Crioconservación
El ‘arca de Noé’ del Ártico ya protege 50 variedades de olivo mediterráneo frente a catástrofes globales
- Entre otras especies olivareras, se congelaron 2.000 semillas de cuatro poblaciones de acebuche, el olivo ancestral, clave para preservar la base originaria de este emblema vegetal
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La Bóveda Global de Semillas de Svalbard, situada a más de 1.000 kilómetros del Polo Norte, incorporó esta semana 25.000 semillas de 50 variedades de olivo procedentes del Banco Mundial de Germoplasma de la Universidad de Córdoba, como objetivo de una iniciativa internacional destinada a "blindar la diversidad genética" de este cultivo estratégico frente a crisis climáticas, conflictos o catástrofes globales".
A partir de ahora, semillas de variedades emblemáticas de olivo mediterráneo, como picual u hojiblanca, descansan a −18 °C en el mayor depósito de seguridad agrícola del planeta, en virtud de una colaboración entre la Universidad de Córdoba, el Consejo Oleícola Internacional, la Universidad de Granada (UGR) y el Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA-CSIC), con el respaldo de organismos internacionales vinculados a la la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
Enterrada en la roca y protegida por el permafrost natural de ese océano, la Bóveda Global de Semillas de Svalbard (Noruega) funciona como una "gigantesca caja fuerte para la biodiversidad agrícola mundial". Desde su inauguración en 2008, este enclave remoto en un archipiélago situado en el océano Ártico fue seleccionando y conservando hasta más de 1.300 millones de muestras correspondientes a unas 7.000 especies vegetales procedentes de todos los continentes, según explicó la UGR.
El recinto, gestionado por el Centro Nórdico de Recursos Genéticos (NordGen), está diseñado para "resistir fallos eléctricos, conflictos internacionales o crisis climáticas severas". Incluso en caso de apagón total, el frío natural del terreno mantiene las semillas en condiciones óptimas de conservación a largo plazo, reforzadas por sistemas frigoríficos que garantizan las temperaturas adecuadas constantes.
Este 'Arca de Noé' vegetal ya demostró su utilidad en 2015, cuando el Centro Internacional de Investigación Agrícola en las Zonas Secas (Icarda) tuvo que retirar las semillas que había depositado tras la destrucción de su banco de germoplasma en Alepo a causa de la guerra en Siria. Gracias a la copia de seguridad almacenada en Svalbard, "fue posible restaurar parte de la biodiversidad agrícola perdida", indicaron fuentes de esta universidad.
PERVIVENCIA GARANTIZADA
El olivo pasa así a formar parte de esta "red de seguridad planetaria". El investigador responsable del Banco Mundial de Germoplasma de Olivo de la Universidad de Córdoba, Pablo Morello, subrayó que participar en esta iniciativa “supone un hito en la conservación de la especie y del cultivo del olivo”, ya que garantiza su supervivencia frente a riesgos ambientales, sociales o económicos que pudieran surgir en el futuro.
Uno de los requisitos del banco mundial es que la institución que deposita el material mantenga una copia idéntica en sus propias instalaciones, lo que garantiza la titularidad genética y la soberanía sobre las variedades conservadas. Más allá de su dimensión científica, este depósito tiene un fuerte valor simbólico. "El olivo no es solo un cultivo económico; es paisaje, cultura y dieta. Su presencia en la bóveda ártica convierte a este árbol milenario en parte del patrimonio agrícola estratégico del planeta", explicó la universidad.
EL OLIVO SILVESTRE ANCESTRAL
Las 50 variedades 'criogenizadas' fueron seleccionadas entre las más de 700 que alberga la colección cordobesa. Proceden de países de tradición olivarera como España, Portugal, Marruecos, Italia, Francia, Grecia, Túnez o Turquía. Además, la UGR aportó otras 2.000 semillas de cuatro poblaciones de acebuche, el olivo silvestre, "clave para preservar la base genética originaria de la especie".
El acebuche ('Olea europaea var. sylvestris') es la forma silvestre ancestral del olivo cultivado y representa "el reservorio genético originario de la especie en el Mediterráneo". Según estudios genéticos desarrollados por equipos del CSIC y centros especializados en mejora del olivo, las poblaciones silvestres "presentan una mayor variabilidad genética que muchas variedades cultivadas y constituyen la base evolutiva de la domesticación del olivo moderno". Esta diversidad resulta "estratégica" para los programas de conservación y mejora genética, ya que puede "aportar tolerancia a estrés hídrico, altas temperaturas y resistencia a plagas emergentes en un contexto de cambio climático".
El objetivo de esta 'donación' de 'güitos de aceituna' es "reforzar la protección genética del olivo ante amenazas como el aumento de temperaturas, las precipitaciones extremas derivadas del cambio climático o la proliferación de plagas y enfermedades emergentes".
SELECCIÓN CRÍTICA
Los investigadores de estas universidades advirtieron de que "el proceso de conservación no es sencillo". El olivo cultivado se propaga habitualmente de forma vegetativa, mediante esquejes, por lo que "la selección de semillas viables resulta especialmente crítica". Las aceitunas recolectadas en Córdoba fueron despulpadas, limpiadas y secadas al aire libre; posteriormente, las muestras de huesos de aceitunas clasificadas se enviaron al Centro de Recursos Fitogenéticos del INIA-CSIC, donde se realizaron ensayos de germinación para evaluar su viabilidad. Una parte de las semillas se conserva en España, en recipientes herméticos a −18 °C como copia nacional, mientras que otra se depositó en "sobres sellados con información genética detallada" para su almacenamiento en Svalbard, añadió la UGR.
(SERVIMEDIA)
27 Feb 2026
EDU/clc


