Visita papa
León XIV reivindica en Canarias la “solidaridad cristiana”: “La unión con Cristo es unión con todos los demás a los que él se entrega”
- Da “pautas de navegación” a los religiosos canarios para “ayudar” a los “crucificados por los dramas de la vida”
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León XIV reivindicó este jueves en Canarias la “solidaridad cristiana”, porque “la unión con Cristo es al mismo tiempo unión con todos los demás a los que él se entrega”, al tiempo que ofreció “pautas de navegación” a los religiosos canarios para “ayudar” a “llevar las cargas” de los “crucificados por los dramas de la vida”.
Así lo demandó el Pontífice en su discurso durante el encuentro que mantuvo con los obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos, seminaristas y agentes de Pastoral Catedral de Santa Ana de Las Palmas de Gran Canaria, donde fue recibido por cientos de fieles a la entrada al templo al grito de ‘esta es la juventud del Papa’ y ‘papa León, te queremos un montón’, al igual que durante su trayecto en papamóvil por las calles de la ciudad.
Ya en el interior, volvió a sonar ‘Alzo la mirada’ mientras él se dirigía al atrio de la catedral, para, a continuación, saludar al Cabildo Catedralicio y dirigirse al lugar preparado con un reclinatorio para adorar el Santísimo Sacramento en la entrada de la capilla del Sagrario.
En su discurso, León XIV reconoció que era “una gran alegría” para él poder compartir este encuentro y les agradeció la “cálida bienvenida”, su presencia “afable” y los testimonios que pudo escuchar a lo largo del encuentro, que, a su juicio, son el “reflejo” de una Iglesia “viva, en cuyo corazón resuenan los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren”.
“Vengo a estas islas como padre y hermano en la fe: con ustedes soy cristiano y para ustedes, obispo”, apostilló, al tiempo que indicó que cada sacerdote, incluido él, ha “recibido diversos dones y ministerios para la edificación del cuerpo de Cristo”.
“Esta es la llamada del Señor que hoy vibra nuevamente en nuestros corazones y confirma nuestra vocación y misión: construir juntos la Iglesia cimentados en Cristo, la piedra angular, edificar en el bien, armonizar nuestras diferencias y trabajar unidos en favor de todos”, recordó a los religiosos.
REFLEXIÓN
En este contexto, les urgió a “reflexionar juntos” sobre las actitudes de vida cristiana para ser “arquitectos sabios en la construcción de la civilización del amor” e hizo referencia a Canarias como “Pueblo de Dios que peregrina en tierras rodeadas por el Atlántico”, consciente de que “el mar a veces puede ser también sinónimo de distancia y de separación, de desafío y de camino por recorrer.
Tras recordar las palabras de san Agustín sobre la patria y el mar, se mostró convencido de que “nadie es capaz de pasar el mar de este mundo si no lo lleva la cruz de Cristo”. “Esta es la primera actitud que nos orienta para navegar en las aguas de la vida y llegar al destino, a la patria celestial: abrazar la cruz de Cristo”, prosiguió, al tiempo que hizo un símil entre los canarios y los santos, que “experimentaron la nostalgia de Dios y, al tener que afrontar las tempestades de la existencia, supieron llevar a Jesús en sus barcas, confiaron en Él, abrazaron la cruz y calmaron así las olas de la incertidumbre y el temor”.
En este punto, puso como “ejemplo de ello en estas benditas tierras, entre tantos otros”, al “venerable” Antonio Vicente González, sacerdote diocesano, también conocido como “el buen pastor canario”.
A su entender, “su vida, transfigurada por la gracia divina, nos estimula a cargar la cruz de Cristo y a seguirlo, siendo testigos fieles del Evangelio en este nuevo tiempo de la historia, no exento de turbulencias y contradicciones, para llegar así a la meta prometida”.
PAUTAS DE NAVEGACIÓN
“La primera pauta de navegación, por tanto, es abrazar la cruz de Cristo; y ustedes lo hacen cotidianamente, por ejemplo, como cireneos, acompañando y ayudando a llevar las cargas de tantos hermanos y hermanas crucificados por los dramas de la vida”, aseveró ante los religiosos, ara agradecerles su “generosa labor de caridad y misericordia”.
En paralelo, destacó la actitud de cultivar una espiritualidad eucarística, lo cual, dijo, “tiene relación” con una antigua tradición que se conserva en esta “hermosa catedral”, como es la lluvia de pétalos de flores ante el Santísimo Sacramento que se realiza el día de la Ascensión, “como signo de los bienes espirituales y celestiales que derrama el Señor al subir al cielo”.
“Ese gesto de devoción de tantas generaciones a lo largo del tiempo posee un significado profundo: en nuestro peregrinar, la meta es el encuentro con Cristo; que es el centro de la vida cristiana, hacia quien se inclinan nuestras rodillas en adoración, en torno a quien nos reunimos formando un solo cuerpo y junto a quien nos ofrecemos como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios”, celebró.
A continuación, hizo referencia al Concilio para subrayar cómo los fieles, a través del “sacrificio eucarístico muestran de un modo concreto la unidad del Pueblo de Dios”, sabedor de que cultivar una espiritualidad eucarística “es ahondar en una espiritualidad de la unidad eclesial en el amor”
SOLIDARIDAD CRISTIANA
“Una forma concreta para manifestar esta espiritualidad de comunión es la solidaridad cristiana, porque la unión con Cristo es al mismo tiempo unión con todos los demás a los que él se entrega”, sentenció, animando a los religiosos a “seguir ofreciendo a todos el amor que han recibido del Señor”.
En esta línea, indicó que el “amor se hace alimento en la acogida, en la escucha, en la cercanía y en el cuidado de los más frágiles” y les instó a “seguir adelante fuertemente arraigados en Él, para seguir navegando con valentía en este nuevo tiempo de la historia” y concluyó con el deseo de que la Virgen María "nos oriente en nuestra travesía, nos ayude a remar mar adentro y así lleguemos al puerto seguro del encuentro definitivo con su Hijo Jesucristo”.
Después de sus palabras, el pontífice introdujo el Padre Nuestro e impartió su bendición, además de protagonizar un besamanos con diez personas, mientras sonaba el Laudate Dominum y sonó la Marcha Pontificia, mientras el Santo Padre salía de la catedral para dirigirse a pie hasta la entrada de la Plaza de Santa Ana, desde donde, tras saludar de cerca a los presentes y detenerse con muchos de ellos, se trasladó al Palacio Episcopal para su almuerzo y descanso personal.
El acto, que concluyó en torno a las 16.00 horas, incluyó la lectura de la Carta del apóstol San Pablo a los Efesios, los testimonios de un misionero claretiano y de la secretaria general de Pastoral y vicecanciller de la diócesis de Canarias, Enélida Hernández, así como el Canto Ubi Caritas y fue introducido por el obispo José Mazuelos, quien, en sus palabras de bienvenida, definió a Canarias como una “encrucijada de caminos entre Europa, África y América” y una tierra, al igual que su iglesia, “abierta, acogedora y acostumbrada al encuentro entre culturas” e hizo hincapié en que, ante el “drama migratorio” que “toca de manera especial” sus costas, la iglesia “intenta mantenerse cercana”.
Durante el acto, el papa también fue obsequiado con su árbol genealógico, con la “esperanza” de que tenga “origen canario”, así como con los estatutos del cabildo catedral, la bula papal y la medalla de oro de la catedral.
(SERVIMEDIA)
11 Jun 2026
MJR/clc


