Vulcanología

El Teide es el volcán más monitorizado de la Tierra

- La densidad y sensibilidad de los equipos actuales permiten registrar señales que hace dos décadas pasaban inadvertidas

MADRID
SERVIMEDIA

El complejo volcánico del Teide dispone en la actualidad del sistema de vigilancia más completo y sofisticado del planeta, con redes sísmicas, estaciones GPS, control geoquímico, mediciones termométricas y observación visual permanente que permiten detectar “cualquier pequeño movimiento” y analizar en tiempo real la evolución del sistema magmático.

Así lo detalló el arquitecto y doctor en Ingeniería Civil especializado en sismología aplicada a estructuras, Fernando Martínez Soto, quien en entrevista con Servimedia aseguró que para la monitorización del Teide (Tenerife) se dispone hoy de un nivel de instrumentación en funcionamiento sin precedentes. “Estamos completamente monitorizados en la isla”, afirmó, subrayando que la densidad y sensibilidad de los equipos actuales permiten registrar señales que hace dos décadas pasaban inadvertidas.

La vigilancia se articula en torno a cinco grandes sistemas de control. En primer lugar, las estaciones sísmicas, que registran de forma continua la actividad microtectónica y los llamados sismos híbridos asociados a procesos hidrotermales. “Se detecta cualquier pequeño movimiento”, destacó, hasta el punto de que “incluso señales muy pequeñas quedan reflejadas en los registros sísmicos".

A este sistema se suman las estaciones GPS de alta precisión, capaces de “medir deformaciones del terreno casi imperceptibles, fundamentales para identificar presiones internas o posibles ascensos magmáticos”. La deformación progresiva del suelo es uno de los parámetros clave en cualquier escenario preeruptivo.

El tercer eje lo constituyen las estaciones geoquímicas, encargadas de analizar las emisiones de gases volcánicos, especialmente dióxido de carbono (CO2), cuyo incremento puede actuar como señal temprana de cambios en profundidad. Según Martínez Soto, el flujo de CO2 “es uno de los indicadores más vigilados, junto con la composición de los gases hidrotermales”.

En paralelo, existen mediciones termométricas que controlan variaciones de temperatura en zonas activas, ya que “alteraciones térmicas sostenidas podrían revelar modificaciones en la dinámica interna del sistema”, añadió este profesor de la Universidad Europea de Canarias. Por último, se mantiene “una observación visual y técnica continuada”, complementada con análisis de ruido volcánico y registros permanentes de señal sísmica de baja frecuencia.

Por su parte, la presidenta del Cabildo de Tenerife, Rosa Dávila, también afirmó recientemente que “el Teide es el volcán más vigilado del mundo”, y explicó que desde 2016, cuando comenzaron a detectarse cambios en la actividad sísmica, la red de control reforzó con instrumentos que no existían hace una década. Dávila vinculó este despliegue al "compromiso con la seguridad ciudadana y la transparencia", al tiempo que insistió en que "no existe riesgo de erupción inminente".

En cuanto a una posible erupción futura, Martínez Soto señaló que cualquier señal previa sería detectada con antelación por el sistema de vigilancia volcánica. Además, descartó que el fenómeno se produjera en el cráter principal del Teide y explicó que, en un complejo volcánico como este, lo más probable sería un escape lateral de magma. Según indicó, las zonas con mayor probabilidad serían el entorno de Pico Viejo, la dorsal noreste del macizo y áreas históricamente activas como Garachico.

GEODESIA DE ALTA PRECISIÓN Y SATÉLITES

Según Involcán, el Teide "está sometido a una vigilancia científica permanente y multidisciplinar" basada en diferentes redes de observación que analizan las señales físicas y químicas del sistema volcánico. Entre los instrumentos utilizados se encuentran sistemas de geodesia de alta precisión, como estaciones GPS, tecnología InSAR basada en satélites radar y otras estaciones geodésicas capaces de medir deformaciones del terreno de apenas unos milímetros. Este dispositivo se complementa con la vigilancia sismológica, el análisis geoquímico de gases volcánicos, la observación visual y campañas científicas periódicas sobre el terreno, con el objetivo de identificar de forma temprana cualquier señal de reactivación volcánica.

Además, en 2024 el IGN formalizó la adquisición de diez nuevas estaciones GNSS destinadas a mejorar el seguimiento de posibles movimientos del terreno asociados a la actividad magmática en profundidad.

En la vigilancia del Teide también participan otros organismos científicos. El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) realiza campañas con gravímetros, sensores geoquímicos y equipos de análisis de gases volcánicos para estudiar cambios en el subsuelo y en las emisiones del volcán. Las universidades canarias, especialmente la Universidad de La Laguna, colaboran con estaciones geodésicas, sensores sísmicos y estudios geoquímicos, mientras que la Agencia Espacial Europea aporta datos de satélites de observación como Sentinel-1, que permiten detectar deformaciones del terreno mediante radar (InSAR).

ETNA, VESUBIO Y KÏLAUEA

Por otra parte, la World Organisation of Volcano Observatories (WOVO) coordina a los principales observatorios volcánicos del mundo y, aunque no establece un ranking oficial, existe consenso científico en que varios sistemas de alto riesgo y actividad constante cuentan con redes de monitorización muy completas, comparables en rigor técnico a la del Teide. En general, se trata de volcanes situados en entornos densamente poblados o con historial eruptivo frecuente, lo que exige vigilancia continua mediante sismología, geodesia, análisis geoquímico de gases, control térmico y observación visual permanente.

Entre los ejemplos más citados figuran el Etna y el Vesubio, en Italia; el primero, uno de los volcanes más activos de Europa, vigilado por su actividad recurrente y su proximidad a zonas habitadas; el segundo, con alrededor de 600.000 personas en áreas de riesgo, dotado de sistemas para registrar sismicidad, deformación y emisiones gaseosas. También destacan el Kīlauea, en Hawái, monitorizado por el Hawai‘i Volcano Observatory con redes sísmicas, GPS y mediciones de gases debido a su actividad casi continua; el Sakurajima, en Japón, con cientos de explosiones anuales y una instrumentación de alta densidad; y el Cotopaxi, en Ecuador, considerado uno de los volcanes mejor vigilados de Sudamérica.

(SERVIMEDIA)
06 Mar 2026
EDU/clc