Medio ambiente

Los científicos ven difícil determinar la edad de los hongos

MADRID
SERVIMEDIA

Algunos de los organismos vivos más antiguos de la Tierra podrían estar justo bajo los pies y no son árboles milenarios ni arrecifes de coral, sino hongos. A pesar de su omnipresencia e importancia, los científicos aún desconocen cuánto tiempo pueden vivir la mayoría de ellos ni siquiera cómo determinar su edad.

Tres investigadores de la Universidad de Lund (Suecia) explican en un artículo de opinión publicado en la revista ‘Trend in Microbiology’ por qué la longevidad de los hongos sigue siendo tan difícil de estudiar.

Para investigar este misterio biológico que ha pasado desapercibido durante mucho tiempo, el equipo recomienda aprovechar nuevas tecnologías como los ‘hongos en un chip’ y realizar experimentos de laboratorio a largo plazo con seguimiento genético.

“Realmente no sabemos si 10 años o 500 años es ‘viejo’ para un hongo, ni cuánto varía entre las diferentes especies y estilos de vida”, afirma Kristin Aleklett, de la Universidad de Lund.

Una seta que adorna el suelo del bosque es solo una pequeña parte de un hongo. Debajo de la superficie se encuentra su cuerpo principal: una extensa red de filamentos filiformes llamada micelio, que se propaga por el suelo o la madera y, a veces, se conecta con las raíces de plantas o árboles. Se cree que algunas redes fúngicas pueden vivir cientos o incluso miles de años.

Debido a que el micelio se ramifica, crece, recicla tejidos viejos y, a veces, se separa en nuevas redes de forma continua, "una de las mayores dificultades reside en poder definir dónde empieza y dónde termina un individuo fúngico", indica Aleklett.

“FASCINANTE”

Esto plantea una serie de preguntas: ¿qué deben medir exactamente los científicos? ¿La edad de un hongo comienza cuando se forma su red subterránea, incluso si gran parte de ella se reemplaza posteriormente? Si la red subterránea se fragmenta en partes separadas que aún comparten el mismo ADN, ¿siguen siendo un solo individuo?

A diferencia de los animales o los árboles, los científicos no pueden simplemente contar cumpleaños o anillos de crecimiento. En cambio, suelen recurrir a herramientas genéticas para identificar hongos individuales y estimar su edad según la velocidad de crecimiento del micelio en el laboratorio. Sin embargo, no se puede observar directamente cómo el micelio se expande y muere a lo largo de las estaciones y los años en el mundo real.

“Me parece fascinante que aún quede tanta investigación básica por descubrir sobre los hongos”, indica Aleklett, antes de añadir: “Existe un vasto reino de organismos que viven junto a nosotros y del que todavía sabemos muy poco”.

El envejecimiento también puede variar entre las distintas especies de hongos. Las levaduras tienen un ciclo de vida relativamente simple, mientras que otros son más complejos.

La longevidad de los hongos simbióticos que se asocian con las plantas puede depender de la vida de sus huéspedes. Los hongos descomponedores podrían sobrevivir a un tronco en descomposición ramificándose a través del suelo para alcanzar nuevas fuentes de alimento.

En lugar de buscar una longevidad universal, los investigadores argumentan que la longevidad de los hongos debería estudiarse en diferentes especies y estilos de vida.

Proponen combinar el seguimiento genético, experimentos de laboratorio a largo plazo y tecnologías emergentes como los ‘hongos en un chip’ para observar el crecimiento y la persistencia de los hongos con un nivel de detalle sin precedentes. Este conocimiento podría profundizar la comprensión científica de los hongos que sustentan el ecosistema, la agricultura y la salud humana.

“Si queremos preservar la biodiversidad fúngica y los servicios ecosistémicos que proporcionan, necesitamos comprender mejor cómo son sus ciclos de vida, incluyendo cómo y cuándo terminan”, concluye Aleklett.

(SERVIMEDIA)
16 Ago 2026
MGR/clc