Medio ambiente
Greenpeace pide que no se olviden las zonas quemadas en 2025 y se actúe con prevención y gestión posincendios
- Vuela al ‘triángulo del fuego’ para comprobar el alto grado de severidad de los incendios y la escasa o nula regeneración natural
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La organización ambiental Greenpeace exigió este lunes que no se olviden las zonas afectadas el año pasado por los incendios forestales y se actúe en 2026 poniendo el foco en los impactos posteriores a los fuegos y en su prevención.
Greenpeace hace estas consideraciones este lunes al presentar su informe ‘Grandes incendios forestales en España: qué ocurrió en 2025 y qué debe cambiar’, tras la llegada oficial del verano y en plena primera ola de calor del año en España
La organización recuerda que 2026 ya supera la media de los últimos 10 años en superficie afectada, con nueve grandes incendios forestales. La superficie quemada casi se ha triplicado con respecto a 2025 y los grandes incendios han pasado de uno en 2025 a nueve este año.
“Los incendios de 2025 parecen algo del pasado, pero sus consecuencias siguen muy presentes. La población de las zonas afectadas aún lidia con las secuelas del fuego. Debemos exigir medidas de restauración en las zonas devastadas, visibilizar los impactos que perduran tras las llamas y reforzar la prevención para evitar que en 2026 volvamos a perder tanto porque este año pinta ya muy mal”, según Mónica Parrilla, responsable de la campaña de Incendios de Greenpeace.
AL LÍMITE
El año pasado será recordado por una intensidad sin precedentes y un comportamiento del fuego que desbordó la capacidad de respuesta. Los grandes incendios forestales se triplicaron respecto a la media y alcanzaron una capacidad destructiva cuatro veces superior.
De los 10 mayores incendios registrados en la historia de España, cinco ocurrieron en 2025. Entre el 8 de agosto y el 2 de septiembre se llegó a registrar la simultaneidad de hasta 10 grandes incendios en un mismo día, poniendo al límite la capacidad operativa de extinción.
El impacto humano, ambiental y económico fue devastador: ocho personas fallecieron, 86 resultaron heridas, más de 42.000 fueron evacuadas y otras 108.000 permanecieron confinadas.
Las emisiones alcanzaron los 19 millones de toneladas de CO2, la cifra más alta de los últimos 23 años, mientras que el fuego afectó a hábitats de especies amenazadas como el oso pardo, el urogallo y el desmán ibérico.
Solo las labores de extinción supusieron un coste estimado de entre 3.548 y 6.741 millones de euros.
VISITA
Diez meses después, Greenpeace ha vuelto de nuevo al ‘triángulo de fuego’ en León, Lugo, Zamora y Ourense para comprobar la severidad de los incendios mediante imágenes satelitales, trabajo de campo y comparaciones entre el estado previo y posterior al incendio.
De la superficie quemada en 2025, un 47% presentó una severidad alta, mientras que un 22% sufrió una severidad moderada-alta.
Otra de las realidades que se puso de manifiesto en la visita a las zonas fue la evidencia de la necesidad de protocolos de respuesta rápida tras apagarse las llamas (estabilización de la emergencia) para evaluar de forma temprana los daños, priorizar las zonas de actuación y aplicar medidas urgentes para proteger el suelo, reducir la erosión y minimizar los impactos sobre el agua y la biodiversidad.
En Galicia, las lluvias en zonas quemadas como Valdeorras o Viana han intensificado los daños por arrastres de agua y cenizas, provocando deslizamientos de tierra debido a la falta de vegetación.
“Tras un año, hemos podido comprobar el actual nivel de destrucción”, indicó Parrilla, quien añadió: “El aspecto de algunos pueblos afectados sigue siendo desolador. En numerosas zonas la severidad ha sido tan alta que ni todas las abundantes lluvias del invierno han logrado hacer brotar una sola brizna de hierba”.
Parrilla subrayó: “La ‘negrura’ del suelo erosionado llega a apreciarse hasta casi 20 centímetros por debajo de la superficie y el olor a quemado todavía persiste en algunas laderas ¡casi un año después!”.
Según Greenpeace, la experiencia del incendio de Las Médulas (León) demostró que estas actuaciones tempranas son eficaces: técnicas como el acolchado con paja agrícola (echar paja en zona quemada para evitar que haya arrastres de suelo, de cenizas) lograron reducir la erosión del suelo en un 85%, favoreciendo la recuperación del territorio.
En la mayoría de las zonas visitadas había poca presencia de diques y acolchados, y en todas ellas hubo o hay restricciones de agua potable.
(SERVIMEDIA)
22 Jun 2026
MGR/gja


