Salud

Las personas con psicosis viven en ‘metáforas’ cuando tienen delirios

- Según un estudio

MADRID
SERVIMEDIA

Los delirios en la psicosis están moldeados por experiencias físicas de emociones fuertes y profundas, lo que lleva a vivir en ‘metáforas’ y no por tener ‘fallos’ en el cerebro.

Esa es la conclusión principal de un nuevo estudio realizado por investigadores de las universidades de Birmingham y York (Reino Unido), y de Melbourne (Australia), en colaboración con el instituto australiano de investigación de salud mental juvenil Orygen. El trabajo aparece publicado este martes en la revista ‘The Lancet Psychiatry’.

El artículo desafía las viejas nociones de la idea del ‘cerebro defectuoso’ en los delirios y es la primera investigación conocida de cómo estos están moldeados por las emociones y el lenguaje.

En cambio, esas personas pueden estar ‘viviendo’ una emoción profundamente arraigada, lo que ofrece una perspectiva distinta sobre uno de los elementos más desconcertantes de la psicosis.

Los delirios suelen describirse como creencias fijas o falsas, se entienden como déficits cognitivos o de razonamiento y suelen representarse como incomprensibles y extraños en la cultura popular.

“Nuestra investigación proporciona una perspectiva radicalmente diferente sobre los delirios psicóticos, demostrando cómo surgen del tejido emocional, corporal y lingüístico de la vida de las personas”, según Rosa Ritunnano, del Instituto de Salud Mental de la Universidad de Birmingham.

Ritunnano añade: “Durante mucho tiempo, los profesionales clínicos han luchado por comprender el origen de los delirios y cómo se forman. Nuestra investigación ofrece una nueva perspectiva al mostrar cómo los delirios se basan en experiencias emocionales que implican una gran perturbación física”.

EMOCIONES FUERTES

El estudio revela que los delirios no son ideas aisladas producidas por ‘fallos en el cerebro’, sino que reflejan patrones distintivos del cuerpo que reaccionan a emociones fuertes o experiencias de disociación.

Los participantes de la investigación describieron estados alternos de intensa encarnación emocional, como sentirse expuesto, poderoso o conectado con Dios, y desencarnación, como sentirse irreal o separado del propio cuerpo, de otras personas y del mundo.

Antes de que comenzaran los delirios, las personas a menudo pasaban por experiencias perturbadoras o traumáticas que desencadenaban los mismos sentimientos intensos que luego sentían durante los delirios, especialmente vergüenza.

Experiencias negativas repetidas, como ser objeto de burlas y humillación pública por parte de acosadores, podrían inducir la percepción corporal de ser vigilado por otros cuando no hay nadie presente (delirios de referencia).

Estos se convierten en creencias persecutorias de que otros los persiguen y de que un público puede ver literalmente lo que hacen o escuchar lo que piensan en todo momento, sin dejar espacio para la privacidad (delirios de transmisión del pensamiento).

Las experiencias delirantes no siempre fueron negativas. Para algunos participantes, implicaron fuertes sentimientos de asombro, amor y conexión espiritual, lo que fomentó un sentido positivo de identidad y una renovada esperanza en el futuro.

LENGUAJE FIGURATIVO

Una característica llamativa de los relatos de los participantes fue el uso de lenguaje figurativo y metonímico (expresiones que vinculan sensaciones corporales con emociones complejas o ideas abstractas).

Esto ayuda a explicar por qué el contenido delirante puede parecer inusual o extraño. Por ejemplo, sentirse ‘expuesto’ o ‘contaminado’ podría expresarse mediante la creencia de ser observado por cámaras o estar contaminado (como en los delirios de parasitosis).

El lenguaje refleja cómo los conceptos emocionales toman forma en las experiencias corporales, estableciendo vínculos cognitivos fundamentales entre, por ejemplo, la emoción del amor paternal y la sensación física de calidez, o la emoción de la vergüenza y la sensación física de ser ‘visto’ por otros.

“Todos usamos metáforas y narrativas para comprender nuestras experiencias y dar sentido a nuestras vidas. Pero los pacientes con psicosis lo hacen con mayor intensidad”, indica Jeannette Littlemore, profesora de Lingüística y Comunicación en la Universidad de Birmingham.

Littlemore subraya: “Como resultado de haber vivido experiencias emocionales intensas (a menudo negativas), a las que el cuerpo responde y que se ven moldeadas por el lenguaje cotidiano, las personas que experimentan delirios psicóticos viven en metáforas. Pueden sentirse encantados y decir que son tan felices que pueden ‘tocar el cielo’; esto podría llevarlos a experimentar el delirio de creer que pueden volar”.

El estudio argumenta que comprender mejor cómo surgen los delirios puede utilizarse para brindar una atención más eficaz a las personas con psicosis. Los participantes sintieron que no había espacio para hablar sobre el significado de sus delirios en el contexto de su tratamiento y recuperación de la psicosis, lo que les generó mayor vergüenza y aumentó la sensación de rechazo y marginación.

Los investigadores destacan la importancia de prestar atención al mundo corporal y emocional de las personas y cómo los expresan, al desarrollar enfoques compasivos y efectivos para el cuidado de la psicosis.

El artículo concluye que los delirios no son simplemente creencias erróneas, sino intentos encarnados de restaurar el sentido y el equilibrio emocional cuando la vida se vuelve abrumadora. Las metáforas y narrativas que utilizan las personas son clave para comprender su sufrimiento y no son signos de irracionalidad.

(SERVIMEDIA)
13 Ene 2026
MGR/clc