Sanidad

Especialistas de IVI Fertility destacan que el método ROPA combina deseo y medicina

MADRID
SERVIMEDIA

En el método ROPA una mujer aporta los óvulos y la otra gesta el embarazo. La elección de quién asume cada papel suele plantearse como una decisión personal, pero tiene consecuencias clínicas directas sobre la viabilidad embrionaria y sobre el curso de la gestación. Antes de iniciar el tratamiento, el equipo médico necesita determinar cuál de las dos mujeres presenta mejor pronóstico en cada función.

Esa valoración se apoya en criterios distintos para cada rol. En la candidata a aportar los ovocitos tienen importancia una buena reserva ovárica y una edad en la que el riesgo de alteraciones genéticas que comprometan la viabilidad embrionaria sea menor. En la gestante, una cavidad uterina sin alteraciones y la ausencia de patologías que impidan llevar el embarazo a término. “La decisión final corresponde a la pareja, pero el equipo médico orienta con criterios objetivos”, explicó la doctora María Cerrillo, ginecóloga de IVI Fertility Madrid.

Las pruebas que sostienen esa orientación están definidas: hormona antimülleriana y recuento de folículos antrales para medir la reserva ovárica; cariotipo y, cuando procede, cribado de portadoras en el estudio genético; ecografía y, si está indicada, histeroscopia para la valoración uterina; y, junto a todo ello, antecedentes médicos y obstétricos, edad e índice de masa corporal.

El protocolo de IVI Fertility incorpora una decisión que condiciona el futuro reproductivo de la pareja más allá del primer tratamiento: se evalúa a las dos mujeres, aunque solo una vaya a aportar los ovocitos. Con ese enfoque, la pareja que decide ampliar la familia años después dispone ya de la información clínica necesaria para intercambiar los roles sin repetir el proceso diagnóstico completo.

“Como regla general suele recomendarse que la mujer más joven aporte los ovocitos, porque la calidad esperable suele ser mejor, aunque esa recomendación se pondera con la reserva ovárica de cada una y con el deseo de la pareja. Estudiamos a ambas para mantener abiertas todas las opciones, incluido un eventual ROPA cruzado para un segundo hijo”, señaló Cerrillo.

SINCRONIZACIÓN DE CICLOS

Una vez asignados los roles, el tratamiento exige coordinar dos cuerpos con ritmos biológicos propios. En una transferencia en fresco pueden emplearse anticonceptivos orales durante unos días para tratar de sincronizar los ciclos de ambas mujeres; después, la gestante recibe estrógenos durante unos quince días para preparar el endometrio, seguidos de progesterona.

“La estimulación y la punción tienen una ventana temporal fija, pero el endometrio de la receptora puede programarse, adelantarse o retrasarse con la pauta hormonal”, detalla la ginecóloga. Cuando los ciclos no llegan a coincidir, la solución estándar es vitrificar los embriones y transferirlos cuando la gestante esté preparada, sin necesidad de sincronizar.

La elección entre transferencia en fresco y ciclo diferido responde a criterios clínicos concretos. La estrategia diferida se prefiere cuando se realiza diagnóstico genético preimplantacional (PGT) y hay que esperar el resultado, cuando se busca programar la transferencia con flexibilidad o cuando quedan embriones tras una primera transferencia.

Las diferencias actuales entre embrión fresco y congelado son mínimas y, en el método ROPA, la gestante actúa como receptora con el endometrio preparado hormonalmente y no expuesto a la estimulación, por lo que las posibles diferencias entre transferir un embrión fresco o congelado son aún menores desde el punto de vista clínico.

ADAPTAR EL PROTOCOLO

El método ROPA no siempre es aplicable en su forma estándar. Una reserva ovárica baja en la mujer que desea aportar los ovocitos obliga a valorar el intercambio de roles, la acumulación de ovocitos en varias estimulaciones o, si ninguna de las dos tiene buen pronóstico, la ovodonación. Las alteraciones uterinas, como pólipos, miomas, malformaciones o factor endometrial, se tratan antes de transferir, al igual que se valora la elección del tipo de ciclo más adecuado: natural, sustituido o diferido.

A ello se suman las contraindicaciones médicas u obstétricas de la gestante, como hipertensión, diabetes mal controlada o cardiopatías, que requieren valoración previa y pueden desaconsejar la gestación si el riesgo es alto. Las alteraciones genéticas detectadas en la mujer que aporta los ovocitos exigen consejo genético y, siempre que sea posible, diagnóstico genético preimplantacional.

Ese diagnóstico, sin embargo, no forma parte del protocolo estándar. “El PGT es una herramienta opcional cuya indicación depende del perfil de la mujer que aporta los ovocitos, ya sea por su condición genética o por edad avanzada, ya que el semen procede de un donante cribado”, precisÓ Cerrillo. Los perfiles en los que suele recomendarse son la edad materna avanzada a partir de los 35 años, los abortos de repetición o los fallos de implantación en dos o más ciclos de FIV, y las alteraciones cromosómicas o genéticas diagnosticadas o conocidas previamente.

(SERVIMEDIA)
05 Nov 2026
s/gja