Clima

Récord de calor en los mares españoles con 33 grados en el Mediterráneo y 28 en el Cantábrico

- Solo el golfo de Cádiz y Canarias se libran del calentamiento histórico de 2026

MADRID
SERVIMEDIA

Las aguas superficiales de mares que rodean a España han batido este verano récords históricos en el Mediterráneo, que ha superado por primera vez los 33 grados, mientras que el Cantábrico ha rebasado los 28 y el Atlántico Norte ha superado los 22.

Así se desprende de un análisis realizado por Servimedia a partir de las mediciones de temperatura de las 28 boyas (15 exteriores y 13 costeras) que gestiona Puertos del Estado, organismo dependiente del Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana.

Doce boyas han contabilizado este verano récords históricos de calor en sus aguas y una lo ha igualado, repartidas por el Mediterráneo, el Cantábrico y el Atlántico Norte. Solamente el golfo de Cádiz y Canarias se libran del calentamiento histórico de los últimos meses.

MEDITERRÁNEO

Las aguas superficiales del Mediterráneo español se calentaron por encima de los 33 grados por primera vez desde que hay datos, puesto que la boya de la isla Dragonera (al oeste de Mallorca) marcó 33,02 grados el pasado 5 de agosto, lo que supone no solo la temperatura más alta jamás registrada en ese lugar (cuya toma de datos comenzó en 2006), sino en cualquier punto de esa cuenca marina.

Además, otras seis boyas mediterráneas han marcado valores térmicos récord en las últimas semanas, con 32,36 grados en Mahón (Menorca) el 8 de agosto; 30,70 en la boya costera de Tarragona el 9 de agosto; 30,31 en la boya exterior de Tarragona el 13 de agosto; 29,77 en el cabo de Palos (Murcia) el 21 de julio; 29,18 en el cabo de Begur (Girona) el 16 de agosto, y 28,84 en el cabo de Gata (Almería) el 19 de agosto.

CANTÁBRICO

Respecto al Cantábrico, la primera ola de calor del verano contribuyó a que esa cuenca marina superara por primera vez los 28 grados desde al menos 1990, año en que comienza la toma de datos en alguna de sus boyas. Concretamente, la boya costera de Pasaia II (Guipúzcoa) marcó 28,4 grados el 23 de junio.

Este mes de agosto se ha sumado a los récords cantábricos con 25,27 grados en la boya exterior de Bilbao-Vizcaya el pasado día 12 y 23,13 grados en la boya exterior de Estaca de Bares (A Coruña) el día 13.

ATLÁNTICO NORTE

Por último, las aguas superficiales del Atlántico Norte español han superado este estío los 22 grados desde al menos 1998, cuando comienza el registro histórico en dos de sus boyas. Así, la de Villano-Sisargas (A Coruña) marcó 22,17 grados el pasado 13 de agosto.

La boya exterior de cabo Silleiro (Pontevedra) midió 21,29 grados el pasado 24 de julio, récord en ese lugar en casi tres décadas de serie de datos.

CRISIS CLIMÁTICA

Las aguas que rodean la Península Ibérica se calientan un 67% más rápido que la media mundial, a un ritmo de 0,25 grados por década, según Greenpeace, que ha reclamado a las administraciones públicas “una respuesta urgente y ambiciosa” que pase por reducir “de forma drástica” las emisiones de gases de efecto invernadero, “acelerar” el abandono de los combustibles fósiles y reforzar la protección y restauración de los ecosistemas marinos.

"Los mares se están calentando mucho más rápido de lo que pueden adaptarse sus ecosistemas. Cada nuevo récord confirma que la crisis climática ya está aquí y que retrasar la acción solo hará que los impactos sean cada vez más graves para la biodiversidad y para las personas", apuntó Elvira Jiménez, responsable de Adaptación al Cambio Climático de Greenpeace.

El calentamiento del mar tiene consecuencias directas sobre el clima. Un agua más cálida evapora más humedad hacia la atmósfera y proporciona combustible adicional a tormentas y episodios de lluvias torrenciales, que pueden ser más intensos y destructivos.

Además, el cambio en la densidad del agua y la pérdida de gradientes de temperatura alteran las corrientes oceánicas, fundamentales para distribuir el calor por el planeta, contribuyendo a una mayor inestabilidad climática. Los ecosistemas marinos son, además, grandes sumideros de carbono, capaces de absorber un 30% del dióxido de carbono en la atmósfera, según Greenpeace.

El aumento de la temperatura del agua también acelera la subida del nivel del mar por expansión térmica, agravando la erosión del litoral y el riesgo de inundaciones costeras. Numerosas playas españolas muestran signos de retroceso y pérdida de arena por la combinación entre los impactos del cambio climático y la presión urbanística sobre la costa.

CONSECUENCIAS EN LA BIODIVERSIDAD

Las consecuencias del calentamiento no se limitan al clima. La biodiversidad marina también acusa un deterioro acelerado. Las especies adaptadas a aguas templadas encuentran cada vez más dificultades para sobrevivir y migran a aguas más frías o, en el caso de especies que no tienen capacidad para desplazarse, sufren impactos sobre sus ciclos vitales e incluso mortandades.

Con mayor temperatura del agua, especies propias de mares más cálidos colonizan nuevos espacios, dando lugar a un fenómeno de tropicalización, como el que experimenta el Mediterráneo. A ello se suma la reducción del oxígeno disponible en agua más caliente, lo que incrementa el estrés sobre los ecosistemas.

Como consecuencia, muchas especies comerciales se desplazan hacia latitudes más frías, alterando la actividad pesquera e impactando especialmente en las pesquerías artesanales que dependen de los caladeros cercanos.

Además, ello aumenta la presencia de especies invasoras que desplazan a la fauna autóctona y organismos especialmente vulnerables y que conforman además el hábitat vital para otras especies, como los corales, o las praderas de posidonia oceánica, pueden superar sus límites de tolerancia térmica y sufrir episodios masivos de mortalidad.

La degradación de estos ecosistemas marinos supone también una amenaza para miles de personas que dependen de ellos para su sustento, desde el sector pesquero hasta las comunidades costeras, cuya economía está ligada a la salud del mar.

(SERVIMEDIA)
20 Ago 2026
MGR/pai