Cáncer infantil
Reducir efectos secundarios y secuelas del cáncer infantil, retos de la investigación en CRIS Contra el Cáncer
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La Fundación CRIS Contra el Cáncer impulsa proyectos de investigación que reduzcan los efectos secundarios y las secuelas a largo plazo en la enfermedad oncológica infantil para “curar más y mejor” a los pacientes.
Con motivo de la conmemoración, este domingo, del Día Mundial contra el Cáncer Infantil, CRIS destacó que en los últimos 20 años la hemato-oncología pediátrica logró que la mayoría de los niños y niñas con cáncer sobrevivan. En España, la supervivencia global a cinco años se sitúa en torno al 80–84%. Sin embargo, el éxito de la supervivencia abre un nuevo desafío: los tratamientos, en muchas ocasiones agresivos, pueden producir secuelas importantes a corto y largo plazo.
Uno de cada 450 adultos jóvenes en Europa será superviviente de un cáncer pediátrico. Además, más del 60% desarrollará a lo largo de su vida alguna enfermedad crónica relacionada con el tratamiento recibido. Desde CRIS señalaron que “las cifras de supervivencia esconden, sin embargo, una realidad de la que muchas veces no somos plenamente conscientes: la de los efectos secundarios y las secuelas a largo plazo”.
De hecho, subrayó el jefe de Onco-Hematología y Trasplante Hematopoyético y director de la Unidad CRIS de Terapias Avanzadas en el Hospital Universitario La Paz de Madrid, el doctor Antonio Pérez Martínez, “hoy curamos a la inmensa mayoría de los niños con cáncer, pero eso no significa que el proceso termine cuando el tumor desaparece. El gran reto es que esa curación vaya acompañada de la mejor calidad de vida posible”.
TOXICIDAD Y SECUELAS
A corto plazo, cualquier tipo de tratamiento -desde la quimioterapia y la radioterapia hasta las terapias celulares o dirigidas- actúa contra el tumor, pero también puede afectar a tejidos sanos. El sistema inmunitario puede quedar debilitado y aumentar el riesgo de infecciones graves.
Son frecuentes los ingresos hospitalarios, las complicaciones infecciosas y las toxicidades que afectan al corazón, al hígado, al riñón o al sistema nervioso.
Por ello, indicó el experto, “en hemato-oncología pediátrica tratamos a pacientes en pleno desarrollo, y por eso cada toxicidad importa. Reducir los efectos secundarios no es un objetivo secundario: es esencial para proteger su futuro”.
Por eso, es importante prestar atención a la salud de estas personas adolescentes y jóvenes durante los años posteriores, ya que algunos efectos aparecen mucho tiempo después. Determinados fármacos pueden dejar secuelas en el corazón que se manifiestan en la edad adulta.
SISTEMA ENDOCRINO
El sistema endocrino, que controla las hormonas, puede alterarse y afectar al crecimiento, al metabolismo o a la función tiroidea. La fertilidad puede verse comprometida antes de que ese niño o esa niña haya pensado siquiera en su vida futura. En algunos casos, incluso, el propio tratamiento que permitió la curación aumenta el riesgo de desarrollar un segundo tumor décadas más tarde.
A esto se suman las secuelas cognitivas y emocionales: dificultades de aprendizaje, problemas de atención, ansiedad o alteraciones en la autoestima, que influyen en la integración social, la vida laboral y el bienestar personal.
Además, muchas de estas complicaciones se acumulan con el paso del tiempo. A los 50 años, más de la mitad de los supervivientes habrá sufrido una enfermedad grave relacionada con su historia previa de cáncer. Esto obliga a pensar el cáncer infantil no solo como una enfermedad aguda, sino como una realidad que puede acompañar durante décadas tras la curación.
En cambio, subrayaron desde CRIS, “no se trata de crear alarma, sino de poner de manifiesto una necesidad: gracias a la investigación, somos capaces de curar a la inmensa mayoría de los niños con cáncer, pero ahora debemos poner el foco también en cómo viven después. Cómo reducimos las toxicidades, cómo prevenimos complicaciones futuras y cómo acompañamos a esos supervivientes en la transición a la vida adulta, con un seguimiento específico y personalizado”.
HUELLAS INVISIBLES
En muchos casos, las terapias que salvan vidas pueden dejar huellas invisibles que aparecen años después. Una de las más preocupantes afecta al hueso en crecimiento. La radioterapia, esencial para tratar muchos tumores, puede alterar el desarrollo normal del esqueleto cuando se administra en etapas clave de la infancia.
Las consecuencias pueden aparecer mucho tiempo después: problemas de crecimiento, escoliosis, mayor riesgo de fracturas, osteoporosis precoz, etc. Para afrontar esta situación, nace Skeletal Late Effects, un proyecto liderado por el doctor Phillip Newton en el Karolinska Institutet (Suecia).
Su objetivo es entender qué ocurre exactamente en el hueso cuando recibe radiación durante la infancia y, sobre todo, cómo evitar que ese daño marque el futuro de los supervivientes.
Los investigadores buscan identificar señales tempranas de daño y descubrir posibles vías para proteger o regenerar el hueso irradiado. La meta es clara: desarrollar estrategias que permitan tratar el cáncer sin comprometer el desarrollo físico a largo plazo.
Este proyecto está financiado por Fight Kids Cancer, una alianza europea de fundaciones -entre ellas CRIS Contra el Cáncer- que une fuerzas para financiar investigación internacional en cáncer infantil para multiplicar el impacto y acelerar los avances allí donde más se necesitan.
(SERVIMEDIA)
15 Feb 2026
ABG/clc


