Ciencia
Las glaciaciones del Cuaternario esculpieron la diversidad de amebas ibéricas
- Un estudio dirigido por el Real Jardín Botánico refuta la clásica suposición de que los microbios están en todas partes
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La distribución de las poblaciones de organismos microscópicos está profundamente marcada por las grandes glaciaciones de los últimos dos millones de años, es decir, durante el Cuaternario.
Puede pensarse que los organismos microscópicos que viven en el suelo viajan a donde el viento los lleve, mezclándose sin barreras por continentes enteros. Un nuevo estudio llevado a cabo por investigadores del Real Jardín Botánico (RJB-CSIC) sobre un grupo de amebas con caparazón llamadas ‘Arcellinida’ cuenta una historia muy distinta.
Al estudiar la diversidad genética de estas diminutas criaturas a lo largo de la península ibérica, los investigadores descubrieron que las poblaciones de amebas en la península ibérica están ligadas a las glaciaciones del Cuaternario.
Los investigadores pusieron a prueba el paradigma del ‘legado genético del Cuaternario’ en protistas terrestres utilizando la distribución de la diversidad de las amebas testadas del orden ‘Arcellinida’ a lo largo de la península ibérica, un refugio glacial bien establecido.
“Durante aquellos periodos fríos, los grandes casquetes de hielo nunca llegaron a cubrir la península, pero el clima se volvió mucho más frío y seco. Muchas plantas y animales solo pudieron sobrevivir en rincones protegidos de clima estable y suave: los famosos refugios glaciares. Esta nueva investigación demuestra que las ‘Arcellinida’ hicieron exactamente lo mismo”, según Rubén González-Miguéns, primer autor del trabajo, publicado en ‘Molecular ecology’.
Glonzález-Miguéns, que actualmente trabaja en el Instituto de Biología Evolutiva del CSIC- Universidad Pompeu Fabra, añade: “Estudiando su ADN, hemos hallado varios linajes antiguos y bien diferenciados que sobrevivieron en estos mismos rincones, expandiéndose en las épocas más cálidas y húmedas”.
DIVERSIDAD GENÉTICA
El estudio pone de manifiesto que las grandes extensiones de la fría estepa prehistórica actuaron como muros invisibles, dividiendo las poblaciones y permitiendo que evolucionaran por caminos independientes.
Este proceso de migración de las especies no se ha detenido en la actualidad, ya que se ha observado una invasión reciente de especies de origen mediterráneo en Cantabria, interpretable como un efecto del cambio climático.
Para llevar a cabo el trabajo, según Emilio Cano, técnico en la Unidad Técnica de Apoyo a la Investigación del RJB-CSIC, se recopiló “el conjunto de datos de diversidad genética de ‘Arcellinida’ más extenso hasta la fecha”, que incluye 615 muestras procedentes de múltiples continentes y ecosistemas.
Los resultados muestran que los puntos calientes de diversidad genética intraespecífica coinciden con los refugios ibéricos conocidos para la flora y la fauna, lo que pone de manifiesto nichos climáticos específicos de cada ecorregión.
“El trabajo da la vuelta a la vieja suposición de que los microbios simplemente están en todas partes. En cambio, revela que incluso algunas de las formas de vida más pequeñas llevan en sus genes la huella de las convulsiones climáticas del pasado”, destaca Enrique Lara, el investigador del CSIC en el RJB y líder del estudio.
De este modo, la península ibérica se perfila no solo como refugio de grandes mamíferos y árboles durante las glaciaciones, sino como “un archivo oculto de diversidad microbiana”, según Lara, que concluye: “Al poner el foco en estos organismos tan olvidados, el estudio abre una nueva ventana a cómo todo el árbol de la vida, sin importar el tamaño, ha sido moldeado por el inquieto clima de la Tierra”.
(SERVIMEDIA)
03 Ago 2026
MGR/clc


