Actividad volcánica
El Teide volverá a entrar en erupción este siglo
- Según el profesor de la Universidad Europea de Canarias, especializado en sismología Fernando Martínez Soto
- Lo fundamenta en la secuencia de anteriores erupciones y en un escenario sísmico activo desde 2016, aunque no hay señales de que sea de forma inminente
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El complejo volcánico del Teide provocará probablemente una erupción en el siglo XXI, pero los parámetros científicos registrados hasta la fecha y los datos en tiempo real no muestran señales de que la expulsión de magma y gases vaya a ser inminente.
Así lo aseguró en una entrevista con Servimedia el doctor en Ingeniería Civil, especializado en sismología aplicada a estructuras, Fernando Martínez Soto, quien insistió en que “ahora mismo no hay riesgo de erupción volcánica”. Pero sí aseguró que "ocurrirá" con toda certeza. La próxima erupción del Teide "es un evento cierto", afirmó, y avanzó que está convencido, en base a los datos estudiados, de que "algo va a ocurrir". "Sabemos qué va a ocurrir, no sabemos cuándo, pero va a suceder", afirmó.
"No hay una deformación, ni una expulsión de gases al exterior, que indique que va a haber una ascensión magmática, pero no sabemos lo que puede pasar dentro de unos meses, a un plazo de un año", reconoció. Hay que tener en cuenta que Tenerife (Islas Canarias ) es "una isla con un proceso volcánico activo", recalcó.
Según su análisis científico "no se observa migración magmática hacia la superficie, ni deformación significativa del terreno compatible con una fase preeruptiva". Tampoco "un incremento energético sostenido que permita anticipar un episodio volcánico a corto plazo". Sin embargo, advirtió que “los volcanes no tienen una agenda”.
Martínez Soto apoyó sus afirmaciones en dos hechos contrastados científicamente. En primer lugar, en la secuencia histórica del sistema volcánico insular. “Han habido erupciones en 1700, en 1800 y en 1900”, recordó Martínez en referencia a los eventos de Garachico (1706), Pico Viejo (1798) y Chinyero (1909). Este último episodio estromboliano de alta explosividad también vino precedido de señales geosismológicas. Con los medios tecnológicos con que se cuenta 126 años después, "la monitorización de esas señales es completa", y "cualquier pequeño movimiento" es detectado gracias a equipos "de extraordinaria sensibilidad".
El citado análisis histórico se combina en la actual situación no sólo con los enjambres sísmicos que se produjeron en el mes de febrero (y el pasado fin de semana según Martínez Soto), sino también "con el escenario sísmico sostenido, que puede desencadenar en un evento, vamos a decir, con cierta peligrosidad", un escenario que se observa desde hace casi una década. Existe un cambio de ciclo y de comportamiento subterráneo que los científicos están intentando interpretar. “Tenemos registros sísmicos y movimiento de ruido volcánico desde 2016”, explicó, aunque matizó que ahora se trata de "una señal baja, pero continua”.
PROBABILIDAD CIERTA DE ERUPCIÓN
“Si vemos ese patrón secular, en la época del 2000 es probable que retorne un proceso asociado a que todos esos parámetros se junten y haya un proceso eruptivo. Claro que sí”, afirmó con rotundidad Martínez. Pero introdujo, inmediatamente, la cautela científica: “No podemos saber con qué gravedad”, ni afirmar nada en términos de inminencia, “porque no hay señales de ese ascenso magmático hacia la superficie”.
“No hay un proceso de retorno automático ni una probabilidad fija”. "Para que hubiese una erupción, como ocurrió con La Palma, tendría que haber una migración del hipocentro, el punto focal debajo del terreno donde se produce el terremoto, y estamos hablando de profundidades de 8 a 12 kilómetros". Ese hecho no se ha producido.
Este sismólogo describió los episodios actuales, los enjambres sismicos, como "sismos de baja magnitud vinculados a procesos hidrotermales". “Estamos viendo mucha actividad sísmica de baja magnitud. No nos va a provocar un riesgo a la edificación, a la población ni al parque construido”, matizó. Sin embargo, explicó que la repetición de eventos sísmicos es "muy clara, clarísima". Son "eventos impulsivos a lo largo del tiempo es un indicador de que hay un proceso sostenido".
En las últimas semanas se viene produciendo un aumento en la frecuencia de microsismos. “Ha habido ciertamente una escalada energética progresiva en estas últimas semanas, sobre todo desde el pasado mes de febrero”, reconoció, aunque detalló que, en estos momentos, “no hay una presencia de alta energía que vaya a desencadenar un evento volcánico”.
FUTURO CONO EN PICO VIEJO O GARACHICO
En cuanto a la localización de una futura erupción, Martínez Soto fue claro al descartar el cono principal del Teide. Según explicó, en un complejo volcánico como este “no significa que vaya a explosionar el cráter”, sino que, cuando se produzca un nuevo episodio eruptivo, lo más probable sería “un escape lateral”. Señaló específicamente la zona de Pico Viejo (al oeste del cráter del Teide) y la dorsal noreste del macizo, en el entorno del Parque de las Cañadas, así como áreas históricamente activas como el pueblo de Garachico. “Es por donde hay mayor presencia de gases indicadores y donde se están registrando estos microseísmos”, concluyó.
En vulcanología, según la explicación de Martínez, se utilizan dos formas de entender los fenómenos naturales: el enfoque determinista y el probabilista. Cuando se habla de un proceso determinista, significa que se sabe que algo va a ocurrir en algún momento, aunque no se pueda precisar cuándo; es decir, el fenómeno es seguro a largo plazo, pero sin fecha concreta. En cambio, un proceso probabilista implica que algo puede ocurrir, pero no es seguro, y solo se puede hablar en términos de probabilidad, frecuencia o estadística. En el caso del Teide, el experto considera que una futura erupción es un proceso determinista ("ocurrirá en algún momento"), pero sin poder establecer cuándo ni con qué intensidad.
(SERVIMEDIA)
03 Mar 2026
EDU/gja


