Tendencias políticas

El populismo en Europa se alimenta del coste de la vida y la insatisfacción laboral, según un estudio

- La precariedad en el trabajo empuja a los hombres hacia ideas populistas y las dificultades económicas, a las mujeres

MADRID
SERVIMEDIA

Aunque a menudo se culpa a la inmigración del auge del populismo, el coste de la vida y la insatisfacción laboral masculina desempeñaron un papel importante en el aumento del apoyo a las políticas populistas hace una década en Europa.

Esa esa la conclusión de una investigación liderada por Lorenza Antonucci, del Departamento de Sociología de la Universidad de Cambridge (Reino Unido), y difundida este martes. El estudio define el populismo como una ideología que divide a la sociedad en grupos antagónicos y exige que la política se rija por la ‘voluntad del pueblo’.

La investigación se basa en datos de más de 75.000 personas en 10 países (Alemania, Austria, España, Francia, Hungría, Italia, Países Bajos, Polonia, Rumanía y Suecia) entre 2015 y 2018, cuando la ola populista arrasó Europa: desde el 'Brexit' en el Reino Unido y la llegada al poder de los partidos ultraderechistas PiS en Polonia y el AfD en el Bundestag (Alemania).

Gran parte de la preocupación se ha centrado en los ‘marginados’ que impulsan el populismo europeo. Sin embargo, las conclusiones de Antonucci, publicadas en el libro ‘Política de inseguridad’, demuestran que los trabajadores, cada vez más agobiados por las preocupaciones económicas y desilusionados con sus empleos, son mucho más propensos a apoyar a los partidos populistas.

La inseguridad económica y la desilusión con empleos precarios son la raíz del auge populista en Europa, según la investigación. La hostilidad hacia los inmigrantes tiene eco porque las preocupaciones económicas y la ansiedad por el estatus social están muy extendidas, y los sentimientos antimigratorios son una forma fácil de canalizar las frustraciones que la gente tiene sobre su vida.

PREOCUPACIÓN FINANCIERA

Para la población europea en general, la sensación de inseguridad financiera, independientemente de los ingresos (desde la ansiedad por las facturas hasta la incapacidad para cubrir gastos inesperados) se revela como el factor predictivo más importante de una perspectiva anti-élites y del voto a partidos populistas tanto de derecha como de izquierda.

De hecho, la investigación de Antonucci muestra que, en 2018, obtener una puntuación superior a la media en cuanto a la preocupación por las finanzas aumentó las probabilidades de votar por un partido populista entre 17 y 20 puntos porcentuales en Alemania, Francia y Suecia, en comparación con quienes se sentían más seguros económicamente.

En 2018, la relación entre las preocupaciones económicas y el voto incrementó el apoyo al populismo en Italia, España y Países Bajos entre 4 y 10 puntos porcentuales.

DESILUSIÓN

La investigación también muestra que la desilusión general con la calidad del trabajo estaba relacionada con el voto a los populistas en la mayoría de las grandes naciones europeas, hasta en 12 puntos porcentuales. Antonucci señala que, en aquel momento, los dos partidos principales en varios de estos países estaban separados por tan solo alrededor del 10% de los votos.

“El sistema de partidos políticos está extremadamente fragmentado y la mayoría de las elecciones nacionales se ganan con márgenes mucho menores que algunos de los efectos que las preocupaciones económicas tuvieron en los votos de los partidos radicales en el apogeo de la ola populista europea”, según Antonucci.

La crisis del coste de la vida se percibe como una conmoción posterior a la pandemia, pero sus raíces son mucho más profundas en toda Europa, especialmente tras el rescate bancario. Los datos sugieren que el apoyo populista se basa en inseguridades cotidianas que afectan tanto a las clases medias bajas como a los sectores más desfavorecidos.

“Incluso para las personas con empleos estables, muchos trabajadores sienten que están librando una batalla perdida contra la intensificación del trabajo, la presión laboral, la disminución de los salarios y la pérdida de control sobre cómo realizan su trabajo”, apunta Antonucci.

DIFERENCIA DE GÉNERO

Otro estudio incluido en el libro revela una diferencia de género en la forma en que la calidad del trabajo afecta el apoyo al populismo. Antonucci y su equipo compararon datos de casi 21.000 pares de trabajadores estadísticamente similares en 23 países europeos entre 2015 y 2018, para investigar cómo las condiciones laborales se relacionaban con las intenciones de voto.

En el caso de los hombres, tener un empleo de alta presión -trabajar a un ritmo acelerado y con plazos de entrega ajustados- aumenta la probabilidad de votar por partidos de extrema derecha de un 14% a un 18%.

Sin embargo, los hombres que sentían que estaban mal pagados, carecían de perspectivas profesionales y recibían poco reconocimiento tenían una probabilidad aún mayor de votar por la derecha radical, pasando la probabilidad de un 12% a casi un 20% cuando la insatisfacción laboral era alta.

Para los hombres, esta desilusión laboral fue un indicador mucho mejor del voto populista que el miedo al despido, que tuvo poca repercusión en el apoyo al populismo.

“La inseguridad laboral tiene que ver con la calidad del empleo, no solo con el desempleo. La gente siente una presión creciente y una falta de autonomía, además de perspectivas limitadas y un mal equilibrio entre la vida laboral y personal. Para muchos hombres, esto se relaciona con la pérdida de estatus social vinculada al trato que reciben en el trabajo”, indica Antonucci.

Para las mujeres, la precariedad económica, más que las condiciones laborales, las inclinó hacia el populismo. La probabilidad de votar por partidos populistas, tanto de izquierda como de derecha, aumentó de un 18% a un 25% entre las que manifestaron dificultades para subsistir con sus ingresos.

SEGURIDAD Y COMPETITIVIDAD

Los principales partidos europeos han abandonado gran parte de su terreno político tradicional en materia de seguridad, familia y redes de protección social, centrándose en mejorar la competitividad mediante la desregulación, la flexibilidad en la contratación y el despido, y la oferta de prestaciones más específicas. Esto ha hecho que las sociedades sean más competitivas económicamente, pero menos seguras socialmente, según Antonucci.

En el libro, Antonucci analiza los manifiestos de los partidos políticos de toda Europa durante las dos primeras décadas de este siglo y demuestra que los populistas llenaron este vacío político impulsando discursos de ‘seguridad’: ya fuera la redistribución a favor del Estado en la izquierda, o la solidaridad nacionalista nativista y el ‘apoyo a los nuestros’ en la derecha.

“Los partidos populistas explotaron esta brecha ofreciendo soluciones simplistas a la inseguridad. En la derecha, esto se tradujo en afirmar que los votantes estaban perdiendo terreno frente a los inmigrantes en la competencia por empleos, bienestar social y recursos. Estos partidos ofrecen seguridad a través del chovinismo asistencialista y el retorno al papel de la familia como proveedora”, recalca Antonucci.

(SERVIMEDIA)
31 Mar 2026
MGR/clc/gja