Infancia

La pornografía y la violencia en videojuegos concentran la exposición temprana de adolescentes a contenidos peligrosos

MADRID
SERVIMEDIA

La pornografía y los contenidos violentos en videojuegos son los materiales peligrosos a los que antes acceden los adolescentes, en muchos casos antes de los 12 años y con escasa supervisión parental, según un estudio elaborado por investigadores de la Universidad Complutense de Madrid y The Family Watch.

Según el estudio ‘Jóvenes y contenidos digitales: Pornografía, violencia explícita, hipersexualización’, presentado este martes por ambas entidades, el periodo de mayor vulnerabilidad se sitúa entre los 12 y los 13 años, franja en la que entre un 40% y un 50% de los adolescentes tiene su primera exposición a contenidos considerados peligrosos o inadecuados. El trabajo identifica especialmente el consumo de pornografía y de contenidos violentos en videojuegos como los más frecuentes antes de los 12 años.

La investigación, centrada en jóvenes españoles de entre 16 y 29 años, señala que las primeras experiencias relacionadas con este tipo de contenidos se producen durante la adolescencia temprana, entre los 10 y los 14 años, en una etapa vinculada al acceso al primer teléfono móvil y a una mayor autonomía personal. El estudio apunta además que solo un 32,5% de los encuestados afirma haber tenido algún tipo de control parental en sus dispositivos.

El estudio recoge que los contenidos relacionados con autolesiones, suicidio o pornografía suelen consumirse principalmente desde espacios privados del hogar, mientras que el entorno escolar aparece más ligado al acceso a contenidos agresivos o de carácter sexual. Según los datos recogidos, un 48% accede a contenidos vinculados con autolesiones desde su habitación y un 44,8% hace lo mismo con la pornografía.

La directora general de The Family Watch, María José Olesti, advirtió de que “la adolescencia es una etapa de especial vulnerabilidad y los datos del estudio muestran que muchos menores están accediendo a contenidos inadecuados cuando todavía no han alcanzado la pubertad y no cuentan con la madurez suficiente para gestionarlos”. Además, defendió que “es fundamental que los padres ejerzan una supervisión activa sobre el uso del teléfono móvil”.

Olesti también reclamó “reforzar la formación afectivo-sexual en los colegios desde una perspectiva educativa y preventiva” para ayudar a los menores “a comprender el valor del respeto, la intimidad y las relaciones sanas”, así como acompañar a las familias para que conozcan “los riesgos reales del entorno digital y sepan cómo actuar”.

Asimismo, hizo “un llamamiento a las empresas tecnológicas para que asuman una mayor corresponsabilidad” y defendió que “la protección del menor debería estar integrada desde el diseño de los dispositivos y plataformas digitales, incorporando controles parentales automáticos y mecanismos de seguridad fáciles de utilizar”.

El estudio ha contado con el apoyo de las fundaciones Arana y Methos y ha sido elaborado por las investigadoras Sonia Carcelén, María Galmés, Gema Martínez y Mónica Díaz-Bustamante con el objetivo de analizar el contexto en el que se produce el consumo de contenidos peligrosos durante la adolescencia.

(SERVIMEDIA)
19 Mayo 2026
JNV/gja