Atapuerca

Dientes fósiles revelan cómo un cánido de hace más de un millón de años comenzó a evolucionar hacia el lobo ibérico

- Investigadoras de la Facultad de Ciencias Geológicas de la Complutense demuestran que cambiaron su tamaño, su dentadura y su forma de alimentarse hasta aproximarse al 'Canis lupus signatus'

Madrid
SERVIMEDIA

El análisis de dientes fósiles recuperados durante los últimos 25 años en los yacimientos de la Sierra de Atapuerca (Burgos) permitió a los equipos de paleozoología reconstruir cómo un cánido que vivió hace más de un millón de años empezó a incorporar rasgos cada vez más parecidos a los del lobo ibérico actual.

El estudio, liderado por investigadoras de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), muestra que el 'Canis mosbachensis', una especie extinta considerada antecesora de los lobos modernos, fue cambiando progresivamente su tamaño, su dentadura y hasta su forma de alimentarse en una transición gradual hacia el 'Canis lupus'. La investigación fue publicada en la revista científica 'The Anatomical Record' y comunicada este jueves por la UCM. "stá firmada por Raquel Blázquez-Orta y otros autores vinculados a la UCM, Iphes, CSIC, Universidad Rovira i Virgili y el Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana.

El lobo es uno de los mamíferos terrestres con mayor distribución en el hemisferio norte. En la Península Ibérica habita el lobo ibérico ('Canis lupus signatus'), una subespecie endémica considerada uno de los animales más emblemáticos de la fauna actual. La especie extinta 'Canis mosbachensis', que habitó la sierra entre hace algo más de un millón de años y 400.000 años, durante el Pleistoceno Inferior y Medio, está considerada antecesora de los lobos actuales.

La investigación está liderada por la catedrática Nuria García y la investigadora Raquel Blázquez-Orta, del Departamento de Geodinámica, Estratigrafía y Paleontología de la Facultad de Ciencias Geológicas de la UCM. El trabajo analiza una muestra de restos maxilares, mandibulares y dentales procedentes de distintos enclaves de Atapuerca, especialmente de Sima del Elefante y Gran Dolina. La muestra comprende 106 restos maxilares y mandibulares, que ofrecen "un registro amplio y continuado de la morfología de esta especie a lo largo de cientos de miles de años".

Además, el equipo incluyó dos restos de 'Canis lupus' procedentes del yacimiento Trinchera Galería, también en Atapuerca, con fines comparativos. La mayor parte del material analizado está formada por dientes aislados, que "suelen conservarse bien en el registro fósil y aportan información valiosa para la identificación de especies antiguas".

El estudio subraya que el tamaño corporal por sí solo no es un criterio taxonómico fiable, ya que puede depender de factores ambientales, geográficos o alimentarios más que de diferencias evolutivas estrictas. Por este motivo, los rasgos morfológicos detallados de la dentición ofrecen una base más sólida para comprender la transición hacia los lobos actuales.

'Canis mosbachensis' presenta una morfología generalmente primitiva, especialmente en las muelas carniceras y en el cuarto premolar inferior, piezas clave para la mordida y el procesamiento del alimento. Los ejemplares del Pleistoceno Inferior y del inicio del Pleistoceno Medio muestran un patrón más primitivo, compatible con una dieta mesocarnívora.

Según la investigación, los dientes correspondientes al Pleistoceno Medio intermedio, ya "empiezan a mostrar cambios más claros: un aumento de tamaño y modificaciones incipientes en piezas dentales clave". Uno de los datos más relevantes es el alargamiento del trigónido en la primera muela inferior, una zona relacionada con la capacidad de corte. Este cambio sugiere "una mayor eficacia para seccionar tejido y apunta a una transición progresiva hacia una dieta más carnívora".

LOBOS ANCESTRALES

Las autoras no presentan estos animales como lobos modernos plenamente formados. El patrón observado refleja una transición funcional parcial, no una condición hipercarnívora completamente especializada como la que se aprecia en la mayoría de los lobos actuales.

Según Raquel Blázquez-Orta, investigadora predoctoral de la Fundación Atapuerca en la UCM y primera autora del artículo, “el patrón observado probablemente representa una etapa intermedia de esta transición evolutiva desde la especie ancestral hacia los lobos modernos”.

Los fósiles de Atapuerca permiten observar cómo una especie ancestral de cánido, más pequeña que los lobos actuales y con una dentición todavía primitiva, fue acumulando cambios anatómicos y funcionales que ayudan a entender el origen de los lobos modernos.

El estudio, supervisado por la directora del grupo de investigación de la UCM Ecosistemas Cuaternarios, Nuria García, "refuerza el valor de Atapuerca como archivo excepcional para estudiar no solo la evolución humana, sino también la de los grandes mamíferos que compartieron aquellos ecosistemas".

(SERVIMEDIA)
14 Mayo 2026
EDU/gja