Vulcanología
La Palma podrá predecir futuras crisis volcánicas tras el análisis de la erupción del Tajogaite
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Un trabajo publicado en 'Frontiers in Earth Science' reconstruye la dinámica magmática previa y simultánea a la erupción de 2021 en la isla de La Palma (Canarias) mediante datos petrológicos, geoquímicos y geofísicos, y permitirá mejorar la predicción de futuras crisis volcánicas.
La erupción de Tajogaite en la zona de Cumbre Vieja se ha convertido en un caso de estudio clave para mejorar la predicción de futuras crisis volcánicas en Canarias. Un artículo científico sostiene que la recolección y análisis de datos realizada permitirá descifrar con mayor precisión cómo se reactivó el sistema magmático antes de la erupción de 2021 y cómo evolucionó durante el episodio eruptivo.
El estudio está firmado por H. Albert, Torres-González, Lamolda, Villasante-Marcos y Luengo-Oroz, entre otros investigadores vinculados a la Universidad de Barcelona (UB), el Instituto Geográfico Nacional (IGN), la Universidad Complutense de Madrid (UCM), la Universidad de Uppsala y la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.
El trabajo analiza conjuntamente la composición química de roca total y minerales, la cronología de difusión en cristales de olivino, la geoquímica de gases, los datos GNSS, la interferometría radar InSAR, la sismicidad y la altura de la columna eruptiva. La combinación de todas estas fuentes permitió a los investigadores "reconstruir las condiciones de almacenamiento del magma, los procesos de recarga magmática y la evolución temporal del sistema de alimentación de la erupción".
REACTIVACIÓN DEL SISTEMA
Una de las principales conclusiones es que Tajogaite no fue el resultado de un único episodio repentino de ascenso magmático, sino de una historia en varias fases. Según el estudio, el sistema habría experimentado al menos tres intrusiones preeruptivas: una entre 2017 y 2018, otra en 2020 y una tercera en las semanas inmediatamente anteriores al inicio de la erupción, en septiembre de 2021. Estas intrusiones habrían contribuido a reactivar progresivamente el sistema volcánico de Cumbre Vieja.
La cronología de difusión en cristales de olivino permitió estimar que la erupción de 2021 fue desencadenada por una intrusión tardía registrada a comienzos de septiembre, con tiempos de ascenso del magma de entre 10 y 30 días. Esta técnica funciona, en términos sencillos, como "una especie de reloj mineral: los cristales conservan huellas químicas de los procesos que han vivido dentro del magma y permiten calcular cuándo se produjeron determinadas recargas o movimientos en profundidad".
El artículo también apunta que los primeros magmas emitidos durante la erupción eran más evolucionados y contenían cristales de olivino con zonación oscilatoria, un rasgo que los autores interpretan como "señal de apertura del conducto y ascenso rápido del magma". Durante la segunda mitad de la erupción, en cambio, el sistema "habría evolucionado hacia un régimen distinto, marcado por la formación de una zona de acumulación magmática parcialmente cristalizada", conocida como 'crystal mush'.
Ese 'crystal mush' puede entenderse como una mezcla de cristales y fundido magmático que no necesariamente asciende de inmediato hasta la superficie, pero que puede almacenar magma en la corteza y condicionar la dinámica eruptiva posterior. Según el trabajo, esta fase quedó reflejada en tiempos de residencia más prolongados de los cristales de olivino y en un desfase característico de unos cinco días entre los picos de deformación del terreno y los máximos de altura de la columna eruptiva durante la segunda parte de la erupción.
Para los autores, ese desfase es relevante porque sugiere episodios de acumulación, presurización y posterior expulsión del magma. Es decir, la deformación del terreno no habría tenido una respuesta inmediata en superficie, sino que algunos cambios internos del sistema se tradujeron días después en variaciones de la dinámica eruptiva.
VIGILANCIA VOLCÁNICA
Esta conclusión resulta especialmente útil para la vigilancia volcánica, porque muestra que no basta con medir cada parámetro por separado: "hay que interpretar la relación temporal entre sismicidad, deformación, gases y características del magma emitido".
El estudio también señala que, después de finales de noviembre de 2021, descendieron las concentraciones de elementos máficos y dejaron de recuperarse nuevas escalas temporales de difusión en olivino, lo que los autores interpretaron como "una transición hacia magmas más evolucionados y el cese de nuevos aportes profundos de magma".
La importancia del trabajo no reside en que apunte a una novedad inmediata en el comportamiento actual de La Palma, sino en que ofrece herramientas para comprender mejor futuras fases de reactivación volcánica. Su conclusión principal es que la vigilancia de campos volcánicos monogenéticos, como Cumbre Vieja, debe apoyarse en "una lectura integrada de la petrología, la geoquímica y la geofísica".
AÑOS ANTES DE LA ERUPCIÓN
En la práctica, el volcán Tajogaite demuestra que "una crisis volcánica puede empezar a gestarse años antes de la erupción mediante pequeñas intrusiones, cambios en la desgasificación, enjambres sísmicos y deformaciones que, analizados de forma aislada, pueden resultar difíciles de interpretar". La integración de todas esas señales permite reconstruir con más precisión "cuándo se recarga el sistema, cómo asciende el magma, si se detiene temporalmente en la corteza y qué cambios pueden anticipar modificaciones en el estilo eruptivo".
El artículo refuerza así el papel de La Palma como laboratorio natural para la vulcanología. Tras la erupción de 2021, la isla no solo mantiene una vigilancia post-eruptiva por parámetros como las emisiones de gases, sino que "aporta una base científica de primer orden para mejorar la anticipación de futuras crisis volcánicas en Canarias y en otros campos monogenéticos del mundo".
(SERVIMEDIA)
16 Jun 2026
EDU/gja


