Neuroprótesis
Un implante en la médula espinal ayuda a recuperar movimiento en brazos paralizados tras un ictus
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Un implante colocado en la médula espinal cervical, la zona del cuello que participa en el control de brazos y manos, logró mejorar la fuerza, la movilidad y la rigidez muscular en personas con parálisis crónica del brazo tras un ictus.
La investigación, liderada por científicos de la Facultad de Medicina de la Universidad de Pittsburgh (EEUU), abre "una vía prometedora" para pacientes que, años después del accidente cerebrovascular, conservan "muy limitada la capacidad de mover la mano o el brazo afectado", según los neurólogos participantes en el estudio.
El ensayo clínico piloto, publicado en la revista 'Nature Medicine', probó la estimulación eléctrica epidural de la médula espinal en siete personas con hemiparesia crónica tras un ictus. Los participantes tenían déficits motores profundos y recibieron dos electrodos implantados de forma unilateral en la médula cervical durante cuatro semanas. El objetivo no era sustituir al cerebro ni “mover” artificialmente el brazo, sino amplificar las señales nerviosas residuales que todavía sobreviven entre el cerebro, la médula y los músculos.
La idea "es tan sencilla de explicar como potente", según los investigadores: después de un ictus, muchas conexiones nerviosas no desaparecen por completo, pero quedan debilitadas. El implante actúa como una especie de “altavoz” del sistema nervioso. Al enviar pequeños pulsos eléctricos a las fibras sensoriales de la médula espinal, "facilita que esas señales deterioradas vuelvan a traducirse en movimiento útil".
Los resultados fueron "especialmente llamativos porque los pacientes no estaban en una fase inicial de recuperación, sino en una etapa crónica". Con la estimulación encendida, la función motora "mejoró de forma inmediata", con un aumento medio del 32% en la fuerza del brazo y una mejora de 5,6 puntos en la escala Fugl-Meyer, una herramienta empleada para medir la recuperación motora tras un ictus. Además, todos los participantes "redujeron la espasticidad, esa rigidez muscular que impide abrir la mano, extender el brazo o realizar gestos cotidianos", según detalla el 'paper'.
Los investigadores también observaron que tres de los siete pacientes, aquellos que conservaban cierta conectividad corticoespinal hacia los músculos de los dedos, mejoraron el movimiento de la mano y de los dedos con la estimulación. Este detalle es relevante porque la recuperación fina de la mano suele ser una de las secuelas más difíciles de abordar tras un ictus.
El trabajo fue dirigido por un equipo de la Universidad de Pittsburgh en colaboración con otros centros estadounidenses, entre ellos Carnegie Mellon University, Columbia University, el Veterans Affairs Pittsburgh Healthcare System y Johns Hopkins University. Entre los autores principales figuran Roberto M. de Freitas, Shovan Bhatia, Erynn Sorensen, Douglas J. Weber y Marco Capogrosso, este último codirector sénior del estudio y responsable del laboratorio de estimulación medular en los Rehab Neural Engineering Labs de Pittsburgh.
ACTIVAR CONEXIONES RESIDUALES
Marco Capogrosso explicó que la tecnología está pensada para ayudar a las personas a mover mejor el brazo “incluso años después de un ictus”. La clave, según el investigador, es que al estimular la médula espinal se consigue que las conexiones residuales entre el cerebro y la médula funcionen con mayor eficacia, lo que permite producir movimientos más precisos y con más fuerza.
El ensayo incluyó menos de nueve horas de entrenamiento basado en movimiento a lo largo de cuatro semanas, una dosis muy baja en comparación con algunos programas intensivos de rehabilitación. Aun así, los participantes mejoraron una media de 6,6 puntos en la escala Fugl-Meyer al final del estudio respecto al inicio, y la reducción de la espasticidad se observó en todos ellos.
La investigación tiene además un componente práctico importante: la estimulación medular no es una tecnología completamente experimental desde cero. Dispositivos similares se utilizan desde hace décadas para tratar el dolor crónico. Lo novedoso aquí es aplicar esa familia de implantes a la recuperación funcional del brazo y la mano tras un ictus.
Aun así, los propios autores piden cautela. Se trata de un ensayo pequeño, diseñado para comprobar seguridad, viabilidad y primeras señales de eficacia. No se registraron acontecimientos adversos graves, pero todavía hacen falta estudios más amplios para saber qué pacientes pueden beneficiarse más, cuánto duran los efectos y cómo debe combinarse esta técnica con fisioterapia.
De momento, el hallazgo apunta más a una neuroprótesis asistiva (que significa dispositivo de asistencia motora) que a una cura definitiva. Es decir, el brazo funciona mejor sobre todo cuando el dispositivo está encendido, de forma parecida a como un audífono mejora la audición mientras se usa. El gran reto ahora "será comprobar si una estimulación más prolongada, combinada con rehabilitación física, puede transformar ese beneficio inmediato en una recuperación más duradera", según se detalló en el ensayo.
La relevancia clínica es evidente. El ictus es una de las principales causas de discapacidad en adultos y la recuperación del brazo y la mano sigue siendo una de las grandes necesidades no cubiertas de la neurorrehabilitación. Para muchas personas, una pequeña mejora puede marcar una diferencia enorme: abrir la mano, abotonarse una camisa, sujetar una taza o recuperar parte de la autonomía perdida, según las conclusiones del trabajo: "El hallazgo es potente porque muestra mejoras con muy pocas horas de ejercicio activo y en pacientes con secuelas crónicas, un grupo que suele tener pocas opciones de recuperación funcional".
(SERVIMEDIA)
11 Jun 2026
EDU/clc
