Salud cerebral

Estudiar más en la adolescencia podría reducir décadas después el riesgo genético de sufrir demencia

- Una reforma educativa en Reino Unido que obligó a estudiar hasta los 16 años se asocia ahora con menos casos de neurodegeneración

Madrid
SERVIMEDIA

Permanecer, como mínimo, un año más en la escuela durante la adolescencia podría reducir el riesgo de desarrollar demencia décadas después e incluso "amortiguar el efecto de la predisposición genética" a padecer la enfermedad, según un informe elaborado por investigadores de las universidades del Sur de California y de Michigan (EEUU).

Así lo sugiere un estudio recién publicado en la revista científica 'Proceedings of the National Academy of Sciences' (PNAS), cuyos autores afirman en las conclusiones que las políticas educativas "pueden tener efectos duraderos sobre la salud cerebral" y cuestionan la idea de que "el riesgo genético de demencia sea inalterable".

La educación no solo influye en el nivel de ingresos, las oportunidades laborales o el bienestar social, sino que también "podría proteger al cerebro frente a la demencia muchos años después de abandonar las aulas". Esa es la principal conclusión del estudio, que aporta "nuevas evidencias" sobre el efecto protector de la educación frente a las enfermedades neurodegenerativas.

Los investigadores sostienen que una mayor educación podría fortalecer la denominada "reserva cognitiva" del cerebro y favorecer trayectorias vitales más saludables, factores que ayudarían a retrasar o reducir la aparición de la demencia décadas después.

El estudio fue elaborado por un equipo de investigadores integrado por Silvia Helena Barcellos, de la Universidad del Sur de California; Kenneth Langa, de la Universidad de Michigan; y Leandro S. Carvalho y Patrick Turley, ambos adscritos al Centro de Investigación Económica y Social y al Departamento de Economía de la Universidad del Sur de California.

Los investigadores consideraron que sus resultados tienen implicaciones directas para las políticas públicas. Por ello, recomendaron que la educación se contemple "no solo como una herramienta de desarrollo personal o económico, sino también como una inversión a largo plazo en salud".

EXPERIMENTO NATURAL

Los autores aprovecharon una reforma educativa implantada en Reino Unido a principios de la década de 1970 que elevó de 15 a 16 años la edad mínima para abandonar la escuela. Gracias a este "experimento natural", los científicos pudieron comparar a personas obligadas a permanecer un año más en las aulas con otras nacidas apenas unos meses antes que no estuvieron sujetas a la medida.

De este modo, comprobaron que los adolescentes afectados por la reforma presentaron décadas después una menor incidencia de demencia, un resultado que, a juicio de los investigadores, demuestra que "decisiones tomadas durante la adolescencia pueden tener consecuencias sobre la salud cerebral medio siglo más tarde".

Los resultados muestran que ese año adicional de escolarización se asoció posteriormente con una menor incidencia acumulada de demencia y enfermedades relacionadas, un hallazgo especialmente relevante en un contexto marcado por el envejecimiento de la población y el previsible aumento de los casos de alzhéimer y otras patologías neurodegenerativas.

"Nuestros resultados sugieren que la incidencia de la demencia puede modificarse mediante políticas sociales", destacaron los autores. En su opinión, se trata de una conclusión especialmente esperanzadora "ante el crecimiento previsto de estas enfermedades y los elevados costes personales, familiares y sanitarios que generan".

Los investigadores subrayaron además que existe una "gran necesidad de identificar factores capaces de prevenir o retrasar la aparición de la demencia", una de las principales causas de discapacidad y dependencia en las personas mayores.

MÁS ALLÁ DE LA GENÉTICA

Según los autores, la escolarización adicional no solo redujo el riesgo de desarrollar demencia, sino que también disminuyó el impacto de los factores hereditarios asociados a la enfermedad. "Nuestros hallazgos rechazan la percepción común de que la influencia de la genética en enfermedades como la demencia no puede modificarse mediante intervenciones ambientales", sostienen en sus conclusiones.

Hasta ahora, numerosos estudios habían señalado que los niveles educativos bajos se asociaban con un mayor riesgo de demencia. Sin embargo, en la mayoría de los casos resultaba complicado determinar si esa relación era realmente causal o estaba condicionada por factores económicos, sociales o de salud.

A juicio de los investigadores, este nuevo trabajo aporta "algunas de las evidencias más sólidas obtenidas hasta la fecha sobre una relación causal entre educación y demencia".

CÓMO PROTEGE AL CEREBRO

Los autores reconocen que todavía no se conocen por completo los mecanismos que explican este efecto protector, aunque apuntan varias hipótesis. Una de ellas es que una mayor formación suele traducirse en mejores condiciones socioeconómicas, empleos más cualificados y mayores ingresos a lo largo de la vida. Todos estos factores podrían acumular beneficios durante décadas y contribuir a proteger la salud cerebral.

Además, investigaciones previas ya habían observado que la reforma educativa británica estudiada favoreció mejoras en ámbitos como la situación laboral y económica y pudo contribuir a reducir problemas de salud asociados al riesgo de demencia, como la diabetes, la obesidad, los accidentes cerebrovasculares o algunas enfermedades cardiovasculares.

(SERVIMEDIA)
26 Oct 2026
EDU/clc