Salud

Las aguas subterráneas nuevas se relacionan con más riesgo de párkinson

- Las más antiguas suelen contener menos contaminantes al ser más profundas y estar mejor protegidas de ellos, según un estudio

MADRID
SERVIMEDIA

Las personas que beben agua proveniente de aguas subterráneas más recientes tienen un 24% más riesgo de desarrollar la enfermedad de Parkinson que las que la consumen procedente de aguas subterráneas más antiguas.

Esa es la conclusión principal de un estudio que se presentará en la 78ª Reunión Anual de la Academia Estadounidense de Neurología, que se celebrará del 18 al 22 de abril de 2026 en Chicago.

El estudio no prueba que las aguas subterráneas más recientes causen la enfermedad de Parkinson, solo muestra una asociación.

El trabajo analiza la edad de las aguas subterráneas, los acuíferos, las fuentes de donde se extrae el agua subterránea. Un acuífero es una capa subterránea de roca porosa, limo o arena que retiene y transporta el agua subterránea.

“Una forma de examinar nuestra exposición a la contaminación moderna es a través del agua potable”, apunta Brittany Krzyzanowski, del Instituto de Investigación Atria de Nueva York, quien realizó esta investigación en el Instituto Neurológico Barrow de Phoenix y es miembro de la Academia Americana de Neurología.

Krzyzanowski subraya: “Las aguas subterráneas más recientes, creadas por las precipitaciones caídas en los últimos 70 a 75 años, han estado expuestas a más contaminantes. Las aguas subterráneas más antiguas suelen contener menos contaminantes porque, por lo general, son más profundas y están mejor protegidas de los contaminantes superficiales. Nuestro estudio reveló que la edad y la ubicación de las aguas subterráneas constituyen un posible factor de riesgo ambiental para la enfermedad de Parkinson”.

DOS GRUPOS

El estudio incluyó a 12.370 personas con párkinson y a más de 1,2 millones de personas sin la enfermedad, quienes fueron emparejadas según factores como edad, sexo, raza y etnia. Todos los participantes vivían a menos de cinco kilómetros de 1.279 puntos de muestreo de aguas subterráneas en 21 acuíferos importantes de Estados Unidos.

Los investigadores analizaron la edad del agua subterránea, el tipo de acuífero y la fuente de agua potable -como los sistemas municipales de agua subterránea o pozos privados-, como posibles indicadores de exposición a contaminantes neurotóxicos.

Los acuíferos carbonatados son los más frecuentes en Estados Unidos y están compuestos principalmente de piedra caliza con agua almacenada en fracturas y canales. Suelen contener agua subterránea, más vulnerable a la contaminación superficial debido al rápido flujo a través de las fracturas.

Los acuíferos glaciares, formados durante el avance y retroceso de los glaciares hace más de 12.000 años, están compuestos de arena y grava con agua almacenada en los huecos. Estos acuíferos tienden a promover un flujo más difuso y la filtración natural.

Entre las personas con párkinson, 3.463 obtenían agua potable de acuíferos carbonatados, 515 de acuíferos glaciales y 8.392 de otros acuíferos. Entre las personas sin párkinson, 300.264 obtenían agua potable de acuíferos carbonatados, 62.917 de acuíferos glaciales y 860.993 de otros acuíferos.

EFECTO PROTECTOR

Tras ajustar factores como la edad, el sexo, los ingresos y la contaminación atmosférica, las personas que consumían agua potable procedente de sistemas municipales de aguas subterráneas o de pozos privados que extraían agua de acuíferos carbonatados presentaban un riesgo un 24% mayor de desarrollar párkinson que quienes consumían agua de otros acuíferos.

También presentaban un riesgo un 62% mayor de enfermedad de Parkinson en comparación con quienes consumían agua de acuíferos glaciares.

El efecto protector de las aguas subterráneas más antiguas solo se observó cuando el agua provenía de acuíferos carbonatados. Por cada aumento de una desviación estándar en la edad del agua subterránea, el riesgo de párkinson disminuyó un 6,5%.

Los investigadores también descubrieron que las aguas subterráneas más nuevas, de los últimos 75 años, en sistemas carbonatados se asociaban con un 11% más de riesgo de párkinson en comparación con las aguas subterráneas de más de 12.000 años de antigüedad, provenientes de la edad de hielo.

(SERVIMEDIA)
08 Mar 2026
MGR/fcm