Cardiología
Los hipertensos corren mucho más riesgo de insuficiencia cardiaca si son tratados con quimioretapia basada en antraciclinas
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Un estudio del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) identificó el mecanismo por el que la hipertensión arterial aumenta de forma muy considerable el riesgo de insuficiencia cardíaca en pacientes oncológicos tratados con antraciclinas, uno de los grupos de quimioterapia más utilizados en oncología desde hace más de 30 años. Este trabajo permite identificar vulnerabilidades antes de que aparezca el daño clínico.
Un equipo del CNIC descubrió por primera vez el mecanismo biológico que explica por qué las personas con hipertensión arterial tienen un riesgo mucho mayor de sufrir daño cardíaco cuando reciben tratamiento con antraciclinas, uno de los grupos de quimioterapia más utilizados en oncología desde hace décadas.
El hallazgo abre la puerta a nuevas estrategias de prevención de daños en el corazón. La extraordinaria eficacia de esta familia de medicamentos antitumorales (actúan dañando el ADN de las células cancerosas) frente a numerosos tumores sólidos y hematológicos es la razón por la que, incluso hoy, sigan considerándose fármacos de primera línea, administrados solos o en combinación con otras terapias. Entre los cánceres en los que las antraciclinas continúan siendo la piedra angular del tratamiento se encuentran los linfomas, leucemias, sarcomas, cáncer gástrico y diversos subtipos de cáncer de mama, siempre según la información del CNIC.
Pese a su enorme valor terapéutico, las antraciclinas presentan un efecto adverso conocido: pueden causar cardiotoxicidad, un tipo de daño cardíaco que aparece en un porcentaje reducido de personas tratadas. Este daño puede progresar a insuficiencia cardíaca crónica, afectando aproximadamente al 5 % de los supervivientes de cáncer que reciben estas terapias. Esto significa que, solo en Europa, más de un millón de personas viven con insuficiencia cardíaca como consecuencia tardía de un tratamiento que, por otro lado, les resultó curativo.
Son estos datos aportados este miércoles por el CNIC, centro dependiente del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII), organismo adscrito al Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades dirigido por el doctor Valentín Fuster, en base al estudio 'Anthracycline cardiotoxicity: role of metabolic vulnerability induced by cardiac pressure overload', publicado en la revista 'European Heart Journal'. Los investigadores demostraron que "la hipertensión genera una vulnerabilidad metabólica silenciosa en el corazón que permanece compensada mientras no existe un estrés añadido". Sin embargo, "esta fragilidad se desestabiliza cuando se administran antraciclinas, lo que incrementa de forma notable la probabilidad de desarrollar insuficiencia cardíaca".
Estudios previos ya habían demostrado que el riesgo de cardiotoxicidad es mayor en personas con enfermedades cardiovasculares previas, como diabetes, obesidad o hipercolesterolemia, pero la hipertensión arterial es el factor que de forma más consistente se asocia a este incremento del riesgo. "Sabíamos que la hipertensión aumentaba claramente el riesgo, pero no entendíamos por qué", explicó el director científico del CNIC e investigador principal del estudio, Borja Ibáñez, quien añadió que "esa falta de conocimiento impedía desarrollar estrategias específicas de prevención".
El trabajo se realizó en un modelo experimental altamente similar al humano. Los investigadores reprodujeron "una situación de sobrecarga de presión crónica en el corazón, equivalente a la hipertensión arterial, antes de administrar antraciclinas en dosis comparables a las utilizadas en la práctica clínica". Los resultados mostraron que "la combinación de ambos factores provoca con mucha mayor frecuencia insuficiencia cardíaca, mayor mortalidad y peor evolución general que la exposición a antraciclinas en ausencia de hipertensión".
Según el primer autor del estudio, Carlos Galán-Arriola, la clave está en una "tormenta perfecta". "Ni la hipertensión ni las antraciclinas causan por sí solas un daño severo, pero juntas revelan una fragilidad energética previa del corazón. La hipertensión reduce la capacidad del músculo cardíaco para adaptarse a las demandas metabólicas y limita su reserva energética. Cuando las antraciclinas dañan la mitocondria, esa compensación se rompe y se precipita el fallo cardíaco", detalló
POSIBLE ESTRATEGIA PREVENTIVA
En una fase final del estudio, el equipo exploró una posible estrategia preventiva. En experimentos realizados en laboratorio, el fármaco 'mavacamten', utilizado en la miocardiopatía hipertrófica, "logró prevenir el daño cardíaco inducido por antraciclinas en condiciones de sobrecarga de presión". "Si estos resultados se confirman en estudios clínicos, podríamos estar ante la primera terapia orientada específicamente a prevenir esta complicación grave en personas con hipertensión", señaló Ibáñez.
El trabajo tiene implicaciones directas para la cardio-oncología y la cardiología preventiva, al permitir identificar vulnerabilidades antes de que aparezca el daño clínico. En el estudio se han utilizado técnicas avanzadas de imagen y análisis molecular con un alto potencial de transferencia a la práctica clínica.
El director general del CNIC, Valentín Fuster, destacó una de las claves del estudio: "Este trabajo representa un avance fundamental; identificar vulnerabilidad antes del daño clínico es el tipo de medicina anticipativa hacia la que debemos movernos. La prevención personalizada basada en mecanismos es el futuro de la cardiología moderna”. La investigación contó con financiación de la Comisión Europea, el Ministerio de Ciencia e Innovación, la Fundación “la Caixa” y la Comunidad de Madrid.

(SERVIMEDIA)
14 Ene 2026
EDU/gja


