Desclasificación
Un documento desclasificado apunta que en 1981 podría haber triunfado un golpe “de ideología socialista” con apoyo del Rey y un militar “liberal”
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Un documento desclasificado este miércoles por el Gobierno sobre el 23-F, recopilado en su momento por la Guardia Civil, explica que en 1981 un golpe “de ideología socialista” con “complemento militar” podría haber triunfado con seguridad de haber tenido el apoyo del Rey y de un “general de talante liberal”.
Este documento recogido por Servimedia, que está escrito a mano y abarca 23 páginas, explica que cuando el teniente coronel Antonio Tejero entró en el Congreso había una “panorámica de operaciones en marcha”, que incluían “operaciones civiles”, “operaciones militares” y “operaciones mixtas cívico-militares”.
El autor del escrito divide las operaciones civiles según las opiniones de sus promotores, de forma que se habla de las de “ideología” democristiana, socialista y liberal. Destaca el papel de figuras como Herrero de Miñón o Landelino Lavilla en opciones con escasa viabilidad según el análisis golpista. Incluso se contemplaba un "complemento militar" para una opción socialista, buscando un general de talante liberal como antídoto al golpismo más radical para ofrecer credibilidad ante la Corona.
Al golpe que más opciones se da es a un golpe “de ideología socialista” con "complemento militar”, que podría haber triunfado con seguridad de haber tenido el apoyo del Rey y de un “general de talante liberal”. Se cita de hecho los nombres de posibles militares como Manuel Gutiérrez Mellado, Santa María y Manuel Díez-Alegría Gutiérrez.
Sobre este golpe “de ideología socialista” se afirma que tendría “credibilidad total” si se dieran las circunstancias de que se logra el “reclutamiento” de un militar liberal y el “apoyo de la Corona”.
DIVISIÓN MILITAR
El documento añade que, en el ámbito militar, la fractura era evidente entre los tenientes generales y los coroneles. Mientras los primeros buscaban una intervención institucional mediante pronunciamiento, los coroneles apostaban por una estrategia a largo plazo sin prisas. Estos últimos no se declaraban monárquicos y aspiraban a instaurar una república presidencialista, alejándose del modelo de dictadura militar tradicional tipo Augusto Pinochet o Videla.
Asimismo, se indica que la denominada 'Operación Mixta cívico-militar' se perfilaba como una de las amenazas más serias para la primavera de 1981. Su objetivo era forzar la dimisión de Adolfo Suárez mediante presiones coordinadas para instaurar un Gobierno de gestión. Este Ejecutivo estaría compuesto en un 50% por civiles independientes y militares, con un programa centrado en la reforma constitucional y la lucha contra el terrorismo.
Entre los planes más agresivos figura la "Operación Halcón", diseñada para producir el "estrangulamiento" de los principales centros de decisión del Estado. La ejecución preveía el inicio a las dos de la madrugada, aislando comunicaciones fundamentales y ocupando puntos neurálgicos urbanos. El plan se basaba en comandos de "obediencia ciega" que actuarían simultáneamente en grupos tipo sección para detener personalidades decisivas.
CONTROL DE LA INFORMACIÓN
El control de la información era un pilar estratégico en todos los documentos analizados. Los golpistas marcaron como objetivos prioritarios las sedes de TVE, RNE y la central de comunicaciones de Cibeles. Neutralizar estos medios permitiría difundir sus propias consignas mediante comunicados de radio y evitar cualquier respuesta coordinada de la sociedad civil o de las autoridades leales a la Constitución.
Los documentos aluden a listas de personalidades políticas que debían ser "neutralizadas" o detenidas durante la asonada. En estos listados aparecen nombres de todo el espectro político, desde Felipe González y Santiago Carrillo hasta Manuel Fraga y el propio Adolfo Suárez. La operación buscaba descabezar el liderazgo democrático y sindical para asegurar el éxito inmediato del nuevo régimen autoritario previsto.
La logística en Madrid preveía la ocupación de estaciones ferroviarias como Atocha y Chamartín, así como el aeropuerto de Barajas. Se diseñaron itinerarios de patrullaje por vías principales como la M-30 y la Castellana para controlar el movimiento de la población. El aislamiento del casco central y de las grandes barriadas periféricas era esencial para impedir cualquier resistencia ciudadana organizada.
(SERVIMEDIA)
25 Feb 2026
NBC/gja


