Cáncer

La nutrición personalizada tiene futuro en oncología, pero los expertos desmontan el mito de la ‘dieta anticáncer’

Madrid
SERVIMEDIA

El Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) comunicó este miércoles que la nutrición personalizada tiene futuro como complemento de los tratamientos contra el cáncer, aunque los expertos internacionales reunidos recientemente en este centro desmontaron el mito de la llamada “dieta anticáncer”. Sostienen que la alimentación podrá ayudar en los próximos años a potenciar determinadas terapias, pero adviertieron de que ningún tumor podrá curarse solo modificando la dieta.

El investigador turco especializado en metabolismo celular y cáncer Kivanç Birsoy, de la Universidad Rockefeller (Estados Unidos) investiga cómo las células cancerosas modifican su metabolismo y dependen de determinados nutrientes para crecer, sobrevivir y metastatizar. “Nunca vas a poder curar un cáncer solo con dieta”, afirmó en el encuentro celebrado en el CNIO, que reunió en Madrid a unos 150 investigadores de Europa y Estados Unidos. Su posición fue compartida por los asistentes a este congreso internacional, el ‘CNIO-CaixaResearch Frontier Meeting.Metabolism and Cancer: Insights from Obesity and Beyond’.

Birsoy dirige el Laboratory of Metabolic Regulation and Genetics, que estudia cómo las rutas metabólicas regulan procesos biológicos y contribuyen a enfermedades como el cáncer, los trastornos mitocondriales y los errores congénitos del metabolismo. Cree sin embargo que en cinco o diez años "la alimentación podrá complementar tratamientos oncológicos". Este doctor, que investiga qué nutrientes necesitan las células cancerosas para crecer, sobrevivir o metastatizar, y si esa dependencia puede convertirse en una vulnerabilidad terapéutica, resumió el reto con una pregunta: “¿Qué dieta para qué cáncer?”

Según explicó, su grupo investiga la dependencia que tienen las células cancerosas de aminoácidos específicos y lípidos. Señaló que, al inicio de su carrera, comprendió que si se lograba averiguar qué nutrientes necesitan las células tumorales y cómo los obtienen, tal vez sería posible “cortarles el suministro”. No obstante, advirtió de que se trata de un área joven que todavía no ha llegado a la práctica clínica. “Faltan entre cinco y diez años para que la dieta pueda complementar el tratamiento del cáncer, pero llegaremos”, afirmó. A su juicio, ya existen tecnologías para conectar la genética de cada paciente con nutrientes y tipos de cáncer concretos, pero todavía hacen falta más investigación básica y ensayos clínicos.

El encuentro analizó la relación entre metabolismo, obesidad y cáncer, un campo en expansión que trata de entender cómo influyen los nutrientes, la actividad física, el sistema inmunitario y el tejido adiposo en el desarrollo de tumores y en la respuesta a los tratamientos. El punto de partida es que la obesidad "se asocia con un mayor riesgo de desarrollar 13 tipos de cáncer y con más posibilidad de metástasis, aunque los mecanismos moleculares que explican esta relación aún no se conocen bien".

Los expertos coincidieron en que la “dieta anticáncer” no existe, pero también en que la nutrición tiene una relación cada vez más clara con la enfermedad. El objetivo científico ahora es saber qué nutrientes intervienen en cada tipo de tumor, cómo interactúan con la genética de cada paciente y "de qué manera podrían utilizarse para acompañar tratamientos oncológicos de forma segura y basada en evidencia".

NUTRICIÓN Y CÁNCER

El CNIO destacó que la genómica, la proteómica y la metabolómica, junto con la computación y la inteligencia artificial, están permitiendo estudiar como nunca antes la relación entre nutrición y cáncer. Estas tecnologías generan grandes volúmenes de datos que "pueden ayudar a identificar patrones entre genes, nutrientes, metabolismo tumoral y respuesta terapéutica".

La dieta, según los participantes, podría actuar en el futuro como un complemento médico. Nutrientes específicos podrían potenciar un determinado tratamiento o reducir sus efectos secundarios.

La investigadora del del Rutgers Cancer Institute (EEUU), Eileen White, lo expresó como una forma de “devolver el poder al paciente”. En ese escenario, "las personas con cáncer podrían participar de manera más activa en su tratamiento mediante hábitos prescritos médicamente", siempre bajo control clínico y no como "alternativa a la terapia oncológica".

El científico del CNIO Alejo Efeyan, coorganizador del congreso, subrayó que este campo está cambiando el enfoque de la investigación: “Nos hemos dado cuenta de que las células de cáncer no están aisladas, interactúan activamente con el cuerpo”. "Ahora hay mucha actividad en áreas a las que antes se prestaba menos atención, como la dieta, el metabolismo, el ejercicio y los puntos de conexión entre la célula tumoral y el resto del organismo", añadió.

CÓMO 'HABLA' EL TUMOR

Efeyan explicó que aprender a controlar cómo “habla” el tumor con el cuerpo podría abrir nuevas vías terapéuticas y "ampliar, por ejemplo, la efectividad de la inmunoterapia". A su juicio, si la revolución de la inmunoterapia se basa en la conversación del cáncer con el sistema inmunitario, "explorar otras conversaciones entre el tumor y el organismo puede ayudar a encontrar nuevas maneras de atacar la célula cancerosa".

El investigador del CNIO Nabil Djouder, también coorganizador del encuentro, puso el foco en la obesidad. Aunque su relación con el cáncer y otras enfermedades es cada vez más clara, advirtió de que "sigue siendo una relación incomprendida en muchos aspectos". “No todas las personas con obesidad tienen más riesgo de cáncer”, señaló, y añadió que hay personas con un alto índice de masa corporal que no presentan las patologías asociadas habitualmente a la obesidad.

La investigadora del CNIO y coorganizadora del congreso Guadalupe Sabio incidió en que el peso corporal no es el único factor relevante. “No es solo la cantidad de lo que se come, también la calidad”, afirmó. Sabio recordó que “no todas las grasas tienen el mismo efecto” y que el impacto de la obesidad sobre la salud puede ser distinto en personas con el mismo peso pero con dietas diferentes.

Su investigación ha contribuido a entender que el tejido adiposo no es solo un depósito de grasa, sino también un órgano endocrino e inflamatorio capaz de influir en las células tumorales y del sistema inmunitario. Según Sabio, estos estudios "podrían ayudar a identificar biomarcadores de riesgo y estrategias preventivas en pacientes con obesidad".

(SERVIMEDIA)
03 Jun 2026
EDU/clc