Antropología

Obtienen pruebas del uso oportunista del fuego por el homo erectus casi un millón de años antes de lo que se pensaba

Madrid
SERVIMEDIA

Un estudio del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) ha obtenido nuevas pruebas del uso oportunista del fuego por parte del homo erectus casi un millón de años antes de lo que se pensaba. El trabajo, publicado en la revista 'Plos One', revela que poblaciones que ocuparon una cueva en Sudáfrica introducían, transportaban y mantenían fuego en su interior hace entre 1,07 y 1,79 millones de años.

Una metodología no invasiva comunicada este lunes y desarrollada por el MNCN en colaboración con la Universidad de Toronto permite identificar restos quemados y demuestra que los homínidos "introducían, transportaban y mantenían fuego" en la cueva de Wonderwerk. Los autores consideran que se trata del "registro de fuego asociado al género Homo más antiguo que se conoce".

Hasta ahora, el estudio del estrato 10 de este yacimiento sudafricano situaba la utilización del fuego hace aproximadamente un millón de años. Sin embargo, el nuevo análisis del estrato 11 adelanta esa cronología y apunta a que los homínidos ya manipulaban el fuego durante el Pleistoceno temprano. La clave del hallazgo está en una nueva metodología no invasiva basada en luminiscencia, que "permite identificar el efecto del fuego en restos de micromamíferos hallados en la cueva".

Según explicó la investigadora del MNCN Yolanda Fernández-Jalvo, el fuego “no fue un fenómeno puntual”, ya que aparece en distintos niveles estratigráficos separados por decenas de miles de años. A su juicio, este patrón refuerza la idea de que aquellos grupos "ya sabían transportar y mantener el fuego en espacios protegidos, aunque no hay evidencias de que supieran producirlo".

El estudio demuestra que el fuego fue introducido de manera intencionada en el interior de la cueva, a unos 30 metros de la entrada, lo que permite descartar que los restos quemados sean consecuencia de incendios naturales. La investigación se basó en el análisis de huesos de micromamíferos presentes en egagrópilas, es decir, bolas compactas con restos de alimentos no digeridos que son regurgitadas por rapaces. La presencia de estas aves en la cueva de Wonderwerk está documentada desde hace casi dos millones de años y, de hecho, todavía hoy ocupan este espacio.

UNA ALFOMRA DE PELOS COMBUSTIBLE

Los investigadores plantean en sus conclusiones que el suelo de la cueva debía de estar cubierto por estos restos de huesos y pelo, que pudieron actuar como una especie de 'alfombra” combustible'. De este modo, el homo erectus habría entrado en la cueva con ramas ardiendo procedentes de incendios naturales y las habría depositado sobre ese material, lo que permitió mantener el fuego durante un tiempo.

“Se trata de un fuego muy sutil que hemos identificado en los huesos de micromamíferos”, señaló Fernández-Jalvo. En los niveles analizados, el equipo detectó evidencias claras de combustión, especialmente en el estrato más antiguo, datado entre 1,07 y 1,79 millones de años. En determinadas áreas, el 100% de los fósiles analizados mostraron señales inequívocas de haber sido expuestos a altas temperaturas.

El investigador de la Universidad de Toronto Michael Chazan explicó que este contexto “elimina la ambigüedad” que a veces presentan los restos de huesos que han servido como alimento y apunta a un uso oportunista del fuego, probablemente traído desde el exterior y mantenido dentro de la cueva hasta su extinción.

HUESOS LUMINISCENTES

Además de su valor arqueológico, el trabajo introduce un nuevo protocolo no invasivo basado en las propiedades de luminiscencia de los huesos quemados. Esta técnica ha sido validada mediante su comparación con la espectroscopía infrarroja por transformada de Fourier, conocida como FTIR, una herramienta ampliamente utilizada en arqueología.

Fernández-Jalvo subrayó que esta metodología permite distinguir fósiles quemados de otros que han sufrido alteraciones químicas durante la fosilización, como la fluoridación o los depósitos de manganeso, que pueden imitar visualmente los efectos del fuego. “Hemos mejorado la resolución con la que podemos identificar fósiles quemados en contextos muy antiguos”, afirmó.

La primera autora del artículo, Marin-Monfort, destacó que se trata de una técnica “rápida, no destructiva y fácilmente aplicable a grandes conjuntos de restos”. Además, señaló que este protocolo de luminiscencia, portátil y de bajo coste, puede utilizarse directamente en excavaciones de campo y abre la posibilidad de revisar antiguos yacimientos.

INNOVACIÓN Y EVOLUCIÓN HUMANA

El uso y posterior control del fuego está considerado una de las innovaciones más decisivas de la evolución humana, porque proporcionó luz, calor y protección frente a depredadores, además de favorecer nuevas formas de interacción social y de transformación del entorno. Sin embargo, el estudio precisa que en Wonderwerk todavía no se ha encontrado evidencia de que los homininos supieran producir fuego ni tampoco de que cocinaran alimentos.

La codirectora del proyecto de Wonderwerk, Liora K. Horwitz, concluyó que estos hallazgos empujan hacia atrás la cronología del fuego asociado a los homininos y aportan una base metodológica sólida para futuras investigaciones sobre los orígenes de una de las prácticas más relevantes en la historia evolutiva del género Homo.

(SERVIMEDIA)
01 Jun 2026
EDU/clc