Medio ambiente

Entra en vigor el Tratado de Alta Mar

- Pretende proteger un 30% de la superficie oceánica antes de 2030

- Abre la puerta a declarar Áreas Marinas Protegidas

MADRID
SERVIMEDIA

El primer pacto internacional para proteger las aguas oceánicas -conocido como Tratado de Alta Mar o Tratado Global de los Océanos- entró en vigor este sábado después de más de dos décadas de debates y negociaciones.

Ese tratado supone “la legislación medioambiental más importante desde el Acuerdo de París”, según Greenpeace, y pretende declarar área protegida un 30% de la superficie de alta mar antes de 2030 (actualmente lo está solo un 0,9%). Se trata de un instrumento global jurídicamente vinculable que persigue proteger la biodiversidad en alta mar, es decir, en aguas más allá de 200 millas náuticas (límite de las aguas de jurisdicción nacional).

Además, permitirá, por primera vez en la historia, proteger las aguas internacionales con la designación de santuarios o áreas marinas protegidas, además de regular todas las actividades humanas que ocurren en alta mar.

“Hoy estamos celebrando el resultado de dos décadas de incansable activismo para proteger la alta mar o aguas internacionales, hogar de millones de especies y de ecosistemas cruciales. Ahora, los gobiernos que han ratificado el tratado deben actuar para protegerlo”, destaca Ana Pascual, responsable de la campaña de Océanos de Greenpeace España.

La directora de WWF International, Kirsten Schuijt, apuntó que se trata de "un hito histórico para los océanos del mundo y para la humanidad". "Al convertirse en una norma de obligado cumplimiento, el tratado inaugura una nueva era de gobernanza y cooperación oceánicas con un inmenso potencial para lograr unos océanos y una economía más saludables y resilientes. Este es solo el principio del camino: desde WWF instamos a los gobiernos y empresas a colaborar con el objetivo de poner en marcha de forma eficaz el tratado, y animamos a los países que aún no lo han hecho a sumarse a él.

El pacto se abrió a la firma en Naciones Unidas en septiembre de 2023. Para que entrara en vigor era necesario que 60 partes de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar ratifiquen, se adhieran, acepten o aprueben el pacto.

España lo ratificó el 4 de febrero de 2025 y se convirtió en el 16º país en hacerlo (y el primero de la UE), solo por detrás de Bangladesh, Barbados, Belice, Chile, Cuba, Maldivas, Mauricio, Micronesia, Mónaco, Palaos, Panamá, Seychelles, Singapur, Santa Lucía y Timor Oriental.

CONFERENCIA DE NIZA

Esa cifra aumentó a 32 países antes de que el pasado junio comenzara en Niza (Francia) la III Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Océanos, conocida como UNOC3.

Los compromisos sobre áreas marinas protegidas asumidos por los países en la UNOC3, una vez aplicados, aumentarían la protección de los océanos de alrededor de un 8% a más de un 10 % en todo el mundo. El Gobierno español, con Pedro Sánchez a la cabeza, se comprometió en Niza a aumentar la superficie marina hasta un 25,7% en 2025 con la declaración de seis nuevos espacios protegidos.

El pasado 20 de septiembre se alcanzaron las 60 ratificaciones, con lo que el tratado entrará en vigor 120 días después, es decir, hoy. Ahora, un total de 83 partes de la convención (82 países y la UE) han ratificado el tratado, según pudo comprobar Servimedia, tras sumarse Ecuador el pasado 22 de diciembre.

OBLIGACIONES

El tratado, denominado exactamente Acuerdo en virtud de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar sobre la conservación y el uso sostenible de la diversidad biológica marina de las zonas situadas fuera de la jurisdicción nacional (o Acuerdo BBNJ, por sus siglas en inglés), fue adoptado en marzo de 2023 tras cinco rondas de negociaciones y después de que los primeros trabajos comenzaran en 2004.

A partir de este sábado, los países que hayan ratificado el tratado deberán comenzar a cumplir con una serie de obligaciones, como promover los objetivos de conservación del pacto en foros internacionales, iniciar la cooperación en ciencia marina y transferencia de tecnología, y garantizar que las evaluaciones de impacto ambiental de las actividades planificadas cumplan con los estándares del Tratado.

“No podemos confiar en que los grandes actores de la industria pesquera prioricen la protección del océano y dejen de explotarlo con fines de lucro por iniciativa propia; necesitamos que los gobiernos les obliguen a hacerlo. Cada mes de retraso significa más daños a los hermosos y frágiles ecosistemas de los que todos dependemos”, recalca Pascual.

Con la entrada en vigor, la Comisión Preparatoria del tratado continúa su trabajo para sentar las bases de las instituciones del pacto, incluida la Secretaría, el Órgano Científico y Técnico, el Comité de Acceso y Distribución de Beneficios, entre otros órganos subsidiarios.

Durante la primera Conferencia de las Partes (COP1), que se celebrará en un plazo máximo de un año, los países adoptarán las reglas de procedimiento, determinarán los arreglos financieros, finalizarán las estructuras institucionales y acordarán los procesos que permitirán la creación de las primeras Áreas Marinas Protegidas (AMP), proyectos de cooperación científica y la presentación de informes sobre recursos genéticos marinos.

ÁREAS PROPUESTAS

Uno de los resultados más esperados es la creación de una red global de Áreas Marinas Protegidas en alta mar. El tratado exige que las partes se basen en la mejor ciencia disponible, consulten ampliamente e identifiquen áreas de importancia ecológica.

La Alianza de Alta Mar, formada por más de 70 ONG y la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza) ha identificado áreas que podrían conformar la primera generación de AMP en los océanos: la cadena de mones submarinos Hawái-Emperador (Pacífico), el mar de los Sargazos (Atlántico) y las dorsales de Salas y Gómez y de Nazca (Pacífico).

“Las aguas internacionales están llenas de vida, desde el diminuto plancton hasta las grandes ballenas que dependen de él. Apenas estamos empezando a comprender lo importante que es este vasto mundo interconectado para la salud de todo nuestro planeta”, apunta Rebecca Hubbard, directora de la Alianza de Alta Mar.

Hubbard subraya: “Ya sean las montañas submarinas, llanuras y fosas oceánicas, las gélidas aguas polares o las autopistas oceánicas por las que viajan las especies migratorias, la alta mar es tan vital como inmensa”.

Según un estudio en el que participó BirdLife Internacional, hay seis grandes rutas migratorias marinas que concentran los movimientos de gran parte de las aves marinas pelágicas a escala planetaria.

El 69% de las especies de aves que utilizan estas rutas enfrenta al menos una amenaza marina y cerca de un 40% de estas especies ya están amenazadas de extinción.

Para SEO/BirdLife, proteger la biodiversidad en alta mar frente al cambio climático requiere de una planificación estratégica a escala global, importantes esfuerzos de coordinación entre jurisdicciones y que las áreas marinas protegidas, bien planificadas y gestionadas, sirvan como puntos de referencia.

(SERVIMEDIA)
17 Ene 2026
MGR/fcm