Obesidad

Más del 60% de los niños y adolescentes con obesidad tienen problemas para sentarse y levantarse

MADRID
SERVIMEDIA

Más del 60% de los niños y adolescentes con obesidad tienen dificultad para sentarse y levantarse, según revelaron dos estudios desarrollados en el servicio de Medicina Física y Rehabilitación conjuntamente con la Unidad de Tratamiento Integral de la Obesidad Pediátrica (UTIO-P) del Hospital Universitario Vall d’Hebron de Barcelona.

Según informó este martes la Sociedad Española de Rehabilitación y Medicina Física (Sermef), la obesidad infantil no debe entenderse únicamente como un problema de peso. De hecho, los estudios evidenciaron que los niños y adolescentes con obesidad pueden presentar alteraciones metabólicas y funcionales precoces, aunque parezcan clínicamente estables.

Además, el 66,3% mostró una capacidad funcional reducida en la prueba de sentarse y levantarse, una acción cotidiana que permite detectar limitaciones que no siempre se aprecian en una valoración clínica convencional.

Estos datos fueron presentados por la doctora Inmaculada Donat y el doctor Percy Daminani, médicos del Hospital Universitario Vall d’Hebron y miembros de la Sermef, durante el congreso de la sociedad científica celebrado en en Barcelona.

Ante las vacaciones de verano, estos profesionales recomendaron a niños y adolescentes que incorporen el movimiento a la vida diaria y establecer rutinas de ejercicio que puedan mantenerse durante el resto del año. “Caminar, jugar al aire libre o practicar actividades adaptadas a la edad y a la capacidad funcional de cada menor puede ayudar a reducir el sedentarismo y favorecer hábitos saludables”, afirmaron los expertos.

CARGA DE ENFERMEDAD

La primera comunicación, presentada por la doctora Inmaculada Donat en la mesa de obesidad del congreso, analizó el perfil clínico, corporal y funcional de 126 niños y adolescentes con obesidad derivados al servicio de Rehabilitación.

“Los resultados pusieron de manifiesto la elevada carga de enfermedad asociada a esta condición incluso en edades tempranas. En concreto, el 67,5% de los pacientes ya presenta comorbilidad metabólica, es decir, presencia de otros problemas de salud asociados a la obesidad, como alteraciones del hígado, la tensión arterial o resistencia a la insulina”, subrayó la especialista.

Además, añadió, “existe un claro predominio del sedentarismo. Más de la mitad de los pacientes no realiza ejercicio físico regular, un factor que contribuye a mantener el riesgo cardiometabólico y que desempeña un papel determinante en el desarrollo y mantenimiento de la enfermedad”.

COMPOSICIÓN CORPORAL

Desde el punto de vista de la composición corporal, la especialista destacó que el análisis mediante DEXA (prueba de imagen que mide la composición corporal, es decir, cuánta grasa, músculo y masa ósea tiene una persona) “mostró un porcentaje elevado de grasa corporal, alrededor del 42%, y, especialmente, un predominio de la grasa de distribución troncular, un patrón estrechamente relacionado con mayor riesgo cardiovascular”.

La segunda comunicación, presentada por el doctor Percy Daminani en la mesa de comunicaciones médicas, abordó la capacidad de intervenir sobre este deterioro funcional. El trabajo de la UTIO-P del Hospital Universitario Vall d’Hebron desarrolló un modelo multidisciplinar que integra Endocrinología, Nutrición, Psicología y Rehabilitación, con especial énfasis en la valoración funcional y en la prescripción de ejercicio como herramienta terapéutica.

El programa presentado combina entrenamiento de fuerza, resistencia aeróbica y ejercicios de movilidad durante un periodo estructurado, con sesiones presenciales y telerehabilitación. Los resultados mostraron mejoras significativas en la fuerza muscular, la capacidad funcional y la velocidad de la marcha tras completar el programa.

PRUEBAS DE FUERZA

En este contexto, el doctor Daminani señaló que “estas mejoras son especialmente evidentes en pruebas dinámicas como la fuerza de prensión manual y el propio test de sentarse y levantarse”.

En cambio, continuó, “en otras medidas globales los cambios son más discretos, probablemente porque la función basal ya se encuentra relativamente conservada. Es decir, aunque los pacientes pueden parecer funcionalmente estables en una valoración general, las pruebas más específicas permiten detectar limitaciones y también comprobar la respuesta al tratamiento”.

Por todo ello, los dos especialistas indicaron que “la obesidad infantil debe entenderse como una alteración funcional en fases tempranas que puede detectarse y tratarse a tiempo. La combinación de una valoración más completa y programas de ejercicio adaptados permite actuar en una fase clave de la enfermedad y cambiar su evolución a largo plazo, desde un abordaje multidisciplinar orientado a mejorar la capacidad funcional y la calidad de vida de los pacientes”.

(SERVIMEDIA)
14 Jul 2026
ABG/gja