Calentamiento global
El deshielo abre “autopistas biológicas” para la vida microscópica en la Antártida
- Investigadoras del proyecto Polar-Melt analizan los efectos ecológicos de los nuevos corredores acuáticos generados por el retroceso de los glaciares
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Científicas españolas detectaron un reverdecimiento en las zonas liberadas por el retroceso de los glaciares, donde el agua conecta ecosistemas antes aislados y favorece la expansión de microorganismos y musgos. Es uno de los fenómenos que investiga Polar-Melt, un proyecto liderado desde el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) y financiado por la Agencia Estatal de Investigación (AEI).
El deshielo provocado por el calentamiento global está abriendo en algunas zonas de la Antártida auténticas “autopistas biológicas” por las que microorganismos, nutrientes y otras formas de vida pueden desplazarse entre ecosistemas que hasta ahora permanecían aislados. Los nuevos arroyos y redes de drenaje originados por el retroceso de los glaciares conectan el hielo con suelos terrestres y, finalmente, con el océano, mientras las superficies que quedan al descubierto comienzan a ser colonizadas y, en algunos puntos de la Antártida marítima, adquieren tonos verdes por la expansión de los musgos.
Así lo aseguraron en entrevista con Servimedia la investigadora del Departamento de Biogeoquímica y Ecología Microbiana del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) y responsable de Polar-Melt, Asunción de los Ríos, y la investigadora postdoctoral Rebeca Arias del Real, especialista en ecología acuática. Una de las claves de su trabajo es precisamente combinar dos aproximaciones complementarias: la ecología microbiana y terrestre y el conocimiento de los sistemas acuáticos. Ambas buscan averiguar hasta qué punto el agua procedente del deshielo está actuando como un nuevo corredor ecológico y reorganizando la biodiversidad de las regiones polares.
Junto a ellas participan investigadores del MNCN-CSIC como Sara Sánchez y Fernando Garrido, además de colaboradores de otras instituciones españolas e internacionales. La investigación incorpora el análisis de microorganismos, suelos, agua y también pequeños invertebrados para intentar reconstruir qué ocurre cuando ecosistemas que evolucionaban separados comienzan a comunicarse entre sí.
UNA ANTÁRTIDA MÁS VERDE
Una de las manifestaciones "más visibles" de estos cambios es la aparición de superficies verdes en terrenos que anteriormente permanecían cubiertos por el hielo. Las científicas, sin embargo, pidieron cautela antes de trasladar directamente a la Antártida el concepto de reverdecimiento”o 'greening' que sí está bien documentado en el Ártico: "En la Antártida todavía no tenemos pruebas, no se ha podido cuantificar realmente que existe un 'enverdecimiento' generalizado; lo que sí hemos observado sobre el terreno es que los glaciares están retrocediendo”. “El suelo que hay delante del glaciar que retrocede empieza a colonizarse por microorganismos, pero luego se establecen, sobre todo, comunidades de musgos”, añadió De los Ríos.
El cambio puede "llegar a percibirse a simple vista". Zonas que hasta entonces aparecían blancas, grisáceas o cubiertas por hielo pasan a presentar extensiones verdes. La transformación es especialmente perceptible en la Antártida marítima, que incluye las islas Shetland del Sur y sectores de la península Antártica, donde "los efectos del calentamiento y el retroceso de determinados glaciares son más rápidos que en amplias áreas del interior continental", según las investigadoras.

AUTOPISTAS BIOLÓGICAS
El calentamiento favorece la aparición o expansión de arroyos y redes de drenaje alimentados por el deshielo glaciar. Esos cauces "pueden convertirse en vías de transporte que atraviesan el paisaje desde el glaciar hasta el océano". Ahí comienza el efecto corredor.
“En ese curso de agua ya no solamente va a movilizar lo que sale del glaciar, sino todo aquello que se va encontrando a su paso, que antes pertenecía a ecosistemas aislados terrestres y ahora provoca un cambio profundo en la conectividad ecológica del paisaje”, explicó Arias del Real. Que dos ecosistemas puedan conectarse no significa necesariamente que su biodiversidad aumente. Puede producirse el fenómeno contrario: que determinadas especies especialmente capaces de adaptarse a distintas condiciones se extiendan mientras otras, mucho más especializadas, pierdan terreno.
ORGANISMOS LATENTES
Incluso organismos que "permanecían en estado latente pueden encontrar entonces condiciones más apropiadas para activarse y proliferar". “Cuando acaban llegando casi a la desembocadura con el océano, todo eso ya es una zona verde porque el agua ahí baja con menos velocidad”, describió Arias del Real. A ello se suma la acumulación de nutrientes movilizados durante el recorrido, creando unas "condiciones particularmente favorables" para el desarrollo biológico.
El principal problema ecológico que describieron las investigadoras puede ser la homogeneización biótica: “Esos microorganismos pueden llegar, establecerse, desplazar lo que ya había y, al final, quedarse. Perder organismos especializados no constituye únicamente una reducción del catálogo de especies. Puede modificar también el funcionamiento del ecosistema”.
Otra de las investigadoras del proyecto, Sara Sánchez, estudia los pequeños invertebrados que participan en estos ecosistemas. Entre ellos se encuentran nematodos y tardígrados, animales microscópicos o de tamaño diminuto extraordinariamente importantes para comprender las redes ecológicas de los suelos antárticos.
ESPECIES INVASORAS
El calentamiento plantea la amenaza de que especies procedentes de otras regiones encuentren ahora condiciones que les permitan sobrevivir donde anteriormente no podían hacerlo: “Especies que antes podían llegar a través de los investigadores, a través del turismo o simplemente por el aire, antes no se podían establecer porque las temperaturas eran bajas. Ahora, como las temperaturas son un poco más altas, otras especies que pueden llegar sí que se pueden establecer”.
Las nuevas vías de agua no terminan en tierra. Su destino final es el océano. Arias del Real apuntó que un incremento importante del aporte de agua dulce puede modificar localmente propiedades del agua marina como la salinidad, la densidad o la conductividad, con posibles consecuencias para organismos adaptados a unas determinadas condiciones.

TRATADO ANTÁRTICO Y TURISMO
Con respecto a la protección futura del continente, De los Ríos no consideró necesario "transformar radicalmente el marco jurídico internacional" que protege la Antártida: “Yo creo que el Tratado Antártico está bien diseñado. Lo que tenemos es que seguirlo bien y ser todos muy serios. Habría que tener más control del turismo, porque cada vez son más los turistas que llegan y puede tener su influencia negativa”.
En un continente con ecosistemas extremadamente sensibles, el incremento de la presencia humana no supone únicamente una alteración física. Personas, ropa, equipamiento, barcos o mercancías pueden convertirse involuntariamente en vectores de organismos procedentes de otros lugares, concluyeron las investigadoras.
(SERVIMEDIA)
10 Ago 2026
EDU/clc


