Accidente trenes

Psicólogos subrayan la necesidad de un seguimiento prolongado a los afectados por el accidente en Adamuz

Madrid
SERVIMEDIA

El accidente ferroviario ocurrido en el municipio cordobés de Adamuz ha vuelto a situar en primer plano la importancia de “garantizar una atención psicológica continuada a las personas afectadas por emergencias colectivas”, más allá de la intervención inmediata. Especialistas en psicología clínica y neurociencias advirtieron este martes de que las secuelas emocionales pueden “aparecer de forma diferida” y reclamaron “un acompañamiento profesional sostenido en el tiempo”.

El profesor de Psicología de la Universidad CEU San Pablo, Fernando Miralles, y la doctora en Neurociencias y experta en trauma de la Universidad Internacional de Valencia (VIU), Aránzazu Duque Moreno, coincidieron, en entrevistas concedidas a Servimedia, en que las reacciones emocionales iniciales tras un accidente grave “forman parte de una respuesta normal ante una amenaza vital”, pero requieren “seguimiento para evitar complicaciones posteriores”.

Miralles explicó que en las primeras horas y días “la prioridad es garantizar la seguridad psicológica de las víctimas, alejarlas del contexto del accidente y reducir la sensación de amenaza”. En este periodo, señaló, son frecuentes reacciones como el estado de shock, el miedo intenso, el llanto, la irritabilidad o la desorientación, así como síntomas físicos como taquicardias, temblores o alteraciones del sueño. “Estas respuestas no deben patologizarse, pero sí observarse de cerca”, advirtió.

Desde un enfoque neurocientífico, Duque Moreno indicó que tras un evento traumático “el cerebro entra en modo supervivencia”, con una activación intensa de los circuitos del miedo y una disminución de la capacidad de regulación emocional. “Esta respuesta es adaptativa en un primer momento, pero si se mantiene puede derivar en un trastorno de estrés postraumático”, señaló.

Ambos expertos alertaron de que los problemas psicológicos pueden “aparecer semanas después del accidente”. Miralles destacó que entre los tres días y el primer mes puede desarrollarse “un cuadro de estrés agudo” y que, si los síntomas persisten más allá de ese periodo, “existe riesgo de estrés postraumático”. Entre las principales señales de alarma citó la persistencia de recuerdos intrusivos, la evitación de estímulos relacionados con el suceso, la hipervigilancia constante, la irritabilidad extrema o el consumo abusivo de alcohol o fármacos.

Los especialistas también llamaron la atención sobre el “impacto de la exposición continuada a imágenes e informaciones sobre el accidente”. Según Duque Moreno, “la repetición mediática puede reactivar el trauma en las víctimas y aumentar la ansiedad en la población general”, al favorecer el “revivir constante del suceso”.

El impacto emocional alcanza asimismo a los equipos de rescate, sanitarios y a las personas que participan en las labores de auxilio. Aunque los profesionales cuentan con formación específica, pueden “sufrir desgaste emocional y fatiga por compasión”. En el caso de los voluntarios o personas no profesionales, el riesgo de “estrés agudo es mayor”. Por ello, ambos expertos coincidieron en la necesidad de “ofrecer apoyo psicológico también a quienes intervienen en la emergencia”.

En cuanto al abordaje a medio y largo plazo, Miralles y Duque subrayaron la importancia de “un acompañamiento psicológico continuado”, basado en intervenciones con evidencia científica, como “las terapias cognitivo-conductuales”, y adaptado a los tiempos individuales de cada persona. “La recuperación emocional no es lineal y no debe forzarse”, señaló Duque Moreno.

Los expertos concluyeron que integrar el cuidado psicológico prolongado en los protocolos de respuesta ante emergencias es “clave para prevenir secuelas a largo plazo y favorecer una recuperación real” de las personas afectadas por accidentes como el de Adamuz.

(SERVIMEDIA)
20 Ene 2026
RIM/clc