Cultura
Historiadores, filólogos e investigadores celebran el IV Centenario de la publicación de 'El Buscón'
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Historiadores, filólogos e investigadores participaron el fin de semana en las jornadas organizadas por el Ayuntamiento de Torre de Juan Abad (Ciudad Real), en colaboración con la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, con motivo del IV Centenario de la publicación de 'Historia de la vida del Buscón, llamado Don Pablos, ejemplo de vagabundos y espejo de tacaños' (Zaragoza,1626), la novela picaresca de Francisco de Quevedo, que fue señor de la localidad ciudadrealeña y que sigue rodeada de sugerentes incógnitas, a pesar del destacado lugar que ocupa en la historia de la literatura española y universal.
Las jornadas fueron coordinadas por el investigador torreño y miembro del Instituto de Estudios Manchegos José María Lozano Cabezuelo, máxima autoridad sobre la estancia del escritor en la localidad, de la que fue señor –con más de 250 artículos publicados– y del fundador de la plataforma Campo de Montiel Histórico-Origen del Quijote y miembro del Centro de Estudios del Campo de Montiel, Federico Fernández Andrés.
A la inauguración, celebrada el sábado, asistieron la alcaldesa de la Torre de Juan Abad, María del Señor Fresneda Guerra, y la viceconsejera de Cultura y Deportes de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, Carmen Teresa Olmedo Pedroche.
La conferencia inaugural corrió a cargo del catedrático de Lengua y Literatura española de la Universidad de Navarra, Ignacio Arellano Ayuso.
En su ponencia, titulada 'El Buscón don Pablos, un mentiroso incompetente', el especialista del Siglo de Oro, comentó que todo 'El Buscón' es una especie de manual de engaños y de trampas: empezando por el protagonista, don Pablos, que miente, finge, se disfraza, adopta lenguajes y comportamientos falsificadores, y siguiendo por todos los demás, desde su padres (ladrón y alcahueta hechicera), y todos los personajes que encuentra en su camino (falsos ermitaños, soldados fingidos, caballeros chanflones, hipócritas de toda laya...), sin dejar aparte alguno como don Diego Coronel, que parece a primera vista ser el único noble, pero que se mueve en un entorno de mentirosos y pícaros que hacen muy sospechosa su figura. Para el hispanista Arellano, don Pablos va sobreviviendo por medio de un ingenio corrompido que, sin embargo, nunca le permitirá lograr sus fines, pues don Francisco de Quevedo, que lo maneja con sus hilos crueles, desenmascara constantemente sus trapazas, convirtiéndolo en un mentiroso fracasado, en justa retribución de sus malas costumbres y multiplicadas engañifas.
LOS MISTERIOS
Después, el periodista, filólogo y profesor de la Universidad Carlos III de Madrid, David Felipe Arranz, intervino con la ponencia 'Los misterios de El Buscón', en la que, tras hacer una recopilación y puesta al día del estado de la cuestión de los estudios 'quevedianos' con respecto a la fecha de su génesis, las motivaciones y el objetivo de su escritura, mencionó trabajos de importantes hispanistas, como Karl Vossler, Leo Spitzer, Alexander Parker, Maxime Chevalier, Fernando Lázaro Carreter, Domingo Ynduráin o Jenaro Talens, entre otros, planteó varios enigmas en torno a la novela. “Quevedo nunca admitió abiertamente su responsabilidad sobre la creación de 'El Buscón'”, comentó Arranz, antes de preguntarse por los motivos de su escritura, vinculada a cenáculos literarios y áulicos, para deleite de cortesanos o cenacular, como aseguraba Philippe Berger ya en 1973, ya que los Quevedo eran funcionarios de palacio.
“No sabemos cuándo la escribió, aunque sí podemos acotar entre 1604 y 1614, con una segunda redacción o revisión este último año, como apuntan Lázaro Carreter o Fernando Cabo Aseguinolaza”, explicó Arranz. ¿Fue el propio Quevedo quien impulsó la edición impresa de su obra, veinte años después?, se preguntó. Lo que está claro para Arranz es que 'El Buscón' comenzó siendo un juguete de ingenio ante un círculo de amigos del joven Quevedo y se convirtió en una obra impresa que se escapó del control de su autor y pasó al canon universal, tras las más de veinte ediciones en el siglo XVII y su salto a la traducción al francés (1633), al italiano (1634), al holandés (1642) y al inglés (1657).
LA COCINA
El domingo, las jornadas continuaron con un tema que suscitó el mayor interés: 'La comida del Buscón'. Una ponencia a cargo del poeta e investigador José María Cortés Saavedra, quien comentó cómo Quevedo en su novela convierte la cocina en uno de los escenarios más elocuentes de la miseria humana y de la crítica social del Siglo de Oro.
Lejos de ser un espacio doméstico acogedor, la cocina se transforma en símbolo de la escasez, de la hipocresía y del ingenio satírico del autor, indicó Cortés Saavedra. El pasaje más célebre es, sin duda, la estancia de Pablos en la casa del dómine Cabra, en Segovia. Quevedo describe con detalle hiperrealista y casi naturalista una olla donde “no se cocía más que el agua”, unas migajas de pan, un poco de tocino “que parecía de otro tiempo”, legumbres que ya no sabían a nada y una sopa tan clara que “se veía el fondo del plato”. Más adelante, cuando Pablos se mueve por Madrid y otros escenarios, la cocina reaparece de forma distinta. Ya no es solo el lugar de la carencia, sino también el laboratorio del ingenio. Los pícaros manipulan restos de comida, inventan trucos para conseguir un plato caliente o para aparentar. Así, la cocina se convierte en escenario de la “industria” picaresca: el arte de sobrevivir con casi nada.
La reunión concluyó el domingo con la proyección en el patio de la Casa Museo de la película 'El Buscó'n (1979) de Luciano Berriatúa, protagonizada por Ana Belén, Francisco Algora y Juan Diego, y el concierto de campanas 'Los sagrados bronces', a cargo de los campaneros Álvaro Romera Sotillo y Carlos Jiménez Jiménez.
(SERVIMEDIA)
03 Ago 2026
s/mag


