalca.
NUEVA AGENDA MUNDIAL
El informe advierte de que la actual agenda mundial del agua, centrada en gran medida en el agua potable, el saneamiento y las mejoras incrementales de la eficiencia, ya no es adecuada en muchos lugares y exige una nueva agenda mundial del agua.
Esa agenda debería reconocer formalmente el estado de quiebra hídrica y que el agua es tanto una limitación como una oportunidad para cumplir con los compromisos en materia de clima, biodiversidad y tierra.
Además, tendría que elevar las cuestiones del agua en las negociaciones sobre el clima, la biodiversidad y la desertificación, la financiación del desarrollo y los procesos de consolidación de la paz, e integra el análisis de la escasez hídrica en marcos globales, utilizando observación de la Tierra, inteligencia artificial y modelos integrados.
PRIORIDADES
En términos prácticos, la gestión de la quiebra hídrica requiere que los países se centren en prioridades como prevenir más daños irreversibles, como la pérdida de humedales, el agotamiento destructivo de las aguas subterráneas y la contaminación incontrolada, y reequilibrar los derechos, las reclamaciones y las expectativas para que coincidan con la capacidad de carga degradada.
Otras prioridades son apoyar transiciones justas para las comunidades cuyos medios de vida deben cambiar y transformar los sectores que hacen un uso intensivo del agua, incluida la agricultura y la industria, mediante cambios en los cultivos, reformas del riego y sistemas urbanos más eficientes.
“EMPEZAR DE CERO”
El informe subraya que la bancarrota hídrica no es solo un problema hidrológico, sino un asunto de justicia con profundas implicaciones sociales y políticas que requiere atención en los más altos niveles de gobierno y de cooperación multilateral.
Las cargas recaen desproporcionadamente sobre los pequeños agricultores, los pueblos indígenas, los residentes urbanos de bajos ingresos, las mujeres y los jóvenes, mientras que los beneficios del uso excesivo a menudo recaen en actores más poderosos.
Madani añade: “La gestión de la quiebra requiere honestidad, valentía y voluntad política. No podemos reconstruir los glaciares desaparecidos ni reactivar los acuíferos gravemente compactados. Pero sí podemos evitar una mayor pérdida del capital natural que nos queda y rediseñar las instituciones para que se ajusten a los nuevos límites hidrológicos”.
“A pesar de sus advertencias, el informe no es una declaración de desesperanza. Es un llamamiento a la honestidad, el realismo y la transformación. Declararse en bancarrota no significa rendirse, sino empezar de cero. Al reconocer la realidad de la bancarrota hídrica, finalmente podemos tomar las decisiones difíciles que protegerán a las personas, las economías y los ecosistemas. Cuanto más nos demoremos, más se agravará el déficit”, concluye Madani.
(SERVIMEDIA)
20 Ene 2026
MGR/clc


