Consumo
El consumo excesivo de fructosa añadida en embarazadas puede representar un riesgo tanto para ellas como para el feto
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El consumo excesivo de fructosa añadida durante el embarazo puede representar un “riesgo” tanto para la madre como para el feto.
Así lo advierte la dietista-nutricionista y miembro del grupo de trabajo de Obesidad y Salud Reproductiva de la Sociedad Española de Obesidad (Seedo) Alba Andreu Martí en una entrevista en la revista Consumer en la que confirmó que existe una creciente evidencia científica que vincula el consumo excesivo de fructosa añadida durante el embarazo con efectos adversos tanto para la madre como para el bebé, tal y como precisó este martes la revista en un comunicado.
“Son varios los estudios que han asociado una ingesta elevada con un mayor riesgo de desarrollar obesidad, síndrome metabólico, hígado graso no alcohólico y resistencia a la insulina”, destacó la especialista, al tiempo que añadió que, además, “estos efectos no solo afectan a la gestante, sino que también pueden programar metabólicamente al feto, condicionando su salud a corto y largo plazo”.
Tras recordar que, de hecho, aporta fibra, antioxidantes, vitaminas y minerales que “modulan la absorción de azúcares y contribuyen a la salud metabólica", puntualizó que esto ocurre "siempre que se trate de fruta entera y no de zumos industriales o productos con azúcares añadidos”.
En este contexto, detalló que la fructosa es un monosacárido que se encuentra de forma natural en frutas, pero también en las verduras y la miel y que, “cuando se consume en cantidades adecuadas como parte de una dieta equilibrada, no representa un riesgo para la salud”.
“El problema surge con la fructosa añadida, especialmente en forma de jarabe de maíz alto en fructosa o como parte de la sacarosa, que se utiliza ampliamente en la industria alimentaria para endulzar productos procesados”, alertó.
El grupo de investigación Nutrigenómica y Programación Fetal (Nutripro), liderado por Carlos Bocos, de la Universidad CEU San Pablo, ha publicado recientemente un estudio que demuestra que la exposición prenatal a la fructosa puede inducir hipertrofia cardiaca en los bebés.
“Los efectos negativos debidos al consumo de fructosa se presentan cuando la ingesta calórica diaria está entre un 25% y un 50% de la ingesta calórica total. Para que nos hagamos una idea, los bebedores habituales de refrescos azucarados pueden llegar a consumir entre un 20% y un 25% de la ingesta calórica total diaria en forma de fructosa añadida”, indicó Bocos.
Su investigación, recogida en la revista 'Nutrients', ha demostrado también que la fructosa añadida en el organismo de la embarazada es capaz de alterar el gas que protege la placenta y, según el director del estudio, el hecho de que hayan “comprobado” que el consumo de azúcares como la fructosa añadida “disminuye” la producción de ese gas “podría sugerir una menor protección y un mayor riesgo de sufrir preeclampsia (hipertensión en el embarazo) incluso en mujeres gestantes sin sobrepeso”.
(SERVIMEDIA)
20 Ene 2026
MJR/gja


