Enfermedades raras

Diferencias genéticas explican por qué la esclerodermia es más frecuente en mujeres, pero más grave en hombres

- Un estudio del Instituto de Parasitología y Biomedicina López-Neyra ayuda a explicar las diferencias en el riesgo y la gravedad de esta esclerosis sistémica

Madrid
SERVIMEDIA

Una investigación internacional liderada por el Instituto de Parasitología y Biomedicina López-Neyra del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (Ipbnl-CSIC) ha identificado diferencias genéticas asociadas al sexo en la esclerodermia, una enfermedad autoinmune que afecta principalmente a mujeres, en una proporción de ocho a uno, aunque suele manifestarse de forma más grave en hombres.

El trabajo analizó muestras de más de 10.000 pacientes recogidas durante dos décadas y se convierte así en el primero en estudiar por separado el genoma completo de hombres y mujeres con esta enfermedad. Los resultados, publicados en ‘The Lancet Rheumatology’, "ponen de manifiesto la existencia de factores genéticos diferenciados para cada sexo, lo que ayuda a explicar las diferencias en el riesgo y la gravedad de la enfermedad", informó este martes el CSIC.

La esclerodermia, también conocida como esclerosis sistémica, es una enfermedad rara en la que el sistema inmune ataca a los tejidos del propio organismo. Como consecuencia, estos tejidos pierden su estructura y funcionamiento normal, con posibles efectos graves en la piel y en órganos internos como el pulmón o el corazón. La enfermedad afecta principalmente a mujeres.

La autora principal del trabajo e investigadora del IPBLN-CSIC, Marialbert Acosta Herrera, explicó que, hasta ahora, la mayor parte de las hipótesis para explicar estas diferencias entre hombres y mujeres se habían centrado en la respuesta inmunológica, los factores hormonales o la influencia de los cromosomas sexuales. Sin embargo, este estudio demuestra que “el sexo también modifica el efecto de las variaciones genéticas presentes en los cromosomas no sexuales”.

El trabajo abre además nuevas vías para la investigación y el manejo de esta enfermedad autoinmune. El profesor de investigación del Ipbnl-CSIC Javier Martín, también autor del trabajo, señaló que descubrir señales que solo predisponen a la enfermedad en un sexo específico permite revelar “una capa de riesgo genético que nunca se había tenido en cuenta”.

Martín subrayó que este hallazgo es especialmente relevante porque los fármacos desarrollados sobre una base genética conocida tienen el doble de probabilidades de llegar a fases avanzadas en los ensayos clínicos. Por ello, los resultados pueden contribuir a avanzar hacia estrategias terapéuticas más precisas y mejor adaptadas a las diferencias biológicas entre pacientes.

El trabajo analiza el genoma de 10.653 pacientes con esclerosis sistémica y lo compara con el de 18.043 personas sanas, todas ellas de ascendencia europea. Las muestras proceden de una extensa colaboración internacional entre Europa, Australia y Estados Unidos, desarrollada a lo largo de dos décadas.

El equipo utilizó un estudio de asociación de genoma completo, conocido como GWAS por sus siglas en inglés, una metodología que permite rastrear qué variantes genéticas aparecen con mayor frecuencia en personas con una determinada enfermedad frente a la población sana.

FACTORES DE RIESGO OCULTOS

Para el equipo de investigación, uno de los resultados más llamativos es que analizar conjuntamente los datos genómicos de hombres y mujeres con la enfermedad puede ocultar factores de riesgo clave, que solo aparecen cuando se realiza un análisis diferenciado por sexo. Este enfoque permitió identificar ocho regiones del genoma en las que las variaciones genéticas asociadas a la enfermedad aparecen solo en un sexo.

De esas ocho regiones, siete están asociadas únicamente al sexo femenino, incluidas cinco que hasta ahora se consideraban factores de riesgo para ambos sexos. La octava región es específicamente masculina, era desconocida hasta ahora y podría estar relacionada con la mayor severidad de la esclerodermia en varones.

La primera firmante del trabajo e investigadora predoctoral del CSIC, Inmaculada Rodríguez Martín, defendió que incorporar el sexo como variable en investigación biomédica podría mejorar la identificación de factores de riesgo, la clasificación de pacientes y el diseño de futuras estrategias terapéuticas. A su juicio, el estudio demuestra la importancia de dejar de tratar el sexo como “un simple dato demográfico” y empezar a entenderlo como “una realidad biológica central en la investigación”.

(SERVIMEDIA)
19 Mayo 2026
EDU/gja